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jueves, 13 de diciembre de 2018

Teatro: EL CASTIGO SIN VENGANZA




La Compañía nacional de teatro clásico presenta en el Teatro de la Comedia, El castigo sin venganza, una de las ultimas obras de Lope de Vega. Una obra que el propio autor define como "una tragedia al estilo español", y que podríamos considerar emparentada con el teatro de Shakespeare. En el análisis de la obra incluido en los cuadernos pedagógicos de la compañia, se señala: "Sus personajes principales son de elevada condición social, posee carácter histórico (la historia -ficticia- está basada en la descomposición real del histórico ducado de Ferrara), la "caída" del duque, desencadenada por sus fallas y defectos, personales y políticos, se produce justo en su plenitud militar y personal, transcurre en una corte, y la desolación y la muerte, que se presienten desde el principio, son las grandes invitadas. Y es española porque refleja la visión española durante el Barroco, dominada por un arraigado sentimiento del honor. Algo asociado a la limpieza de sangre y a las virtudes que un hombre debía poseer, y que se manifestaba en la honra o estima que el individuo merecía de los demás.  Y era obligatorio lavar el deshonorY es española también porque, además de los temas del amor y del honor como fuerzas terribles, se reconocen en ella la presencia de los elementos propios de la comedia barroca: el gracioso, la criada  y las acciones paralelas. Además de la variedad del verso y la presencia de elementos líricos.




El duque de Ferrara (Joaquín Notario), después de llevar una vida disoluta y llena de abusos, pretende tapar su pasado ante el pueblo al unirse en matrimonio con Casandra (Beatriz Argüello), lo que, además, le proporciona una alianza política y estratégica con Mantua. Pero lo que no espera el Duque es que su reciente esposa y su  hijo bastardo, El conde Federico (Rafa Castejón), se enamoren perdidamente y consumen su relación. Cuando ésta es descubierta por el Duque, decide acabar con la vida de los dos, pero para ello tendrá que ocultar su deshonor provocando otra razón para llevar a cabo el castigo.

No me parece que esta sea de las más atractivas obras de Lope. La última parte, la del castigo, me parece que se resuelve de manera precipitada. No obstante, en ella podemos encontrarla calidad habitual de su verso, con momentos líricos que llegar a emocionar, como los soliloquios de los tres personajes principales. Todo ello en versión de Alvaro Tato, habitual de la Compañia. 

Lo más destacado de la representación, para mi gusto, es la puesta en escena, con una inteligente utilización de los medios de que dispone el teatro. Una escenografía austera, un tanto abstracta y oscura que crea un espacio más psicológico que físico, aliviada en algunos momentos por la iluminación y, sobre todo, por un enorme espejo que nos muestra la unión incestuosa. Y un vestuario un tanto anacrónico, de principios del siglo XX pero con una luminosidad muy notable en el personaje de Casandra. También es anacrónico el mobiliario y ahí, sinceramente, creo que no han acertado.  

Entre los intérpretes destaca, a mi parecer, Beatriz Argüello como Casandra. La recuerdo como una Brígida muy poco convencional en el Tenorio que dirigió Blanca Portillo. Joaquín Notario es el Duque. No es su mejor papel. Y Federico es Rafa Castejón, correcto. El resto del reparto contribuye a la eficacia de la representación.

Parece que este es el último montaje de Helena Pimenta como responsable de la CNTC. Ha conseguido una representación interesante con un excelente ritmo.

lunes, 19 de octubre de 2015

Teatro: EL ALCALDE DE ZALAMEA


Después de más de trece años, la Compañía Nacional de Teatro Clásico vuelve a su sede original, el Teatro de la Comedia. Han sido trece años de exilio en el Teatro Pavón de la calle Embajadores y esta temporada, en la que se cumplen 30 años desde la fundación de la Compañía, una vez terminada la rehabilitación del teatro, en  la quese han recuperado espacios y creado nuevos equipamientos: un gran aljibe para el sistema de extinción de incendios, elevación del escenario para instalar el peine * y el contrapeine *, una plataforma para ampliar el proscenio, y una nueva sala, situada en la quinta planta, para representaciones y ensayos, por fin se procede al  regreso. Y su directora, Helena Pimenta ha elegido para la ocasión la obra de Calderón de la Barca, El alcalde de Zalamea, en una versión que dirige ella misma y para la que ha contado con uno de los más prestigiosos actores actuales, Carmelo Gómez.


