Ganadora de cuatro premios (especial del jurado, mejor actriz, mejor actor de reparto y mejor guión) en el reciente festival de Málaga, No sé decir adios es la primera película dirigida por Lino Escalera que también es coautor del guión.
Carla (Nathalie Poza) recibe una llamada inesperada de su hermana Blanca (Lola Dueñas). Su padre, José Luis (Juan Diego), con el que hace tiempo que no se habla y con quien mantiene una complicada relación, tiene una enfermedad terminal. Carla se desplaza a Almería, a la casa de su infancia para encontrarse con él y con su hermana. Carla se niega a aceptar el pronóstico de los médicos y, contra la opinión de todos, decide llevarlo a Barcelona para que sea tratado allí. Juntos emprenden un viaje para escapar de una realidad que ninguno se atreve a afrontar. Un viaje en el que puede que se acaben encontrando.
Un drama familiar muy a lo Isabel Coixet, con tres personajes centrales interesantes, aunque no bien desarrollados, en mi opinión. Y tres actores excelentes interpretando a esos personajes. Son Nathalie Poza, Lola Dueñas y Juan Diego. Sobre todo la primera en el personaje central, una mujer madura que se considera independiente y libre pero que evidencia una falta de madurez tremenda y una gran dificultad para relacionarse, lo que la hace insoportable. La actriz está espectacular. Y es una lástima que cuando la historia se aleja de las relaciones familiares para desarrollar el personaje de Carla en sus relaciones con personajes secundarios (un compañero de trabajo, una pareja en un bar) y el de Blanca con su marido, baja notablemente el nivel de la película.
Creo que los personajes principales (y sus intérpretes) están muy por encima del desarrollo literario de la historia que, por otra parte, me pareció bien narrada, cinematográficamente hablando. Las relaciones entre los personajes y su historia pasada daban para bastante más.
Hace unos años una película dirigida por Agustin Villaronga, Pa Negre (Pan negro), se alzó de forma sorprendente con 9 premios Goya, entre ellos mejor película, director y actriz protagonista. Era una dura historia ambientada en la posguerra española. Ayer la ofreció la 2 de TVE, una buena oportunidad para recordarla. Después realizó una notable miniserie para TVE, Carta a Eva, de dos capítulos, que estaba muy bien y ha dirigido en teatro a Blanca Portillo en El testamento de María, que no me gustó especialmente. Ahora se ha estrenado Incierta gloria. Una adaptación de la novela del mismo título escrita por Joan Sales, que no conozco, y que está considerada la gran novela catalana sobre la guerra civil.
En 1937, llega al Frente de Aragón Luis, un joven oficial republicano al que han destinado a un puesto temporalmente inactivo. Allí conoce a la Carlana, una enigmática viuda por la que pronto se siente atraído y se encuentra con Juli, su mejor amigo. La Carlana consigue convencer a Luis para falsificar un documento y convertirse así en la Señora de la comarca.
Luis, Juli y Trini, la pareja de Luis y madre de su hijo, forman un triángulo emocional que explotará cuando Trini llega con su hijo al frente junto a otras esposas de oficiales, para pasar la Navidad. Trini no tarda en descubrir la atracción de Luis por la Carlana y se tambalearán los cimientos morales de los tres amigos.
La historia es un intenso melodrama en que al triángulo pareja más amigo enamorado de la mujer se le une un cuarto personaje que rompe el equilibrio. La historia es interesante y cruda, con dos personajes muy atractivos, la Carlana y Juli. Pero da la sensación de que se queda corta y los elementos que rompen el equilibrio entre los personajes parece que vienen determinados más por conveniencias del guion que por su desarrollo lógico.
Parece que mientras la novela original se centra sobre todo en el triángulo Luis, Juli, Trini, y la Carlana es un personaje secundario, en la película se ha optado por centrarse en este último personaje y sus relaciones con los otros tres. No me extraña ya que como he dicho antes, es un personaje femenino muy atractivo para ser desarrollado. Manipuladora, arribista y ambiciosa, arrastra un pasado devastador. Muy bien interpretada por Nuria Prims, una actriz catalana a la que no conozco aunque parece que es muy popular en Cataluña y que actuó en la serie Hospital Central. También me gustó Oriol Plá (Juli), un joven actor que me recuerda a Pablo Derqui, al que vimos en Truman como el hijo de Ricardo Darín. Y unos secundarios muy destacados, Luisa Gavasa (Goya por La novia), Terele Pávez, Juan Diego y Fernando Esteso.
