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lunes, 19 de marzo de 2018

cine: LA TRIBU


Hace un par de años, en uno de los talent shows más exitosos de la televisión, Got talent, un grupo de señoras que se hacían llamar ‘Las mamis de Badalona’ salieron al escenario y dejaron a todos boquiabiertos con sus pasos de ‘baile urbano’. Eran mujeres del barrio, mujeres trabajadoras (enfermeras, limpiadoras, taxistas) que utilizaban el baile como una forma de terapia y relación. Algunas habían conocido la escuela por que llevaban a sus hijos por las tardes y se quedaban esperando, otras por su propia intuición. Y todas coincidían en la importancia que en sus vidas había supuesto el poder transformador del baile, aquel momento mágico que por nada del mundo dejarían de lado.



A partir de esa actuación, los guionistas Yolanda García Serrano y Joaquin Oristrell y el director Fernando Colomo  crearon una historia. Y esa historia es esta película.  




Virginia (Carmen Machi), limpiadora de profesión y ‘streetdancer’ vocacional, trata de recuperar al hijo que dio en adopción: Fidel (Paco León), un ejecutivo que lo ha perdido todo, incluida la memoria. Junto a ‘Las Mamis’, el grupo de baile que forman las compañeras de Virginia, madre e hijo descubrirán que a pesar de venir de mundos muy diferentes, ambos llevan el ritmo en la sangre.



Fernando Colomo vuelve a demostrar su capacidad como director, algo que ha hecho en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera desde aquellos Tigres de papel, que abrieron el camino de lo que se llamó "nueva comedia madrileña" a la que se sumaron Fernando Trueba y algunos otros directores.



Aquí desarrolla una comedia amable y reivindicativa en una línea de cine social que el cine inglés ha desarrollado con títulos como Full monty, película con la que La tribu tiene algún punto de contacto. Y se apoya, fundamentalmente, en sus dos protagonistas, Carmen Machi, que vuelve a demostrar su eficacia en los papeles de comedia y nos descubre sus dotes para la danza y Paco León que nos ofrece también algún momento para recordar. Bien acompañados por una serie de secundarios de lo más variada.



Una película muy entretenida, agradable con su pequeño punto social.






lunes, 27 de marzo de 2017

Cine: EL BAR


Sobre Alex de la Iglesia he hablado ya en este blog con ocasión del estreno de Mi gran noche, su penúltima película. Le considero uno de los directores españoles más imaginativos y con mayor capacidad visual, pero también destaco su facilidad para llevar hacia el desmadre y el caos las historias que cuenta, muchas veces con un tratamiento de comedia, o más bien esperpento, para temas nada cómicos. La que ahora nos llega, El bar, responde a esas características, aunque hay que decir también que en esta ocasión el carácter de comedia de las anteriores casi ha desaparecido.


 En un café del centro de Madrid, un grupo heterogéneo de personas desayuna tranquilamente. Un desconocido entra y se encierra en el baño entre el desinterés general… hasta que uno de los clientes se marcha del local y, en el momento en que pone un pie en la calle, recibe un disparo en la cabeza. Otro cliente que trata de ayudarle, recibe otro disparo. Nadie más se atreve a salir. Están atrapados. Todos tratan de encontrar una explicación al hecho de que nadie en el exterior acuda a socorrer a los caídos. A partir de ese momento las especulaciones se desatan, pero pronto una idea parece abrirse paso con fuerza: ¿y si los disparos tratan de evitar que alguien salga del local y ponga en peligro a los que están fuera? ¿Se ha decidido su sacrificio para evitar un mal mayor causado por la enfermedad de un desconocido?

La idea de un grupo de personas encerradas en un lugar, sin poder salir ni comunicarse con el exterior, no es especialmente original. Ya el Decamerón de Boccacio partía de un grupo confinado para evitar el contagio de la peste. El ángel exterminador, de Buñuel, Diez negritos de Agatha Christie o la reciente Los odiosos 8 de Tarantino, por citar solo unos pocos ejemplos, se basan en ese tipo de situaciones. La posible originalidad de El bar reside en que la acción se sitúa en un bar en pleno centro de Madrid (la plaza de los Mostenses) a plena luz del día y en la época actual.  

Un tema interesante que, sin embargo, no ha conseguido transmitirme. Tras una primera parte bien llevada, planteada como una intriga, ¿que es lo que ocurre para que un francotirador con sus disparos impida salir del bar?; en el momento en que la situación se transforma en una lucha por la supervivencia, empiezo a no creerme a los personajes.  Dice Alex de la Iglesia, el director y coguionista de la película, "Una vez superada la prueba de la realidad, una vez que encuentran las respuestas a la situación que les oprime, deben salir de ese segundo encierro, el más preocupante, el verdaderamente angustioso. Siguen encerrados en un nivel más profundo. Han llegado por fin a las alcantarillas del problema. Es la soberbia, la codicia, el secreto deseo de querer ser inmortales, lo que finalmente les destruye. Luchan contra ellos mismos, porque ellos son el problema." Y aunque entendemos que la evolución de sus personajes, sus reacciones, puede responder a su diseño, ser perfectamente lógicas, no me convencen, no me gusta la forma en que me lo transmite. Los enfrentamientos entre ellos me parece que responden más a la idea de los guionistas que al desarrollo de sus caracteres. Todo me parece un tanto forzado, lo que, por otra parte, me suele pasar en las películas de este director. Algunas situaciones se alargan y se repiten (el paso por el sumidero),como también el desenlace en las alcantarillas. 

La película es interesante, con un buen diseño de producción y una dirección y utilización de la cámara en unos espacios muy reducidos, muy notable. Los actores, Blanca Suarez, Carmen Machi, Terele Pavez, Mario Casas, Secun de la Rosa, Jaime Ordoñez... casi todos habituales del director, dan el tipo, quizá en algunos de ellos demasiado (Terele Pávez hace de... Terele Pavez).  Pero como suele ser habitual en este director, se produce una sensación de desmesura y aunque se pueda compartir su visión muy negativa de la humanidad, reforzada en la secuencia final, rodada en la Gran vía con cámara oculta, me dejó un regusto a película fallida.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cine: LAS FURIAS


Se esperaba con cierta expectación el debut cinematográfico de Miguel del Arco, director y autor-adaptador teatral al que me he referido en varias ocasiones. Las furias es un guión propio, producido entre otros por Kamikaze producciones, la compañía responsable de las producciones teatrales que ha dirigido y que se ha hecho cargo del Teatro Pavón.

Segun la mitología griega las erinias (furias es su apelativo romano) son la personificación de la venganza y del antiguo concepto del castigo. Su misión era castigar los crímenes humanos. Nacieron del esperma y la sangre que cayeron sobre Gea cuando Crono castró a Urano. 
Eran tres: Alecto, Tisífone y Megara. Moraban en las tinieblas infernales y se las representaba como demonios femeninos alados, el pelo lleno de serpientes y con un puñal en una mano y una antorcha o un látigo en la otra. Comparadas a menudo con perras, persiguen sin descanso a sus víctimas hasta volverlas locas. Cuidan de que se prolongue el orden religioso y cívico, castigando con especial atención el asesinato y los crímenes contra la familia. El culpable, exiliado, errará perseguido por ellas hasta que purifique su crimen.

 Se las llamaba a veces Euménides, para halagarlas y no provocar su cólera. Los romanos las identificarían más tarde con las Furias. Están presentes en numerosas tragedias griegas; incluso es el título de la última de las obras que componen La Orestiada, de Esquilo. 





