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martes, 1 de enero de 2019

Teatro: LA DAMA BOBA


Con dirección de Alfredo Sanzol, la Joven Compañía de teatro clásico presenta en la sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia esta obra de Lope de Vega. Ya estuvo en cartel a finales de 2017, posteriormente en el Festival de Almagro, al que corresponde el vídeo y, ante el éxito obtenido, ha vuelto nuevamente hasta el 3 de febrero, con algún cambio en el reparto





Octavio ha decidido casar a su hija Finea con Liseo, pero éste se enamora de Nise, su hermana. Finea es muy “boba” pero al enamorarse de Laurencio encuentra la motivación para aprender. A partir de ahí todos tratarán de cambiar la decisión de Octavio.

Un resumen que no hace honor a una de las mejores comedias de enredo del autor. El amor saca lo mejor de nosotros, podría decirse que es la propuesta de Lope en esta obra.


La puesta en escena se ve un tanto condicionada por las características de la sala. Un espacio pequeño, rodeado por dos o tres filas de asientos para un total de cien espectadores. Esto da lugar a una proximidad con los intérpretes que se agradece, pero también a que estos vean limitada su actividad que, por otra parte está llena de movimiento, saltos, carreras y bailes. Y les obliga además a un constante ir y venir para mantenerse de cara al público. Y lo hacen muy bien. 


El montaje prescinde de decorados y vestuario de época, algo que no es raro en el teatro actual pero que no es lo que se espera de una compañía nacional y una sala como la del Teatro de la Comedia. 


La juventud de los actores da lugar a que no exista la variedad de edades que deberían darse. Esto en un escenario alejado del público se notaría menos pero en este caso resulta chocante que el padre tenga la misma edad que sus hijas y pretendientes.


En un reparto con doce actores se da, lógicamente, cierta desigualdad en su calidad. Algunos de ellos estaban en el montaje de Luces de Bohemia dirigido por el mismo Sanzol, en el María Guerrero. Destacan especialmente, en mi opinión, Paula Iwasaki, Guillermo Serrano, Cristina Arias y Alejandro Sigüenza, pero en general se muestran en un alto nivel, con notable dicción del verso, si bien en bastantes momentos resultan demasiado gritones, lo que puede deberse más a la dirección de Sanzol. Además cantan, bailan  e incluso tocan dos de ellos la guitarra y el clarinete. Todo ello remite en parte al grupo Ron Lalá.


En conjunto, un espectáculo muy agradable.





miércoles, 7 de noviembre de 2018

Teatro: LUCES DE BOHEMIA


El Centro dramático nacional presenta en el teatro María Guerrero un nuevo montaje de Luces de Bohemia. Alfredo Sanzol es el responsable de la puesta en escena. He hablado en varias ocasiones de Alfredo Sanzol, la última con ocasión de el estreno de La ternura. Ahora se ha hecho cargo del montaje de esta obra, una obra que se consideró irrepresentable durante muchos años y que Valle Inclán, su autor no pudo ver representada, al igual que la mayoría de su teatro. De hecho, no se estrenó hasta 1963 en Paris. En España lo hizo en 1970, tras varios intentos fallidos a causa de la censura, tal como explica el cuaderno pedagógico editado por el CDN cuya lectura recomiendo. Esta es la tercera vez que la presenta el CDN.



Como es sabido la obra narra el peregrinaje de Max Estrella, un poeta ciego por un Madrid marginal y sórdido. Le acompaña don Latino de Hispalis y le dan la réplica algunos otros personajes de la bohemia madrileña de la época. Un mundo de marginados, prostitutas y delincuentes que critica el poder establecido y los políticos de la época. Como es característico en la Generación de 98, Valle-Inclán se lamenta de la situación española que considera de gran retraso intelectual y económico con respecto a Europa. En sus diálogos se vierten críticas a la cultura oficialista y a la situación social y política. Todo ello a través de quince escenas que se desarrollan en poco más de 24 horas.

