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lunes, 28 de diciembre de 2015

Cine: MACBETH


Nos llega una nueva versión de la obra de Shakespeare, dirigida en esta ocasión por el australiano casi desconocido Justin Kurzel. Presentada en el Festival de Cannes, donde no obtuvo ningún premio, está protagonizada por Michael Fassbender y Marion Cotillard.




Se dice que Shakespeare es el mejor guionista cinematográfico de la historia. Deben contarse por decenas las adaptaciones al cine de sus obras. De Macbeth recuerdo la versión de Polanski realizada en 1971, que no recuerdo haber vuelto a ver y tiene fama la de Orson Welles de 1948, que no he visto. La versión que comento peca, a mi modo de ver, de un esteticismo que en ocasiones molesta (escenas a cámara lenta) pero que en general acompaña adecuadamente el texto en verso de Shakespeare que, como siempre, es lo que verdaderamente tiene valor. 

Realmente no es de extrañar que sus obras se hayan llevado al cine en tantas ocasiones. El cine nos ofrece la posibilidad de situar la acción en  lugares reales en lugar de hacerlo sobre un escenario. En esta ocasión los duros paisajes de Escocia, sus brumas, ofrecen un marco muy adecuado para la historia que se nos narra. Todo ello acompañado por unos textos excelentes, y una notable interpretación. Macbeth es Fassbender. Creo que es la vez que más me ha convencido este actor. Marion Cotillard es Lady Macbeth, la esposa manipuladora y cruel que maneja la ambición de su marido. El resto, una serie de sólidos actores británicos. Recomiendo la versión original que, aunque no se entienda el texto, nos transmite el ritmo y al musicalidad de su lenguaje.

En conjunto me ha parecido una buena e interesante película con una ambientación excelente. