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miércoles, 23 de octubre de 2019

Teatro: MADRE CORAJE Y SUS HIJOS


En su último montaje como director del Centro Dramatico NAcional, función que ha venido ejerciendo desde 2012, Ernesto Caballero nos ofrece una versión de la obra de Bertolt Bretch, Madre Coraje y sus hijos. Bretch es un autor que para Caballero representa una cumbre como dramaturgo, como poeta y como hombre de la escena, hasta declarar que el teatro tal y como ahora lo concebimos no se entiende sin su aportación. 


Brecht evolucionó buscando nuevas formas de expresión en las que el ambiente social fuera el condicionante de la acción y que le ayudara a criticar la moral burguesa; de esta manera junto con diferentes compositores y en especial Kurt Weill utilizó la música de manera no convencional: las agradables melodías de Weill y la letra durísima de Brecht tuvieron el objetivo de sorprender a la audiencia e incitarla a pensar. Todo esto llevó al autor al llamado teatro épico: se unen las historias populares con el planteamiento político. Se fusiona la dialéctica marxista con elementos estético-formales. El teatro épico, tal y como el dramaturgo alemán lo concibió, no tiene ninguna connotación de heroísmo o grandeza. Quería significar que el teatro no fuera excitante, con tensiones y conflictos. Prefería que fuese lento y reflexivo  para dar lugar a la meditación. Del teatro épico son sus mejores obras, entre ellas Madre Coraje y sus hijos, ejemplo de este planteamiento. Fue escrita en 1939, en su exilio en Suecia y estrenada en Zurich en 1941. Brecht la revisó y dirigió en 1949, con música de Paul Dessau.   

Bertolt Brecht escribió la obra en el exilio, siendo observador en la distancia de su país, Alemania, y del auge de Hitler. La obra pretendió ser un aviso a sus contemporáneos del peligro del nazismo y de la inminencia de una gran guerra. Es una obra contra el militarismo, pero sobre todo, contra el lucro de los poderosos en los enfrentamientos bélicos.

Brecht ambientó la trama de la obra en la Guerra de los Treinta Años, en el siglo XVII, cuyo paisaje fue el mismo en el que se desarrollaba, en el momento que se escribió la obra, la invasión de Polonia por el ejército alemán y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, auténtico objetivo de sus críticas y denuncias.


 La Guerra, que se inició como un conflicto entre protestantes y católicos, se prolongó hasta 1648 por los diferentes enfrentamientos político-económicos que tuvieron las potencias implicadas que aspiraban conseguir  la hegemonía de Europa. Sumergió a casi toda Europa en años de hambrunas y epidemias; el ejército se formó en gran parte por mercenarios; la disciplina militar apenas existía y los sistemas de avituallamiento eran muy precarios; los soldados arrasaban los campos y las poblaciones y cometían todo tipo de excesos con los habitantes. Era, por tanto, el escenario idóneo para el propósito  de su obra, denunciar los abusos de la guerra especialmente para los menos favorecidos y llamar la atención sobre la codicia del ser humano. 


Ana Fierling, Madre Coraje, es la dueña de un carro de venta ambulante que sigue a las tropas  consiguiendo así hacer negocio. Le ayudan sus tres hijos, Eilif, Caradequeso y Cattrin, que es muda. Ana no quiere que termine la guerra, pues de ella depende el sostenimiento de su pequeño comercio. Eilif y Caradequeso son reclutados y la mujer sigue su periplo con su hija. A medida que transcurren los años de contienda la situación se hace más difícil.

Las distintas versiones o montajes de esta obra acentúan o disminuyen algunas de las lecciones de Brecht: la Coraje es unas veces la hija del pueblo, víctima de la guerra, otras se exalta su condición de madre, algunas la figura equívoca de la especuladora. Esta versión transmite más la idea de una mujer con sentimientos, preocupada por su prole, con momentos de humanidad. Es una mujer dura, pero no codiciosa, una víctima mas de la guerra ante la que no tiene más remedio que resistir para sobrevivir. Contribuye a ello la interpretación de Blanca Portillo, que ve a su personaje como una  "madre coraza", aunque por dentro hay emocionalidad y miedo. Una mujer llena de contradicciones y cinismo. Enseña a sus hijos que la vida es puro sufrimiento. Anna pierde a sus hijos en una guerra que le da de comer, no ha querido –ni podido– abandonar el negocio y paga las consecuencias. Sin embargo, el sistema le obliga a proseguir su actividad mercantil. 