La película nos muestra la relación entre los miembros de la familia Ponte Alegre (un nombre bastante irónico), que resulta bastante conflictiva. El padre, actor enfermo, tan sólo es capaz de recordar los monólogos de las tragedias de Shakespeare. Marga, la madre, separada, tiene una amante mucho mas joven. La hija, Casandra, con el marido en paro, convive con el padre y una hija con problemas psicológicos. De los dos hijos, Héctor tiene pareja y el otro, Aquiles, aparentemente, está escribiendo la historia de la familia, retirado en un caserón familiar en la costa. Tras un breve prólogo, en el que un veterano actor le cuenta a su nieta el significado de la figura mitológica de las Furias: “Cuando alguien hace algo contra la familia, se introducen en su mente como un veneno. Por eso hay que tener mucho cuidado con lo que uno hace con los suyos. Nunca sale gratis”, el conflicto se abre cuando la madre anuncia a sus hijos que está decidida a vender el caserón  donde veraneaban y que ha servido de paraíso familiar durante generaciones. Antes de vender, les anima a que se reúnan en la casa un fin de semana y elijan cuanto antes  los muebles y objetos que quieran conservar. El hermano mayor,  decide aprovechar la reunión para celebrar en familia la boda con su novia, con quien lleva conviviendo bastantes años. 

A partir del mito de las Furias, Del Arco construye el conflicto familiar. La historia me dio la sensación de un coctel en el que estaba el mito griego, Agosto, la obra de Tracy Letts, Felices 140 y El desencanto. Un conjunto que, aunque consigue interesar, no termina de llegar a buen puerto por exceso. Un exceso que en su parte final queda, en mi opinión, tan descontrolado que puede hacer olvidar muchos momentos interesantes anteriores. 

La gran baza de la película son sus intérpretes. Empezando por dos veteranos como José Sacristán y Mercedes Sampietro, que están tan bien como acostumbran. Destacan también, especialmente, Carmen Machi y Gonzalo de Castro (esta vez sí me gustó). Alberto San Juan dota a su personaje de humor e ironía. Completan el reparto Pere Arquillué, Emma Suárez, Bárbara Lennie, Macarena Sanz y, en un papel casi episódico, Elizabet Gelabert. Muchos de ellos participantes habituales en los montajes teatrales del director. 

Debut no del todo satisfactorio de un director que se ha mostrado mucho más atractivo en sus adaptaciones y puestas en escena de textos ya existentes (Veraneantes, La función por hacer, Misántropo, Hamlet, Antígona...) que cuando ha creado textos propios. Recuerdo negativo de una obra suya, Deseo, presentada en 2013. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Cine: LA PUERTA ABIERTA



La puerta abierta es la primera película dirigida por Marina Sereseski, una actriz argentina a la que pudimos ver en el montaje de Agosto en el Centro dramático nacional en la temporada 2011-2012. Era Johnna, la nativa americana contratada como empleada de hogar. Tras dirigir un par de cortos es ahora responsable de esta película de cuyo guión es también autora. 

Precisamente fue en el tiempo de representación de Agosto cuando nació este proyecto junto con Carmen Machi y Amparo Baró. Esta última iba a actuar en la película pero su enfermedad se lo impidió lo que dio lugar a la incorporación de Terele Pávez.

Cabe destacar que obtuvo el premio a la mejor película y el mejor guión en el festival de Alicante, pero ayer estuve indagando en internet y vi que en España se celebran al menos 31 festivales de cine, con lo que hablar de premios empieza a ser algo que no aporta gran cosa.




Rosa (Carmen Machi) es prostituta, heredó el oficio de Antonia (Terele Pávez), su madre, quien ahora parece creerse Sara Montiel y convierte su vida cotidiana en un infierno. Viven en una corrala. En la misma planta vive una prostituta rusa con una hija, otra, sudamericana, con un niño, un travesti y una especie de portera casada con un cliente de Rosa.

Rosa no sabe ser feliz. No puede. Pero la llegada inesperada de un nuevo integrante a su particular familia le dará una oportunidad única para lograrlo.

Con una trama propia de Almodovar y una estructura claramente teatral, La puerta abierta se apoya fundamentalmente en sus dos actrices principales para construir una historia un tanto forzada dramáticamente pero que da lugar a una película más que aceptable. Si aceptamos que, tal como parece indicarnos la canción de Sara Montiel con la que se abre y cierra la película, se trata de una fantasía y cerramos los ojos a la lógica, podemos recrearnos en la interpretación de Carmen Machi y Terele Pávez, sin olvidar a Asier Etxeandía en su papel de travesti. 