 No parece necesario hablar más de una obra tan conocida, pero si de la puesta en escena. Una puesta en escena que utiliza el texto original de Valle excepto, dice Sanzol, cuatro frases de la escena del preso catalán y la modificación de las coplas del enano de la venta que han adaptado para que sean un poco más irreverentes y se entienda mejor la detención de Max Estrella. 
En lo que se refiere al espacio, Alejandro Andújar, el responsable de la escenografía y el vestuario y Sanzol han jugado con que los espejos  sean parte esencial. Todo está lleno de reflejos, de la misma forma que creen que Don Latino es el reflejo material de Max Estrella y Max es el reflejo espiritual de Don Latino. Han buscado un espacio con una potencia expresiva muy grande, que el público tenga una experiencia estética, visual, espacial y de luz que le recuerde
a una instalación, una escultura, una foto o una pintura. El movimiento de los actores en el escenario y las transiciones son muy importantes. La disposición
coreográfica y el espacio que crean los espejos (como las calles que se forman al moverlos) son fundamentales. A ello contribuye la iluminación de Pedro Yagüe, siempre complicada por la utilización de los espejos.

Diecieseis intérpretes dan vida a los 45 personajes de la obra. Solamente Juan Codina (Max) y Chema Adeva (Don Latino), no se desdoblan en otros. Los dos tienen que asumir que sus personajes han contado con actores de categoría en montajes anteriores (José María Rodero, Ramón Barea, Lluis Homar, Agustin Gonzalez, Carlos Lemos y Francisco Rabal en el cine). Dos actores a los que no recuerdo haber visto y que en sus interpretaciones están a la altura de sus antecesores y de la calidad del montaje.

Un clásico de nuestro teatro del siglo XX con una excelente puesta en escena. Muy recomendable.  




lunes, 29 de mayo de 2017

Teatro: LA TERNURA


De Alfredo Sanzol, el autor de esta obra, he hablado en un par de ocasiones en el blog con ocasión de comentar Aventura y La respiración, por lo que no voy a repetirme.

Ahora, dentro del proyecto llamado "Teatro de la ciudad" que hace un par de años nos ofreció versiones de Antígona, Medea y Edipo, Sanzol se aproxima al mundo de Shakespeare, para ofrecernos una comedia de enredo que toma prestados personajes y situaciones de las comedias más ligeras del autor inglés.

Alfredo Sanzol releyendo a Shakespeare se imagina lo siguiente: “Quiero que La Ternura sea una comedia romántica con islas desiertas, naufragios monumentales, reyes frágiles y reinas soñadoras, leñadores miedosos y pastoras tempestuosas, seres mágicos, cambios de identidad, pasiones desatadas, odios irracionales, deseos incendiarios, giros sorprendentes, fantasmas borrachos, apariciones, desapariciones, encuentros, desencuentros… y un deseo que une a todos: el de encontrar la Ternura como sea, donde sea, con quien sea.”





 Es la historia de dos trios de personajes. Por una parte, la reina Esmeralda y sus dos hijas, las princesas Salmón y Rubí,  que viajan en la armada invencible. Las princesas han sido prometidas a nobles ingleses en matrimonios de conveniencia. Para evitarlo, la reina, que odia a los hombres y practica la magia, desata una tempestad que acaba con la armada y mediante un manto mágico llega con sus hijas a una isla que cree desierta. Allí se encontrará con el leñador Marrón, y sus hijos, Verdemar y Azulcielo, que comparten una situación similar de rechazo a las mujeres, por lo que viven allí recluidos.–«cada personaje va acompañado de un color que es un reflejo de su alma»–  

A partir de ahí la situación se puede imaginar. Pociones mágicas, disfraces, dobles sentidos,equívocos, mentiras, temores y, finalmente, el triunfo de la atracción entre sexos. Porque los dos sexos son diferentes pero, como decía el personaje de Spencer Tracy en La costilla de Adán, ¡Viva la diferencia!

El resultado es una comedia agradable, bien construida, que hace pasar un rato muy entretenido, apoyada en unos intérpretes eficaces,que con excepción de Paco Déniz, apenas conozco, que estuvieron con Sanzol en varios de sus montajes anteriores, incluido Edipo. Quizá, para mi gusto, un poco pasado de rosca el desenlace en un giro más cerca del vodevil que de la comedia de enredo.




martes, 23 de febrero de 2016

Teatro: LA RESPIRACION


La respiración es la nueva obra de Alfredo Sanzol del que hace un par de años pudimos ver Aventura y, el año pasado presentó en La Abadía, dentro del ciclo dedicado al teatro griego, su versión de Edipo rey. En mi comentario sobre Aventura ya hablaba de  como se trata de uno de los nombres más destacados del panorama teatral actual en España.