No sé si como consecuencia del respeto a los planteamientos brechtianos o por otras razones, lo que eché de menos en este montaje es emoción. Tan solo el momento de la inmolación de Cattrin me pareció conmovedor. 



El espacio escenográfico diseñado por Paco Azorín me pareció sencillo pero eficaz. Paco Azorín es colaborador habitual de Ernesto Caballero. En esta ocasión, además, se hace cargo de la iluminación de la obra junto al propio director del montaje. Ha concebido un espacio presidido por el carro de la Coraje que ofrece numerosas posibilidades al ser un artefacto transformable.  Ha partido del escenario vacío prolongandolo hacia la sala, con la única finalidad de estar más cerca del espectador. Y para sugerir la guerra han dispuesto sobre el suelo del escenario nueve zonas de rejilla metálica por las que pasa la luz, a modo de trincheras e incluso de tumbas, haciendo alusión a la desolación que deja la guerra tras su paso. Este elemento permite iluminar la escena, no desde los ángulos habituales, sino desde abajo, creando una luz de fuerte carácter expresionista. Lo que no me gustó es una gran pantalla de leds  al fondo del escenario, por la que pasan las acotaciones que el propio Brecht indica en el texto a principio de cada escena. Con este recurso, pretenden crear ese distanciamiento o extrañamiento con el que el autor quiere dificultar la identificación del espectador con los personajes. 



Tampoco el vestuario, de Gabriela Salaverri me convenció aunque va por los derroteros que ahora parecen de moda, una inspiración contemporánea sin remitir directamente a ninguna guerra en concreto, pero que recuerdan demasiado a ejércitos y vestimentas actuales. Cuestión de gustos, pero vería mejor a Anna con una vestimenta más tradicional y "femenina" y menos guerrillera.

Las canciones corresponden a la música compuesta por Paul Dessau para su estreno en el Berliner Ensemble en 1949. Luis Miguel Cobo, músico y compositor, habitual colaborador de Ernesto Caballero, ha trabajado en una actualización de la misma para el actual estreno basándose en las partituras originales. Brecht sostenía que no había obra teatral que no demandara música. La utilizó como otra forma de distanciamiento.

Comento, por último, la interpretación. Destaca sobre todo Blanca Portillo, tan brillante como suele ser habitual y que está muy bien acompañada. El conjunto es muy notable y, aunque no recojo aquí los nombres del resto de los once actores, si quiero señalar a Ángela Ibañez, actriz sorda de nacimiento que interpreta a la muda Cattrin. Y a Paula Iwasaki, que canta mejor que el resto, a la que ya destaqué en el montaje de La dama boba de Sanzol en la sala pequeña de la Comedia que vi este invierno.

Un montaje interesante y muy adecuado para acercarse al teatro de Bertolt Bretch.

miércoles, 24 de abril de 2019

Teatro: MRS.DALLOWAY




La Sra. Dalloway es una novela de Virginia Woolf publicada en 1925. Aunque es su cuarta novela es la primera que se considera completamente experimental y posiblemente la más conocida, en parte por la novela de Michael Cunningham, Las horas, y la película del mismo nombre de Stephen Daldry (2002). Aunque la acción trascurre en un solo día, Woolf se mueve hacia atrás y adelante en el tiempo, y dentro y fuera de la mente de varios personajes, usando la perspectiva interior de la novela para construir una imagen completa, no sólo de la vida de su protagonista, sino de la estructura social de entreguerras.