Un producto notable donde destaca la cuidada producción además de la interpretación.

lunes, 18 de abril de 2016

Teatro: JUICIO A UNA ZORRA


Estrenado en el festival de Mérida y en noviembre de 2011 en La abadía, este monólogo lleva ya mas de cuatro años representándose por toda España e incluso en el pasado otoño por Mexico, Uruguay y Argentina. No tuve oportunidad de verlo en ninguna de las dos temporadas en que estuvo en La abadía y ha sido ahora, cuando ha llegado al teatro Mira en Pozuelo, que por fin lo he hecho. Por cierto que esta representación no ha estado exenta de polémica, tras unas declaraciones en el diario El mundo del autor y director Miguel del Arco en que denunciaba la supuesta censura de la obra por parte del Ayuntamiento de Pozuelo. Finalmente, haya sido cierta o no esa censura, la obra se ha representado y con un teatro lleno de un público que aplaudió con entusiasmo.

  
La obra es una revisión del personaje de Helena y la guerra de Troya, contada por ella frente a nosotros en un hipotético juicio. Un repaso a su historia, un texto por el que aparecen muchos de los personajes que hemos conocido a través de la épica y las tragedias clásicas. Teseo, Menelao, Agamenón, Ulises, Aquiles, Paris, Hécuba, Ifigenia... Una guerra que define en dos frases:  "Había que arrasar una ciudad entera y aniquilar a toda su población para encontrarme: una noble y humanitaria afición que no se ha perdido con el transcurrir de los siglos".  

Aunque, como ya he dicho en varias ocasiones, no soy partidario de los monólogos, creo que en esta ocasión se han combinado un texto inteligente, documentado y cuidado con una intensa interpretación de Carmen Machi para dar lugar a una representación que merece verse. Una Carmen Machi que confirma las buenas impresiones producidas en obras tan dispares como la Antigona que pudimos ver el año pasado en La abadía y Agosto, hace ya unos años en el Valle Inclán. Y que me hizo venir a la memoria otro montaje de Miguel del Arco, La violación de Lucrecia, con Nuria Espert, otra interesante aproximación a los clásicos. 

Y destacar, una vez más, la línea de programación teatral del Mira que en estos meses nos ha seguido presentando una serie de obras interesantes. Ojala que el Patronato de cultura tuviera el mismo nivel en el resto de actividades.


lunes, 1 de junio de 2015

Teatro: ANTÍGONA



Miguel del Arco ha firmado en los últimos años algunas de las puestas en escena mas atractivas de la cartelera teatral madrileña. Podemos recordar La función por hacer, Veraneantes y El misántropo con su compañía Kamikaze producciones pero también De ratones y hombres, El inspector y el que, para mí, ha sido su único desliz, Deseo, de la que era autor. Además de su calidad hay que destacar también su éxito de público.

Ahora nos presenta, dentro del proyecto denominado Teatro de la ciudad, junto a otros dos de los nombres más destacados de los directores actuales, Andres Lima y Alfredo Sanzol, su versión de Antígona, la tragedia de Sófocles. Lo primero que tengo que decir es que me pareció un espectáculo extraordinario. Me gustó mucho. 

La adaptación del texto consigue hacerlo cercano e inteligible. Los diferentes conflictos nos llegan con un lenguaje claro sin que tengamos en ningún momento sensación de traición al original, que por otra parte está convenientemente reducido y simplificado. La interpretación muy buena,  con muchos de los habituales del director, con mención destacada para Manuela Paso (Antígona), con un leve exceso de grito en algún momento, Carmen Machi (Creonte) espléndida, en lo mejor que le he visto, y Raúl Prieto (Hemón). Y la puesta en escena (escenografía, iluminación, vestuario, sonido) espectacular. (Con alguna salvedad, como esas máscaras de luchador en un momento determinado).