Empezar de nuevo y volver al principio vital, el continuo movimiento que todos efectuamos sin ser conscientes pero que determina nuestra existencia, respirar, ese es el punto de partida de La respiración.

Esta obra cuenta, en clave de comedia, las alegrías y penas de una mujer separada, Nagore, en trance de recuperar su autoestima y de rehacer su vida. Gracias a los consejos de su madre, que tiene una intensa vida amorosa, este proceso se convierte en una verdadera aventura. 

Como indica el dossier informativo del teatro, La respiración habla de la facilidad, o no, de asumir cambios vitales; en este sentido algunos de
los personajes parten de una actitud flexible, otros van aprendiendo. También habla del carácter excluyente y posesivo del amor frente a una energía más abierta, compartida. Y de la conexión entre mente y cuerpo, que se nutren y se reflejan el uno al otro; de ahí la importancia de cuidar de ambos. 

Es cierto que ese es el tema de la obra. Pero su desarrollo, en tono de farsa, me pareció que deja bastante que desear. Se mueve entre un relato de neuras tipo Woody Allen y un juego de fantasías que no me convenció. Me gustó la estructura de la obra, sus transiciones, con algunos monólogos dirigidos al público, aunque no tanto la escenografía donde se echa de menos mayor presupuesto. Y una gran naturalidad.  Naturalidad en la que destaca la protagonista, Nuria Mencía en un reparto en el que las otras dos intérpretes femeninas, Gloria Muñoz y Camila Viyuela me gustaron más que los masculinos, probablemente porque sus personajes son más atractivos y se prestan menos a la caricatura en la que caen ellos. 

Una obra un tanto irregular, con bastantes puntos de interés, en la que destaca, sobre todo, la interpretación de Nuria Mencia, a la que recuerdo en la CNTC y, más recientemente, en Maridos y mujeres, la obra basada en la película de Woody Allen, que se representó en La abadía.


lunes, 26 de mayo de 2014

Teatro: Aventura, de Alfredo Sanzol


Alfredo Sanzol es un autor y director navarro que ha obtenido varios éxitos en los últimos años con obras suyas, que habitualmente también dirige. Yo recuerdo haber visto hace unos años Un enemigo del pueblo, donde era ayudante de dirección de Gerardo Vera y, la temporada pasada, dirigida por él, Esperando a Godot. 
Como autor, parece que está especializado en obras de varios episodios como Delicadas, Días estupendos, Sí, pero no lo soy y En la luna. Su forma de narrar me recuerda las películas de Cesc Gay (En la ciudad, Ficción, Una pistola en cada mano), nombre que me venía a la cabeza al salir del teatro.  Ha ganado varios premios Max.

Aventura no es una obra de episodios, ya que desarrolla una sola acción, pero está tratada como si lo fuera ya que consiste en una sucesión de escenas cortas que van desarrollando su historia. Yo entiendo la obra como una aproximación a una generación llena de dudas e incertidumbres en todos los aspectos de la vida, inmersa en una situación de crisis, no solo económica sino moral, ética y vital.

El argumento lo conocéis, supongo, ya que varios fuisteis a verla hace unos días. Un grupo de socios propietarios de una compañía recibe una propuesta de compra por un empresario chino. La cosa evoluciona de manera que, finalmente, lo que podría estar en venta es una de las socias. Las reacciones a esta propuesta son la base de la obra, sirviendo para que conozcamos a los seis socios, sus aspiraciones, sus incertidumbres, sus proyectos, sus crisis y su bajeza moral. Un pero, la propuesta de Sandra que da lugar al equívoco con sus socios, es presentada de una forma tramposa y equívoca también para el espectador.

La obra cuenta con un montaje sencillo pero muy eficaz en la distribución de espacios y ambientes. La interpretación, en general, muy buena, con un excelente ritmo, destacando, en mi opinión, Marta Pérez y sobre todo, Ágata Roca, en el papel de Sandra. La música inspirada y adecuada, pero en exceso repetitiva.

Creo que se trata de un espectáculo muy recomendable, aunque difícil ya de ver en Madrid, pues terminaban ayer las representaciones en el Canal. ¿Que os ha parecido a los que la habéis visto?