La señora Dalloway relata un día corriente en la vida de Clarissa Dalloway, una dama casada con un diputado conservador y madre de una adolescente. La historia comienza una soleada mañana de junio de 1923, con un paseo de Clarissa por el centro de Londres, gran escenario de la novela, y termina esa misma noche, cuando comienzan a retirarse de casa de los Dalloway los invitados a su fiesta. Aunque en el curso del día sucede un hecho trágico, el suicidio de un joven que vuelve de la guerra, lo notable de la historia no es ese episodio, ni los pequeños sucesos y recuerdos que la componen, sino que toda ella esté narrada desde la conciencia de los personajes y del análisis de todo lo que pasa por sus mentes antes de actuar”. Esta es la sinopsis de la novela que ofrece una de sus ediciones en español.

El teatro Español de Madrid presenta una adaptación de la novela a la escena llevada a cabo por Anna María Ricart, Michael De Cock y Carme Portaceli, responsable esta última de la puesta en escena. No conozco la novela, pero por lo que leo parece que son muchos los cambios en relación a la trama original, tanto en cuanto al tiempo en que trascurre la acción, traída a la época actual, como a sus personajes, llevando a cabo una actualización que no parece beneficiar a la adaptación.

Es curioso que las tres últimas obras (cuatro con esta) que he visto en el teatro sean adaptaciones de novelas. Da la sensación de que a falta de obras dramáticas originales hubiera que recurrir a otro género literario. O, a lo mejor, es casualidad.




Clarissa Dalloway sale de una depresión y decide preparar una fiesta para reencontrar a toda su gente, no solo para reencontrarlos ella, sino para que
se reencuentren entre ellos. Allí aparecen Peter y Sally, unidos por el rechazo de Clarissa en su juventud, Elisabeth y Doris, la hija y su amante, Angélica, una escritora abatida por la enfermedad mental, cuyos diálogos con su esposo, Max, y el psiquiatra doctor Bradshaw parecen evocar la figura de la autora y su trágico final. 

Ocho personajes cuya presencia sobre el escenario no está convenientemente estructurada, no hay tensión dramática entre ellos. 

Clarissa Dalloway es la “perfecta dama de sociedad” una mujer de mediana edad que da las mejores fiestas de Londres y vemos su vida en un día, lo que pudo ser, lo que no fue, el por qué estar en un sitio y no en otro… Es un personaje interesante, pero parece sacado de contexto. Su relación con Peter y Sally, los dos amores de juventud, y con Elisabeth, su hija lesbiana, me parecen faltas de conflicto dramático. Aunque la relación entre Elisabeth y Doris por un lado y con Clarissa por otro nos muestran la duda interna del personaje entre ser acomodaticia como su madre o lanzarse a la aventura con Doris, lo encuentro falto de intensidad.

Quizá el personaje mas atractivo de la función sea Angélica, un personaje que no existe en la novela y que es una fusión entre Septimus, un soldado de clase baja que volvía de la Gran Guerra enloquecido por el combate en la novela  y Virginia Woolf. Pero su relación con Max, su marido, y el Doctor tampoco resulta convincente, ni tampoco se entiende su presencia en la historia en relación con la anfitriona. 

Creo que es un error traer la obra a nuestros días. Da la sensación de que el personaje central está desclasado. Es más propio del momento en que se escribió la novela, tras la Gran guerra, con una clase social un tanto ociosa, más pendiente de su pasado, que no volverá, que del futuro. La actualización se nos muestra con la innecesaria inclusión de teléfonos móviles y dos números rockeros en directo y con la ya no conflictiva relación entre Elisabeth y Doris que pueden amarse libremente. 


Me gustó la escenografía de Ana Alcubierre  con un gran cortinaje que se desplaza. Un único paisaje cambiante. Y las proyecciones ambientales de Miguel Ángel Raió.

La interpretación me pareció un tanto desigual. Blanca Portillo como Clarissa se nos muestra como la buena actriz que es, con algunos momentos muy notables. Del resto destaco especialmente a Gabriela Flores, Angélica, que disfruta del mejor personaje y Manolo Solo, al que solo había visto en cine. Varios de ellos muestran sus habilidades en los dos números musicales en directo.


