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jueves, 8 de junio de 2017

Teatro: LA CANTANTE CALVA




En el Teatro Español se ha presentado la obraque se considera iniciadora del denominado teatro del absurdo, La cantante calva de Eugène Ionesco.

Sobre este tipo de teatro y el autor ya escribí en mi comentario sobre El rinoceronte, en enero de 2015. El término, Teatro del Absurdo fue una expresión empleada por el crítico Martin Esslin cuando escribió su libro El teatro del absurdo. Clasificó a ciertos dramaturgos que escribían durante la década de 1950, principalmente franceses, cuyo trabajo se consideró como una reacción contra los conceptos tradicionales del teatro occidental.Este teatro propone mostrar una realidad oculta y amarga que subyace en la idea de felicidad y confort del modo de vida burgués. Una constante del Teatro del Absurdo es la pugna de sus personajes por expresarse y la imposibilidad de lograrlo.

La cantante calva ha sido permanentemente representada en el Théâtre de la Huchette, en Paris.  desde 1957.

Esta obra está cargada de ironía, de juegos verbales sin sentido y situaciones carentes de lógica. Parece que la idea surgió cuando el autor estaba intentando aprender inglés con el método Assimil. A la vista del contenido de los diálogos del método decidió escribir una obra absurda llamada L’anglais sans peine (El inglés sin esfuerzo), en referencia al título del manual.




Un matrimonio inglés tradicional espera la llegada de otro matrimonio para cenar. Cuando lleguen, no cenarán. Mantendrán diálogos intrascendentes y absurdos hasta la irrupción de un bombero en busca de un fuego que apagar.

Si la sinopsis ya parece absurda, lo que la obra relata lo es más aún. Porque lo que nos relata en precisamente eso, lo absurdo de una existencia basada en la incomunicación. Y así, el Sr. y la Sra. Smith mantienen una conversación donde ella habla y el lee el periódico. El tiempo es relativo: las campanadas del reloj y las horas no coinciden.  El matrimonio anuncia un cambio de ropa que nunca ocurre, regaña a la criada por tomarse su día libre cuando ellos mismos dieron la autorización. 

El matrimonio invitado, los Martin,  vive tal desconexión que son incapaces de reconocerse uno al otro. Vienen del mismo sitio, viven en el mismo departamento, comparten la misma cama y tienen hijos en común, pero no se reconocen.

Cuando los dos matrimonios por fin se juntan a cenar, no cenan, conversan sin decirse nada. No tienen nada que compartir. Se interrumpen y olvidan de qué hablan constantemente. 

La aparición de un capitán de bomberos pidiendo un fuego para poder apagarlo 
supone la culminación de la incongruencia y el sin sentido. Al final, la obra vuelve a empezar, pero ahora los Martin son los Smith. La historia se repite y comienza otra vez, incluyendo todo lo absurdo que hemos presenciado

La obra se caracteriza por el vacío en la comunicación. El matrimonio de los Smith muestra lo mucho que las personas pueden hablar todo el día sin decirse absolutamente nada. Empleando la reiteración de ideas, las palabras sin sentido de acción o el razonamiento sistemático. La obra es una parodia de lo cotidiano en la vida de dos parejas.

Desde este punto de vista la obra me recordó a una película de Luis Buñuel, El discreto encanto de la burguesía por la presentación de un mundo ilógico, en el que las reuniones de un grupo de burgueses se verán siempre interrumpidas por las circunstancias más extrañas, algunas reales y otras fruto de su imaginación.
También, en muchos momentos, al teatro de Jardiel y de Mihura. E incluso a los Hermanos Marx.

Me resulta difícil valorar la puesta en escena. Este tipo de obras se basan en una serie de recursos que creo que están eficazmente utilizados, especialmente los actores entre los que destaca Adriana Ozores. El resto  (Fernando Tejero, Joaquin Climent, Carmen Ruiz, Helena Lanza y Javier Pereira) cumplen con sus absurdos papeles. Quizá Javier Pereira, al que hemos visto en buenos papeles en cine (Stockholm, Que Dios nos perdone), muestra cierta falta de experiencia sobre un escenario y esté un poco por debajo del nivel del grupo. El director de la obra es Luis Luque y la versión es de Natalia Menendez.



martes, 6 de enero de 2015

Teatro: RINOCERONTE


En el María Guerrero, en versión de Ernesto Caballero, dirigida por él mismo, se representa la obra de Eugène Ionesco, Rinoceronte. Escrita en 1959, está considerada una obra clave en el denominado Teatro del absurdo del que es uno de los máximos representantes.

Teatro del absurdo fue un término acuñado por el crítico Martin Esslin que lo definía como modalidad dramática que se rige por los principios  existencialistas expresados en términos absurdos. Abarca obras escritas por dramaturgos tanto europeos como estadounidenses a partir de los años 40 y hasta los 60. La aparente falta de argumento, los diálogos estrafalarios, el
sinsentido en la escena y sobre todo el pesimismo ante la existencia humana caracterizan a este movimiento cuyos autores más destacados fueron, además de Ionescu, Antonin Artaud, Samuel Beckett, Alfred Jarry, Harold Pinter y Arthur Adamov.
La renovación teatral había comenzado en la primera mitad del siglo XX y prosiguió en varios sentidos durante la segunda mitad. Se creó una línea de teatro social, donde destaca Bertolt Brecht y otra línea de teatro formal como
la de Jerry o Artaud.
El teatro del absurdo se mueve con el telón de fondo de la falta de sentido de la naturaleza humana. Lo mismo ocurre en las obras de Ionesco. Crea en ellas un universo impredecible, irreal, en el que la comunicación entre las
personas es muy difícil. Desde luego el pesimismo marca la obra del autor, pero su sentido del humor se filtra en multitud de situaciones cómicas.