* Peine: Parrilla transitable donde se sitúan elementos tales como poleas de tiros manuales, bancadas de desembarco para éstos, motores puntuales, etc.









Contrapeine: Conjunto de perfiles metálicos situados en la parte más alta de la caja escénica (por encima del peine), para soportar las cargas más pesadas como cortes contrapesados, motores, etc













No voy a comentar la obra porque todo el mundo la conoce y es un clásico que está muy por encima de lo que yo pueda decir. En cualquier caso decir que me parece de lo mejor que se escribió en el teatro barroco español. Pero si quiero recomendaros, en caso de que esteis interesados en profundizar sobre ella, la ficha didáctica que edita la CNTC   y el cuaderno pedagógico editado con ocasión del montaje de 2010.

Sobre el montaje actual, decir que no me terminó de convencer Carmelo Gómez como Pedro Crespo; tengo mejor recuerdo de la interpretación de Joaquín Notario en el montaje de 2010. Si me gustó, y mucho, este actor que en este montaje interpreta a  D. Lope. Creo que en cualquiera de los dos personajes de El Alcalde de Zalamea es donde más me ha gustado Joaquín Notario que, por otra parte, me parece un excelente actor. La que no me convenció nada fue Nuria Gallardo como Isabel, la hija de Pedro Crespo, cuya deshonra conduce el drama.

El montaje y la interpretación me parecieron, en general, más que correctos.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Teatro: DONDE HAY AGRAVIOS, NO HAY CELOS


Comedia de enredo de Francisco de Rojas Zorrilla, se convierte en la versión que dirige Helena Pimenta en el Teatro Pavón en un juego de intercambio de identidades, de puertas que se abren y se cierran dando paso a personajes equívocos y complejos, propio de los vodeviles más modernos. Sorprende la habilidad con que Rojas Zorrilla desarrolla una trama que hoy no nos parece novedosa pero que lo debió ser en su momento.




Donde hay agravios no hay celos cuenta una historia de enredos  en torno al amor, el deseo, la venganza, las diferencias sociales, los engaños, los agravios... donde un sentido del honor exagerado (para nuestros dias) puede impedir que imperen la razón y los sentimientos. A Madrid llegan Don Juan de Alvarado y su criado, Sancho, para conocer a Doña Inés de Rojas, con la que se ha prometido, pero sin conocerse más que por sus retratos. Atrás deja, en Burgos, una hermana deshonrada y un hermano muerto por un hombre del que espera poder vengarse. Doña Inés vive en la casa familiar con su padre y una criada, Beatriz, alcahueta y respondona, y sufre  los acosos de su primo, Don Lope, que la visita de noche con la complicidad de la criada. Llega a Madrid, también, la hermana deshonrada, Doña Ana, que también se aloja en la casa y se suceden los enredos.

El montaje es ágil y bien llevado, recalcando el carácter cómico de las situaciones. Es una comedia, no un drama. Los intérpretes, en general, correctos. Destacan, en mi opinión, los personajes femeninos, interpretados por Natalia Millán (Doña Ana), a la que recuerdo en El mercader de Venecia, y que ha destacado en Cabaret y Cinco horas con Mario. Es bailarina y cantante, con una voz apreciable. Clara Sanchis es Doña Inés. La recuerdo de Agosto y El curioso impertinente. Por último, Marta Poveda es Beatriz. De ella recuerdo Burundanga y varias de las últimas obras de la CNTC (La vida es sueño). Me parece una buena actriz, pero con una voz de acatarrada permanente, que le impide destacar como merecen sus cualidades. Y entre ellos, David Lorente, en el papel de Sancho (los papeles de criados son siempre muy agradecidos en este tipo de teatro) y Fernando Sansegundo, siempre eficaz, que es además es autor de la versión.

Creo que si se acortara un poco el núcleo central de la obra, algo reiterativo, quedaría un espectáculo francamente bueno, en el que no molestan los intermedios musicales, aunque la música de tango interpretada por el acordeonista bieloruso Vadzim Yukhnevich, suene un tanto anacrónica, y donde las escenas de duelos a espadas están bien coreografiadas. 

Podéis ir a verla el dia 3 de diciembre, en la salida que organiza Maite. Os la recomiendo.