Tengo el recuerdo de la película Las horas que antes mencionaba. Creo que me aproximó bastante más al mundo de Virginia Woolf que esta representación.

jueves, 15 de febrero de 2018

Teatro: EL ÁNGEL EXTERMINADOR


El ángel exterminador es una película dirigida en 1962 por Luis Buñuel en México, que está considerada como una de las más interesantes del director aragonés y, probablemente, la que más estudios y comentarios ha generado. En 2016 se estrenó en Salzburgo una ópera inspirada en la película y ahora nos llega una versión teatral con texto adaptado por Fernando Sansegundo y dirigida por Blanca Portillo.



Después de una cena, los invitados descubren que, por razones inexplicables, se ven incapaces de abandonar la casa. No hay barreras físicas ni violencia. Cada vez que alguien trata de salir, algo se lo impide: un pensamiento, una indecisión, una fuerza en su interior… Al prolongarse la situación durante varios días, las convenciones sociales, los buenos modales, van desapareciendo a favor de los instintos más salvajes. 
  
Dice Blanca Portillo, responsable de la puesta en escena, que pretender hacer de nuevo El ángel exterminador sería una tarea tan banal como imposible: "El ángel exterminador ya existe, está ahí como una de las más grandes películas de Buñuel, forma parte de la historia del Cine y del Arte en general. Las herramientas del Teatro nos permiten volver a mirarla con ojos nuevos, con los ojos de hoy, acercarnos a su misterio, al hechizo que produce esa imposibilidad de salir de un recinto que en todo momento permanece abierto". En mi opinión, ese puede ser el problema de la versión que se puede ver en el escenario del Español. Las herramientas del cine y del teatro son sustancialmente diferentes y, pese a que podría pensarse que El ángel exterminador por su planteamiento y desarrollo en, prácticamente, un solo espacio cerrado, favorece el paso de la pantalla al escenario, cuando ves las dos versiones te das cuenta de lo distintas que son esas herramientas, y que el genio de Buñuel reside en como utiliza las suyas para crear en tan solo 90 minutos una parábola inteligente acerca de la burguesía. Y he estado pensando en la razón por la que, pese a tratarse de un buen espectáculo, no me ha terminado de llegar y convencer.

El primer problema de esta versión es la distancia con el espectador. La mayor parte de la obra se desarrolla en una caja de cristal situada al fondo del escenario, en la que permanecen, constantemente, 14 actores. La distancia física es muy grande y eso crea una falta de comunicación con el espectador. Es un distanciamiento físico, no brechtiano. Un problema similar se podía haber encontrado en La cocina el año pasado, pero en esa ocasión un cambio de la distribución de la estructura del teatro, colocando la acción en el centro del patio de butacas y situando a los espectadores alrededor, supuso una buena solución. 

La escenografía de Roger Orra es espectacular aunque creo que su grandilocuencia no sirve a la eficacia de la puesta en escena. Reproduce un gran salón, con una gran escalinata, decorado con el escaso gusto que se atribuye a sus propietarios. Pero la estructura de la obra hace que gran parte del escenario no se emplee durante la mayor parte de la acción que se reduce a la vitrina de cristal, con los efectos antes comentados. Además esa estructura de cristal da lugar a problemas de sonido no totalmente resueltos. Me pareció de dudosa eficacia situar toda la trama que ocurre fuera de la casa en el patio de butacas  con dos personajes – la Tejedora y el Oficial- en dos butacas centrales de una fila a mitad del patio de butacas, obligando a levantarse a los espectadores cada vez que dejan o recuperan su posición algo que cansa incluso a los espectadores no implicados.  Estos dos personajes, especialmente la primera, son novedades de esta versión y no me pareció que su aportación fuera muy eficaz, aunque precisamente es la actriz que interpreta a la tejedora una de las más destacadas, aparte de facilitar las transiciones temporales.

Eché de menos el juego surrealista y onírico de la película, aunque se respetan algunos de los elementos, como la repetición de momentos o situaciones.

Y en general me pareció excesiva la duración por encima de las dos horas. La película dura 90 minutos y, en mi opinión, esta media hora más aporta poco o nada. 