Ionesco escribía en 1961 esta reflexión sobre su teatro, teatro innovador y de vanguardia, contraponiéndolo al teatro imperante: Es el realismo teatral, el putrefacto, académico, pontificante, pedagógico o de ideología, el que
la imaginación creadora tendrá que destruir. Tal vez en esto tenga el teatro de vanguardia algo que realizar. Algo que destruir y algo que crear.

Entre las obras más conocidas del autor se encuentran La cantante calva y El rey se muere.



En la obra, los habitantes de un tranquilo pueblo se van convirtiendo paulatinamente en rinocerontes. El único que no sufre esta transformación es Berenger, un hombre insignificante repudiado por sus vecinos por su afición al alcohol. Parece que las personas, pasada la sorpresa inicial, aceptan la metamorfosis como algo normal, ya que les sucede a todos. Berenger ve como sus vecinos, sus compañeros de trabajo, su mejor amigo  van convirtiéndose en rinocerontes. Él no acepta el cambio.

Ionesco plantea en esta obra una metáfora de los totalitarismos. El rinoceronte es un buen  símbolo  para ello; es un animal fuerte, de aspecto acorazado, con el que quiso representar tanto el nazismo como el régimen soviético. En este sentido también se ha ampliado su interpretación como la crítica a la postura de los franceses ante la ocupación nazi.
La obra reflexiona sobre la influencia de la mayoría en las opiniones particulares, la pérdida de individualidad acosada por la presión social.

La obra se desarrolla en cuatro momentos. El primero, en la plaza del pueblo, es el más absurdo de todos y sirve como planteamiento, cuando la apacible mañana del domingo en el pueblo se ve interrumpida por la estampida de un rinoceronte seguido poco después por otro. Está lleno de diálogos absurdos en tono de humor.
Después nos sitúa en la mañana del lunes siguiente en la oficina donde trabaja Berenger y nos presenta una serie de posturas ante lo ocurrido el dia anterior y el hecho de que varias personas se están transformando en rinocerontes, entre ellos uno de sus compañeros cuya esposa nos da la clave al transformarse voluntariamente en un rinoceronte. Los bomberos están desbordados.
El tercer momento nos muestra a Berenger visitando a su amigo Juan y asistiendo a su transformación.
El cuarto, en casa de Berenger, presenta a dos de sus compañeros de trabajo, Dudard y Daisy, que le visitan. Dudard, despechado porque Daisy prefiere a Berenger, no duda en unirse a la mayoría. Daisy se mantiene junto a Berenger, pero finalmente también le abandona y Berenger queda solo. Pero el no se rendirá jamás.

La puesta en escena de Ernesto Caballero me pareció muy buena, con una inteligente utilización del espacio escénico en los diferentes espacios  donde se desarrollan los cuatro actos. Para el primero utiliza el proscenio y el patio de butacas, involucrando en cierta forma al público. Para el resto ha creado una estructura metálica en el escenario que representará sucesivamente la oficina, la casa de Juan y la de Berenger, volviendo al proscenio y al patio de butacas en las transiciones. La escenografía, de Paco Azorín es espectacular muy bien acompañada por el vestuario de Ana Lopez Cobos y la iluminación de Valentín Álvarez.


El papel de Berenger lo interpreta Pepe Viyuela. Popular por su presencia en la serie de TV Aida y por su personaje de Filemón en el cine, ha demostrado una gran capacidad y versatilidad como actor en el teatro e incluso como payaso. En esta ocasión consigue mostrar las diferentes facetas de un personaje muy complejo y lo hace muy bien. Los otros tres papeles principales, Juan, Dudard y Daisy los interpretan Fernando Cayo, Jose Luis Alcobendas y Fernanda Orazi.
A Fernando Cayo le hemos visto en varias obras en los últimos años. De ratones y hombres, Tito Andrónico, El curioso impertinente... En esta ocasión tiene una complicada labor al transformarse en rinoceronte ante nosotros con un impresionante trabajo gestual y vocal. Excelente. 

José Luis Alcobendas es un habitual de La abadía y de la CNTC. Le ví el año pasado en Julio Cesar, en el Bellas Artes.
Fernanda Orazi es una actriz argentina afincada en España desde hace años. Habitual de los teatros alternativos, hace una notable interpretación de Daisy. El resto del reparto trabajó con Ernesto Caballero en su montaje de Montenegro para el CDN el año pasado.

En mi opinión un gran espectáculo, al que una cierta poda en el texto  quizá haría más ligera, con una puesta en escena que es la que más me ha gustado de su director, al que se debe asistir con una mente abierta, dispuesta a admitir lo extraño de sus planteamientos. Es una obra que sugiere un análisis muy extenso de sus personajes y sus actuaciones así como su significado.