Aunque muchos la estuvimos viendo el viernes, recordar que la obra se centra en Antígona, una de los cuatro hijos de Edipo y Yocasta. Los dos hijos varones, Polinices y Etéocles pese a haber pactado que reinarían en alternacia, uno cada año, se enfrentan en una batalla en la que ambos mueren. Creonte, su tio, hermano de Yocasta se hace con el poder y determina que Polinices no sea enterrado pues es considerado traidor al reino. Cuando Antígona desobedece esta orden es apresada y condenada a muerte por Creonte. Su hermana Ismene, que inicialmente acepta la determinación de su tío, cambia de opinión a la vista de la condena, mientras el hijo de Creonte, Hemón, prometido de Antígona, suplica por su vida. Tan solo la amenaza que el adivino Tiresias  le vaticina, le hace cambiar de opinión, pero demasiado tarde. Y la profecía se cumple.

A partir del conflicto inicial, la prohibición de dar sepultura a Polinices, surge el tema fundamental, la defensa de las leyes naturales o morales frente al cumplimiento de las leyes de las polis. Un tema muy válido en la actualidad, lo que además es subrayado por Del Arco en su adaptación. Sófocles hace una llamada a la moderación, a la reflexión y a la inteligencia, virtudes que ni Creonte ni Antígona son capaces de aplicar. Como en un momento dice el coro, la sensatez es la primera condición de la felicidad.


Mención especial merece la idea de cambiar el sexo de Creonte. En mi opinión, el hecho de que Creonte sea mujer, no altera en absoluto el conflicto inicial, si bien intensifica el emocional entre Creonte y su hijo, especialmente en la desgarradora escena final. Una buena idea de la adaptación que además nos permite contemplar a la mejor Carmen Machi.

domingo, 23 de marzo de 2014

Cine: Ocho apellidos vascos



Ocho apellidos vascos es la historia de un sevillano que se enamora de una vasca. O al menos eso dice su protagonista, Dani Rovira. Y realmente es así. Con un esquema clásico de comedia. Un chico y una chica que no tienen nada en común se encuentran una noche. La relación podría quedar ahí, pero el chico decide ir en busca de la chica, lo que le hará introducirse en un entorno poco favorable. Y aunque la chica no parece estar interesada en la relación, la insistencia del chico acabará por vencer su resistencia hasta llegar a un final ¿feliz?. Películas con este esquema hemos visto cantidad.



La originalidad de esta es que el chico es andaluz ( de Sevilla y del Betis) y la chica de Euskadi y su relación estará marcada por todos los tópicos adjudicados a las dos nacionalidades. Este juego de tópicos podía haber sido tratado de muchas maneras y la que han escogido los autores de la película me parece poco afortunada. Quitando algunos, pocos, momentos, la película ni me ha parecido graciosa ni me ha parecido que sirva para superar esos tópicos, que desgraciadamente, siguen dominando las relaciones entre las comunidades. No obstante, debo ser de los pocos que tengo esta opinión ya que Ocho apellidos vascos ha sido la triunfadora de taquilla en los últimos dias y eso que estrenaban simultaneamente la oscarizada Dallas buyers club.

El director es Emilio Martínez Lázaro. Tiene varias comedias interesantes como El otro lado de la cama o Los peores años de nuestra vida y algún drama destacado como Las trece rosas. Los guionistas pertenecieron al equipo  de un programa de la televisión vasca, Vaya semanita, que fue un éxito debido al tratamiento desenfadado e insolente de sus temas sociales y políticos, en muchos casos tabúes en Euskadi.

Lo más destacado de la película es un actor, Karra Elejalde, que hace de padre de la chica. Junto a él no desentonan Carmen Machi y el protagonista, Dani Rovira. Clara Lago, Amaya, la chica, se muestra muy limitada en su papel. A destacar la presencia como secundarios de dos actores andaluces Alfonso Sanchez y Alberto López,  que protagonizaron el éxito underground de 2012, El mundo es nuestro

En resumen, me parece una comedia muy desaprovechada, al contrario de la sorpresa, agradable, que me supuso Tres bodas de más, otra comedia española reciente, de la que no esperaba gran cosa y me divirtió bastante.