Este blog está dirigido a los alumnos del Taller de literatura del Patronato de Cultura de Pozuelo de Alarcón
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lunes, 20 de enero de 2020
Teatro: REINAR DESPUÉS DE MORIR
Luis Vélez de Guevara es un dramaturgo y autor de novelas que vivió desde 1579 hasta 1644. Coincidió, por lo tanto, con Lope de Vega y Calderón de la Barca, sin que, pese a las más de 400 obras escritas y cerca de 100 conservadas, haya alcanzado su prestigio. Probablemente su obra mas recordada sea El diablo Cojuelo, y en teatro, Reinar después de morir.
El montaje que se presenta en el Teatro de la comedia de Madrid, es una coproducción entre la CNTC y la Companhia teatro de Almada. Se estrenó en Lisboa el pasado mes de octubre con actores portugueses y se representa ahora en Madrid con actores españoles, salvo el dia 27, lunes, en que se representará en portugués. Según Ignacio García que firma el diseño de la puesta en escena, es la mas portuguesa de las obras del Siglo de oro y la más española de las leyendas históricas portuguesas. La escenografía, el vestuario y la iluminación han sido diseñados por artistas portugueses. Se trata de una interesante colaboración con nuestros vecinos.
Inés de Castro era una noble gallega que se trasladó a la corte portuguesa como dama de compañía de su prima Constanza cuando ésta se prometió con Pedro I y que se convirtió en su amante. A la muerte de Constanza, el monarca Alfonso IV quiso que su hijo se casase con Blanca de Navarra para estrechar lazos entre los dos reinos. La desobediencia de Pedro acarreó la ruptura de las relaciones entre Portugal y Navarra. Cuando se casaron en secreto, en contra de los deseos del todavía rey, éste mandó matar a Inés. Dos años después, cuando Pedro llegó al trono tras la muerte de Alfonso IV, mandó exhumar el cadáver de Inés, la sentó en el trono, la hizo coronar y obligó a los cortesanos a que le rindieran honores.
La obra nos sitúa en el momento en que Blanca de Navarra llega a Portugal para casarse con el infante Don Pedro, matrimonio concertado por su padre. Como D. Pedro está ya casado con Inés, la única solución para salvar el acuerdo es la muerte de Inés.
No conocía la obra, aunque sí la leyenda. Me parece que la obra o al menos esta versión, no termina de centrarse. Se mueve entre la visión de la indecisión del Rey entre permitir los amores de su hijo con Inés o mantener la razón de estado. Esto da lugar a momentos muy atractivos como el dialógo entre Inés y Blanca de Navarra, pero en conjunto se mueve por terrenos poco definidos. Todo para llegar al emotivo final de la coronación de Inés.
La versión de López Antuñano de la obra incide en la parte más política para enlazar la historia con el presente. Más allá de la anécdota romántica, expone cómo la razón de Estado se impone por encima del individuo. Habla de la libertad individual y el poder corrompido moralmente, que busca lo que es conveniente y no lo que es necesario. La injusticia se disfraza de argumento para defender el bien común,
Lo mas llamativo de esta puesta en escena es la escenografía, creada por José
Manuel Castanheira. Como se puede ver en la fotografía, se trata de una especie de pista de skate, por la que se desplazan los actores, que tienen que demostrar una notable agilidad para llegar a las ventanas y que parece ya se ha cobrado una victima en la protagonista, Carmen del Valle, que, lesionada, ha tenido que ser sustituida por Lara Grube. Esto provoca que el espectador esté casi más pendiente de las evoluciones de los personajes que de la trama.
Se trata , en cualquier caso, de un montaje notable, muy bien servido técnica e interpretativamente bajo la dirección de Pepa Pedroche. Destacan sobre todo las dos actrices principales.
lunes, 6 de abril de 2015
teatro: ENRIQUE VIII Y LA CISMA DE INGLATERRA
La Compañía Nacional de Teatro Clásico presenta en el Teatro Pavón esta obra de Calderón de la Barca. Se trata de una versión llevada a cabo por Jose Gabriel López Antuñano y con la dirección de Ignacio García del que no he visto montajes anteriores.
En la obra Calderón nos presenta el proceso por el que Enrique VIII pasa de ser un defensor de la fe católica a declararse cabeza de la Iglesia anglicana, todo ello bajo la manipulación del cardenal Volsey (aqui Volseo) y el deseo de unirse a Ana Bolena, separándose de Catalina de Aragón para después arrepentirse, condenar a muerte a la Bolena y tratar de volver con Catalina, en una interpretación un tanto personal de la Historia.
Dejando al margen la fidelidad histórica, la obra nos presenta el conflicto en que se encuentra Enrique VIII, un rey culto, educado, que pretende gobernar honorablemente su reino, pero incapaz de controlar su pasión por Ana Bolena y el deseo de tener un hijo varón. Junto a él y aprovechándose de su inestabilidad, el Cardenal Volseo, ambicioso y manipulador, que deseoso de deshacerse de la reina Catalina facilita la relación del rey con Ana Bolena y el cisma religioso.
Calderón destaca el papel y la personalidad de la reina Catalina frente a sus dos enemigos, el cardenal y Ana, y manipula el final de la relación entre el rey y ésta, presentando un arrepentimiento religioso que, al parecer, queda bastante lejos de la realidad.
Pero más allá del carácter de denuncia y del intento de desprestigiar la iglesia anglicana exhibiendo su pecado original, Calderón nos ofrece un texto sobre las debilidades humanas de los distintos personajes y una reflexión sobre el poder y la ambición. El montaje de Ignacio García hace hincapié en la falta de sensibilidad de los gobernantes que miran mas por sus propios intereses que por los de sus ciudadanos, tratando de acercar la obra a la situación actual.
En general la obra me gustó. Estamos ante teatro, no ante una lección de historia, y en este sentido el lenguaje de Calderón, la puesta en escena y la interpretación me parecieron notables.
Enrique VIII es Sergio Peris-Mencheta, un actor cuyo valor se está incrementando dia a dia. Me gustó mucho más que en el Julio Cesar que le vi hace algunos meses. El cardenal es Joaquín Notario, un habitual de la compañía, un actor sólido que dota de credibilidad a sus personajes, aunque aquí quizá marca demasiado el carácter corrupto de Volseo. Catalina es Pepa Pedroche, otra habitual de la compañía que en esta ocasión me gustó mucho. Completan el elenco, entre otros, Mamen Camacho (la hemos visto en la serie de TVE, Gran reserva y procede de la compañía joven de teatro clásico) como Ana Bolena, Emilio Gavira, Sergio Otegui y Chema de Miguel. También está María Jose Alfonso, como el ama de honor de la reina Catalina, cincuenta años después de ser La niña de luto (Manuel Summers, 1963).
Aunque el rigor histórico de la obra, basada en la historia del jesuita Pedro de Rivadeneyra, no sea muy de fiar, el espectáculo vale la pena.
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