Premiada como mejor guión en el festival de Venecia y candidata a 4 Oscar, entre ellos mejor película y mejor actriz, nos llega Philomena, la historia de una mujer irlandesa que quedó embarazada en su adolescencia y cuyo hijo fue entregado en adopción, sin su consentimiento, a una familia norteamericana. Cincuenta años después, un periodista se pone en contacto con ella y juntos prosiguen una búsqueda hasta entonces infructuosa. Está basada en la historia de real de Philomena Lee quien hoy cuenta 80 años y a la que hemos podido ver ayer en la ceremonia de entrega de los Oscar.
La película presenta varios puntos de interés. Por una parte la denuncia de la actuación incalificable de las monjas del convento donde Philomena da a luz y su empecinamiento posterior en no facilitar el reencuentro; por otro la relación que se establece entre Philomena, mujer católica, con un enorme sentimiento de culpa y dada a perdonar y Martin Sixsmith, el periodista, un hombre desencantado que, tras trabajar en la BBC como corresponsal en Moscu y Washington, se ve arrastrado a la política con Tony Blair, de donde sale claramente perjudicado. Su postura es de ajuste de cuentas y no concibe el perdón en determinados asuntos. Son dos mundos tan distintos desde cualquier punto de vista que sorprende la empatia que se produce entre ellos.
También el personaje del periodista es real. La película es la adaptación del libro que escribiórelatando los hechos (El hijo perdido de Philomena Lee).
La película es un tanto melodramática y en ocasiones sensiblera, pero la emoción está bien dosificada y con momentos de humor, motivados sobre todo por dos formas tan diferentes de entender la vida.
El director es el inglés Stephen Frears. Sus primeros títulos de relativo éxito fueron Mi hermosa lavandería, con un casi debutante Daniel Day-Lewis y Ábrete de orejas. Dos películas de salas especiales. Pero el éxito le llegó con la adaptación de Las amistades peligrosas, con Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer y Uma Thurman. Ultimamente dirigió The queen, con Helen Mirren, Oscar a la mejor actriz, como la Reina Isabel de Inglaterra. Y posteriormente Tamara Drewe, una moderna e interesante versión de Lejos del mundanal ruido, la novela de Thomas Hardy.
Pero lo mejor de la película son sus intérpretes, Steve Coogan (al que hemos visto recientemente en ¿Que hacemos con Maisie?, y que también es coguionista) y sobre todo Judi Dench, extraordinaria actriz (una más) británica a quien hemos visto en papeles tan diferentes como la reina Isabel I de Inglaterra (Shakespeare in love, Oscar a la mejor secundaria) o M, la jefa de James Bond.
Destacar, por último, que aunque la película parece que no ha gustado a algunas jerarquías de la Iglesia católica, (no me extraña), Philomena Lee fue saludada por el Papa en el trascurso de una audiencia pública en la Plaza de San Pedro. Iba acompañada por el actor Steve Coogan.
En resumen, película recomendable, amena, eficaz, aunque busca en exceso la emoción y la lágrima fácil.