Me gustó la película, que tiene a la guerra como marco histórico, pero que no cae en ningún momento en batallas ni nos habla de los bandos contendientes, sino de las personas a las que las guerras destruyen.
En el Teatro Español se ha estado representando una versión de la obra de Shakespeare, Ricardo III. Se trata de una versión reducida y adaptada de la obra llevada a cabo por José Sanchis Sinisterra y adaptada finalmente por el director Carlos Martín, con el título de Sueños y visiones del Rey Ricardo III. José Sanchis Sinisterra es uno de los autores (y director) más premiados y representados del teatro español contemporáneo, además de llevar a cabo una labor docente en este campo. Estuvo casado con Magüi Mira y es el padre de la actriz Clara Sanchis. Su obra más popular es Ay Carmela, pero tiene muchas más como La noche de Molly Bloom, dramaturgia del último capítulo del Ulises de Joyce, El cerco de Leningrado, (1994) o El lector por horas (2001). Carlos Martín es director artístico de la compañía Teatro del Temple y ha desarrollado parte de su carrera en Italia, donde montó una versión de esta misma obra. También dirigió una obra de José Sanchis, Ñaque o de piojos y actores y ha colaborado con el autor en otras ocasiones.
Esta versión se situa en la noche anterior a la batalla de Bosworth donde Ricardo III perdió la vida ante el que sería Enrique VII de Inglaterra, en lo que podría considerarse el punto final de la Guerra de las dos rosas, dando paso a la dinastía de los Tudor. Se trata de un período de tiempo un tanto confuso y violento de la historia de Inglaterra al que Shakespeare dedicó cuatro obras. A lo largo de esa noche se le aparecerán a Ricardo en sueños y recuerdos los espectros de las personas que ha asesinado a lo largo de su vida para llegar al trono donde se encuentra ahora. En sus recuerdos podremos ver lo que le sucedió a su hermano Clarence, su relación con su madre, cómo surgió su matrimonio, la forma en la que llegó a ser Rey o las relaciones que mantiene con sus aliados. Después de esa noche, al amanecer, ocurrirá la batalla en que será derrotado. Aunque esta visión altera notablemente el desarrollo temporal de la obra original, conserva, reduciendo su duración, el contenido y sobre todo el extraordinario lenguaje de Shakespeare. La reducción de su duración se agradece, ya que esta es la obra más larga del autor, después de Hamlet. Quizá esta reducción da lugar a una cierta confusión narrativa, sobre todo si falta un conocimiento previo de esa etapa de la historia de Inglaterra, pero no hay que olvidar que es una obra de teatro y no una lección de historia, a la que en cualquier caso, no es especialmente fiel. Lo que más me gustó es la puesta en escena. Tanto la interpretación como sobre todo la utilización de los recursos escenográficos. Los tules que sugieren la tienda de Ricardo, la iluminación, las proyecciones. El espacio se distribuye en tres planos: el real, junto al proscenio y más próximo al público; el de los recuerdos, visiones y sueños, al fondo; y uno intermedio, entre ambos, para apariciones de espectros y fantasmas. Se utilizan tres proyectores, uno delante y dos atrás. Hay 47 proyecciones. En la elaboración de las proyecciones trabajaron sobre todo la iluminación del plató, creando un entorno oscuro para poder tener iluminado al actor sobre un fondo negro que les permitiera aislar la figura del “espectro”. Los tules presentan cortes para dejar que los actores pasen de un espacio a otro a través de estas aberturas. Hay 9 tules de 7 metros de altura por 2 metros de ancho. El Podio, recuerda a un pedestal de cruz de término medieval, y permite situarse tanto en la Torre de Londres, como en la sala del trono del Palacio real. Ricardo III es Juan Diego, protagonista absoluto en un papel que ha sido interpretado por actores tan notables como Laurence Olivier, Al Pacino o Kevin Spacey. Juan Diego hace una excelente interpretación, muy bien acompañado por el resto del reparto. Un gran espectáculo en definitiva.