Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Hipólito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Hipólito. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de julio de 2017

Teatro: LA MENTIRA


Florian Zeller es un joven (38 años) autor francés, que junto a Yasmina Reza son los dramaturgos más representados fuera de su pais. Autor de más de una decena de obras de teatro y varias novelas, fue dado a conocer en España con el montaje de La verdad, que llevó a cabo José María Flotats en 2012. También conocemos El padre, que se representó el año pasado en el Bellas Artes con Hector Alterio.

De sus obras de Zeller se ha dicho que suelen tener un tono cómico que no renuncia a momentos más tensos que encuentran su distensión en un arranque de humor. Muchos de sus textos han sido calificados de "neovodeviles" que hablan fundamentalmente del juego amoroso, de la dificultad de relacionarse, tanto en pareja como con los amigos, de las múltiples caras de la soledad. Lo importante en sus obras no es la historia que se plantea inicialmente sino las consecuencias y cómo influyen en las relaciones humanas. 



Alicia sorprende al marido de su mejor amiga con otra mujer. Esa misma noche van a cenar con la pareja. ¿Debe contarlo? Su propio marido insiste con vehemencia en que no lo haga. ¿Por qué? ¿Tiene él algo que ocultar? 

En su obra La verdad a la que me he referido anteriormente, Zeller nos presentaba a un marido engañador y, a su vez engañado, en un juego sobre la verdad y la mentira en las relaciones de un hombre con su mujer y su amante. En La mentira vuelve sobre el tema tratando de darle un enfoque diferente pero que no deja de ser variaciones sobre un mismo tema. Una obra hábilmente construida, dirigida e interpretada pero que no pasa de ser una comedia de bulevar, de enredo, donde las relaciones entre los miembros de dos parejas se tuercen y retuercen de forma bastante previsible, con el añadido de un epílogo final, totalmente innecesario en mi opinión, que pone de manifiesto la trampa del planteamiento dramático, ya que de haberse desarrollado esa escena en su totalidad en el momento temporal que le corresponde, todo lo que hemos visto perdería razón de ser. Y el juego del vodevil, de seguir existiendo, sería otro.

Claudio Tolcachir le da a la puesta en escena un desarrollo muy ágil, con mucho ritmo, apoyada en una notable interpretación, en especial de la pareja Natalia Millán y Carlos Hipólito. Un pero, Hipólito se muestra en algunos momentos excesivamente amanerado. Es cierto que su personaje parece en muchos momentos un tanto pusilánime, dominado por la personalidad de su mujer, pero creo que se ha pasado un poco. Les acompañan con corrección Mapi Sagaseta y Armando del Rio en unos papeles sin mucho recorrido.

Una obra menor, agradable, que plantea una situación interesante aunque no muy original. Sigue sin convencerme este autor después de haber visto tres obras suyas.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Cine: 1898.LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS


El año 1898 representó el fin del Imperio español. Tras la guerra contra EEUU, la firma del Tratado de París supuso la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Mientras tanto, en Filipinas, las tropas españolas luchaban contra los insurrectos filipinos. En este contexto histórico se sitúa el asedio y resistencia de un grupo de soldados españoles en la pequeña aldea costera de Baler, en la isla filipina de Luzón, que es lo que relata esta película.


Ya en 1945 se había tratado este suceso en otra película, Los últimos de Filipinas, dirigida por Antonio Román. Si la he visto, que creo que sí en la tele, no tengo ningún recuerdo de ella.






Bajo el mando del capitán Enrique de las Morenas (Eduard Fernández) y el teniente Martín Cerezo (Luis Tosar), medio centenar de combatientes sufren un asedio y se ven obligados a refugiarse en la iglesia del pueblo. Uno de ellos, un joven extremeño (Alvaro Cervantes), aspirante a pintor, nos narra la historia.

Durante casi un año, este puñado de militares se mantuvieron sitiados y sin rendirse, con el convencimiento de que la guerra de Filipinas aún no había acabado. Pese a los numerosos avisos por parte del gobierno español y de los propios habitantes de la isla, los soldados permanecieron inamovibles, ante la incredulidad sobre la cesión del imperio a Estados Unidos. 