Como se trata de una obra coral, es importante el ensamblaje de un elenco de un total de veinte actores. En general, correctos, aunque algunos demasiado gritones. Poco conocidos para mi. Me gustaron más los momentos de intimidad que los de exceso. Y, consecuentemente, me quedo con los personajes y actores más comedidos, Carlos, el doctor ( Alex O'Dogherty) y Julio (Victor Massan) y, en general, las actrices. 

En cualquier caso se trata de un espectáculo interesante, un gran despliegue de medios, un montaje espectacular, que, en mi caso, no alcanza el objetivo esperado.










lunes, 10 de agosto de 2015

Teatro: DON JUAN TENORIO en el Festival de Almagro


Me quedé con ganas de ver el montaje del Don Juan que presentó Blanca Portillo en el Teatro Pavón esta temporada. Por eso al ver que en el Festival de Almagro se daban cuatro representaciones, me animé a desplazarme hasta la ciudad manchega para verlo. Además siempre es agradable pasar unas horas en esa ciudad, a pesar del calor.



En mi opinión este avance no transmite una idea correcta del montaje, ya que le muestra con una truculencia excesiva que no se corresponde con la expresada en el mismo.

No voy a descubrir ahora la obra. Una obra del romanticismo que nos transmite el mito de D.Juan al que salva de la condenación el amor de Inés, al contrario que en el resto de las versiones (El burlador de Sevilla, de Tirso, o la ópera de Mozart, que yo conozca) donde se condena. Creo que la obra tiene cosas buenas y otras que no. La primera parte es teatralmente muy apreciable, pero literariamente no tanto con unos versos que caen en muchas ocasiones en la facilidad y el ripio. Algo de lo que, al parecer, fue consciente Zorrilla que criticó duramente su propia obra. Y tiene un notable sentido del humor. La segunda parte es menos brillante desde un punto de vista de desarrollo teatral y sin embargo gana en la calidad y profundidad de sus versos.

La versión de Juan Mayorga y el montaje de Blanca Portillo presenta una serie de características que la alejan de las versiones tradicionales que yo he visto.  En primer lugar, consideran que la obra es intemporal, lo que les permite utilizar un vestuario y unas formas un tanto modernas. Así, por ejemplo, Don Juan y Don Luis ( y sus amigos Avellaneda y Centella) son presentados como unos pandilleros navajeros más cerca de West side Story que de la imagen tradicional. Demasiados golpes en la mesa y saltos en la escena inicial en la Hostería del Laurel. Pero la escena tiene fuerza y está bien interpretada. A Diego Tenorio, el padre, nos lo presenta como un individuo violento (de tal palo tal astilla). Choca un poco.

Doña Inés es realmente joven y cambiante. Es de agradecer esa juventud. En el texto se nos dice que tiene 17 años. Habitualmente es interpretada por actrices bastante mayores. Choca un tanto su vestuario o más concretamente su "camisón" impropio de una novicia que facilita su desnudo en la escena de la seducción.

Brígida, que, tradicionalmente es una sirvienta mayor, se convierte en una celestina joven y atractiva que no duda en satisfacer sus apetencias sexuales con cualquiera. Y Ana de Pantoja está presentada con un notable erotismo.
También desarrollan el personaje de Miguel, el mozo de la Hostería, que se mantiene en escena toda la primera parte, tratando de transmitirnos el deslumbramiento que las hazañas de D. Juan podría generar en los jóvenes.
Destaca el tratamiento dado a dos de las escenas clave de la obra, la lectura de la carta y la escena del sofá. En la primera, mientras Ines lee,  vemos a don Juan componiéndola verso a verso, diciendo algunas lineas, buscando el efecto que espera conseguir. En la escena del sofá, donde no hay sofá, vemos a Don Juan aseándose, recién llegado de seducir a Doña Ana, que va cambiando su actitud hacia doña Inés pasando de la broma al amor.

Una última escena, un tanto chocante, nos muestra a Inés que salva a Don Juan, para después lanzarle un escupitajo de desprecio.

