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lunes, 21 de octubre de 2019

Cine: EL CRACK CERO


Creo que no sería posible escribir una historia del cine español sin mencionar a José Luis Garci. Colaborador como guionista de José Luis Dibildos en lo que se llamó en los años 70 la Tercera via, director de películas tan populares como Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada, ganador del primer Oscar a una película española en 1982 con Volver a empezar, su obra, tanto cinematográfica como literaria y como presentador de programas sobre cine en TV ha mostrado un gran amor al cine y una enorme capacidad para hablar y escribir de su gran amor.

En 1981 dirigió El crack, probablemente su mejor película, un homenaje al cine y la novela negra clásicos. Dos años después dirigió El Crack 2 secuela encaminada, sobre todo, a resarcirse del poco éxito económico de la oscarizada Volver a empezar. Las figuras de Alfredo Landa, José Bódalo, Miguel Rellán y Manuel Lorenzo ocuparon la memoria de los espectadores de esta muestra de cine negro a la española. Ahora, tras diez años en los que solo estrenó Holmes & Watson tras el fiasco de Sangre de mayo, y cuando parecía poco probable que volviera a dirigir, nos presenta esta precuela de El crack, donde tiene que luchar con el recuerdo de esos actores ya desaparecidos.



Seis meses después del suicidio de un afamado sastre, una misteriosa y atractiva mujer casada visita a Germán Areta, prestigioso ex policía y ahora detective privado, para que inicie una investigación exhaustiva sobre el caso. La mujer está convencida de que el sastre, que era su amante, fue asesinado. Aunque su instinto le dice a Areta que la gente sólo mata por amor o por dinero, irá descubriendo que hay más motivos, y más de un sospechoso para haber quitado de en medio al sastre..

Una trama policíaca tan clásica que hace que el interés de esta película resida, sobre todo, en la sustitución de los actores que interpretaron las dos primeras. Así Alfredo Landa que interpretó a German Areta es aquí Carlos Santos, a quien recordamos como Luis Roldán en El hombre de las mil caras (Alberto Rodriguez 2016), Miguel Angel Muñoz es El Moro, que fuera Miguel Rellán en el original, Pedro Casablanc es el abuelo (José Bódalo) y Luis Varela es Manuel Lorenzo. Todos ellos logran que no echemos de menos a los originales, aunque en este sentido, para mi, el mejor es Pedro Casablanc y el más alejado Miguel Angel Muñoz.

La trama repite esquemas conocidos hasta el punto de que a ratos me daba la impresión de estar volviendo a ver El Crack, pero está narrada con soltura, bien interpretada y llena de recuerdos del pasado. Una película tan pasada de moda y fuera de lo que hoy se hace que consigue despertar la nostalgia por otros tiempos... Aunque como dijo Simone Signoret, "la nostalgia ya no es lo que era". Y esos diálogos y sentencias de un Garci que no podría negar su autoría. 

miércoles, 24 de octubre de 2018

Cine: VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE


Primera película de Celia Rico Clavellino, autora de un corto, Luisa no está en casa, presente en Venecia en 2012. La película estuvo presente en la sección de nuevos realizadores del Festival de San Sebastián donde tuvo una buena acogida y ganó el premio de la juventud



Leonor quiere marcharse de casa, pero no se atreve a decírselo a su madre. Estrella no quiere que se vaya, pero tampoco es capaz de retenerla a su lado. Madre e hija tendrán que afrontar esa nueva etapa de la vida en la que su mundo en común se tambalea.

Una historia sencilla narrada con sencillez y sensibilidad. La relación entre una madre y una hija que han visto desaparecer al padre y que ven que llega el momento de separarse, algo que aparece como inevitable. Es ley de vida, llega un dia en que los hijos tienen que dejar el hogar.  Una película de sentimientos con unos personajes que parecen reales y sinceros, gracias en gran medida a las interpretaciones de Lola Dueñas y Anna Castillo (y también de Pedro Casablanc). 

Es interesante recoger la presentación que de la película hace su directora, ya que refleja lo que es y lo que consigue: "Esta historia surge de una sensación física: el confortable calor con el que las faldas de una mesa-camilla me resguardaban del frío. O me aprisionaban. No era fácil salir de aquel brasero. 
Los hijos siempre se marchan de casa. Al marcharse, se deja un vacío  entre las cuatro paredes de una casa que nadie sabe cómo rellenar. Es ahí, en ese lugar, donde quise asomarme para pensar en la relación a distancia entre una madre y una hija. 
Es una película sobre los lazos familiares que constantemente nos unen y nos separan, nos hacen fuertes y a la vez tan frágiles.  Querer bien, sin coartar al otro ni renunciar a uno mismo, quizá sea una de las tareas más difíciles en las relaciones paterno-filiares. Esta película pretende capturar esos momentos delicados de la vida donde el amor se revela en el saber alejarse, en el dejar ir".

Una película modesta en presupuesto y en aspiraciones. Pocos personajes, pocas localizaciones. Casi toda transcurre en el interior de un piso donde parece mentira que se haya podido colocar la cámara. Pero que está llamada a ser un fenómeno comparable al de Verano 1993 del año pasado. 

Muy recomendable


martes, 7 de noviembre de 2017

Teatro: YO, FEUERBACH


Presentada en el Teatre Lliure de Barcelona y en la pasada temporada en La Abadía de Madrid, ha vuelto ahora, por un corto periodo, a este teatro. Es una obra escrita por Tankred Dorst, un autor alemán fallecido este mismo año, poco traducido al castellano. La versión y adaptación es de Jordi Casanovas (autor de Ruz-Bárcenas e Idiota) y está dirigida por Antonio Simón, del que no recuerdo haber visto ningún montaje.



Feuerbach, un veterano actor se presenta a una audición con un afamado director. que al parecer le dirigió tiempo atrás. El actor lleva 7 años sin actuar y es recibido por el ayudante. Mientras espera al director, el actor desarrolla un casi monólogo en el que se nos presenta la vida de un actor, probablemente fracasado pero que ha vivido también momentos de gloria. Una reflexión sobre lo que significa ser actor, sometido a los caprichos de los directores, a la incomprensión del público y, en este caso, a la ignorancia, si no desprecio, de su interlocutor.

Feuerbach es Pedro Casablanc, un muy buen actor al que recuerdo en el Falstaff de Andrés Lima y El arte de la comedia de Eduardo de Filippo, entre otras. La obra es él. Su presencia llena el escenario en una interpretación muy a la italiana que me recordó a Vittorio Gassman. 

Ya he dicho en varias ocasiones que no me gustan los monólogos. Falta acción y sobre todo conflicto. En esta ocasión también. La presencia de un interlocutor (muy correcto Samuel Viyuela) no cambia apenas la situación. Asistimos a una exhibición de Casablanc con algunos momentos impresionantes. Su juego con una silla al principio y sobre todo su recreación, a partir de nada, de la figura de Francisco de Asís. 

Interesante por la interpretación más que por el texto.