Con una producción muy cuidada, una notable fotografía y un puñado de buenos actores, la película nos narra desde una óptica muy poco heroica y más bien desencantada el asedio que sufrió un destacamento del ejercito español en Filipinas. Un guion bien presentado y no tan bien desarrollado, con unos personajes diseñados para representar distintas actitudes ante los sucesos que narra y, en general, sobre la postura patriótica y el desencanto del fin de un imperio. El militar íntegro pero obcecado en el cumplimiento del deber, el oficial pragmático, el suboficial resentido, el médico que se debate en la duda, el cura con una vela a Dios y otra al diablo, la tropa inexperta, temerosa... todos ellos tienen un lugar demasiado predeterminado en el retrato de ese conjunto de hombres más superados por las circunstancias que por el enemigo.
Personajes servidos por Luis Tosar, Eduard Fernández, Javier Gutiérrez, Carlos Hipólito y Karra Elejalde con su eficacia habitual y un puñado de jóvenes intérpretes encabezado por Álvaro Cervantes, el Carlos V de TV, que no desentonan junto a los veteranos.


Esta producción, en la que se nota que ha contado con un buen presupuesto, está dirigida por un ya veterano realizador curtido en series de TV, Salvador Calvo, del que actualmente están en emisión Lo que escondían sus ojos y El padre de Cain.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Teatro: El crédito, de Jordi Galcerán, en el Teatro Maravillas


Jordi Galcerán es el afortunado autor de varios de los éxitos de los últimos años. Desde "El método Gronhölm en 2003 ha encadenado obras muy comerciales con notable éxito de público. Las últimas, Fuga y sobre todo, Burundanga, que lleva más de un año en cartel en Madrid.
Esta temporada ha estrenado, en Madrid y Barcelona, El crédito. Creo que la palabra que mejor define esta obra es eficacia. Eficacia en construir una obra bien escrita que consigue su objetivo, entretener al público, utilizando todos los recursos a su alcance. Planteamiento sorprendente, buenos diálogos, agilidad, giros inesperados ... y si se apoya en buenos intérpretes, éxito asegurado. 
En el caso del montaje de Madrid, la interpretación de Carlos Hipólito (para mi uno de los mejores actores españoles) y Luis Merlo es muy buena, bien dirigidos por Gerardo Vera. En Barcelona la interpretan Jordi Bosch (habitual en teatros madrileños) y Jordi Boixaderas )de quien recuerdo "Muerte de un viajante", de Arthur Miller en el Español hace dos o tres años) con montaje de Sergi Belbel, otro nombre ilustre.
Digo esto para poner de manifiesto la importancia del autor en el panorama teatral español. 


El crédito fue inicialmente una obra corta ganadora de un concurso de teatro breve en Cataluña para el Festival de Otoño en 2011.  Su duración no podía superar los 40 minutos, los textos no podían tener ni requerir necesidades técnicas,  tenían que estar pensados para dos intérpretes y su trama debía suponer el acontecimiento más importante para la vida de uno de ellos. Posteriormente Galcerán ha alargado la obra para darle una duración más estandar (no llega a la hora y media). Y yo creo que se nota para mal, ya que las diferentes situaciones se alargan demasiado. 

La trama es conocida:  Ante la negativa del director de una sucursal bancaria de concederle un crédito a un individuo con el único aval de su palabra, este amenaza con hacer algo que no voy a contar para no chafar la obra, pero que el autor lleva hasta el límite. El teatro de Galcerán me recuerda el de David Mamet. Situaciones iniciales normales que evolucionan mediante giros inesperados. Concretamente y a pesar de que el tema no tiene nada que ver, a mi me recordó Oleanna, presentada hace un par de temporadas en la sala pequeña del Español con Irene Escolar y José Coronado. Como ella se desarrolla en tres tiempos y en cada uno de ellos vemos como la situación ha evolucionado de una manera inesperada y dramática para uno de ellos.

Resumiendo. La obra vale la pena. El público la disfruta y se ríe mucho. Y es mucho mejor que Burundanga, que como ya sabéis algunos,  a mi no me gustó nada.

Solo me queda desear que el autor se plantee otro tipo de teatro, no tan encaminado a hacer reír, aunque me temo que, vistos los resultados, siga explotando el filón de la comedia.

Recordaros que el próximo dia 25 de enero se representa en el Teatro Mira Conversaciones con mamá, de Santiago Carlos Oves, en versión de Jordi Galceran, con dirección de Juan Echanove que la interpreta junto con María Galiana... Y quedan pocas entradas