La interpretación, en general está bien. Jose Luis Garcia Pérez es Don Juan. Le ví hace unos años en La avería, también dirigido por Blanca Portillo. Una interpretación que exige un gran desgaste físico. Me gustó. Creo que se adapta perfectamente al carácter del personaje. Doña Inés es Ariana Martinez. No la conozco. Parece que hizo una serie en Antena 3, Bandolera. Me pareció muy adecuada para su papel. Miguel Hermoso es Luis Mejía. También estuvo en La avería, Bandolera y la serie de TV sobre Alatriste. También me pareció correcto, como el resto del reparto en el que destaca Beatriz Argüello como esa Brígida tan poco tradicional.

Otra aportación de  este montaje es la inclusión de una cantante, Eva Martín, que al parecer encarna el espectro de una mujer embarazada por Tenorio, que canta con bonita voz en los cambios de escena, canciones  compuestas por Pablo Salinas . Esto viene motivado por una escenografía creada por la directora que, aunque sencilla e imaginativa, obliga a ensamblar una serie de elementos entre escena y escena, lo que ralentiza y alarga la obra, sobre todo una vez superada la novedad de las canciones, que llega a superar las dos horas y cuarto. 

En resumen, una visión algo distinta del clásico de Zorrilla, empeñada en mostrarnos a Tenorio como lo que es, una mala persona, lo que queda claro en la obra sin necesidad de ser recalcado como se hace aquí,  con algunas ideas afortunadas y otras no tanto, que personalmente tengo que decir que no me disgustó en absoluto.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Teatro: EL TESTAMENTO DE MARIA


 En la sala pequeña del Teatro Valle Inclán se está representando El testamento de María, un monólogo de Colm Tólbin adaptado y dirigido por Agustí Villaronga.



Existen tanto en literatura como en cine numerosas aproximaciones a las figuras de Jesús y de María tratados como seres humanos, alejados de la visión que de ellos nos ofrecen los Evangelios. Así, a bote pronto, recuerdo  La última tentacion de Cristo, novela de Nikos Kazantzakis, llevada al cine  (1984, Martin Scorsese), Je vous salue Marie (1988 Jan Luc Godard),  El evangelio segun Jesucristo de Saramago o la obra que leímos el curso pasado, Niños en el tiempo de Menéndez Salmón. 

Colm Tólbin nos presenta a María retirada en Efeso, acompañada de dos de los discípulos de Jesús que escriben su historia (¿evangelistas?). Pero esta historia no es la que contempló María. En contra de la manipulación de los discípulos  ella nos cuenta su verdad, su visión de los hechos presenciados y vividos. Una María totalmente humana, pagana, que no concibe a su hijo mas que como su hijo, al que no entiende ya que no comprende todo eso de la redención y de salvar el mundo, pero al que ama. Que sufre el dolor de ver a su hijo, que ha abandonado el hogar y se ha entregado a una misión que ella no comprende, transformarse. Conocer sus milagros, verle como un hechicero que devuelve la vida a un muerto, Lázaro, que se convierte en un monstruo que asusta a todos los que se cruzan con él.  Y, tras haberse sentido rechazada cuando ha intentado salvarle, asistir a su martirio y crucifixión. 

Su presencia está dominada por el miedo. Miedo por su hijo al que trata de apartar de su misión y conseguir que vuelva a casa para que no se ponga en peligro. Y miedo por ella misma que hará que, en contra de lo que después nos contarán los Evangelios, abandone a Jesús en la cruz, ante el temor de que los romanos vayan a por ella, lo que le atormentará el resto de su vida.
 
Esta es la interesante visión que pretende presentarnos el autor en este monólogo, posteriormente convertido en novela.

Lo que me pasó  es que esta historia no me llegó.  No cabe duda de que Blanca Portillo es una gran actriz y que en esta ocasión, como en otras está muy bien, pero no consiguió transmitirme todo lo que he recogido anteriormente, no me conmovió. Es cierto que todo está en el texto, pero no me parece que la transposición de esa idea al escenario sea afortunada. Me sentí muy distanciado de lo que me contaba. No se si es la puesta en escena o la interpretación aunque no lo creo. Creo que es el texto el que no es capaz de convertir las ideas en algo emotivo. Aunque por los elogios generalizados que he leído acerca de esta obra, a lo mejor es problema mio.


La habeis visto. ¿Que os ha parecido?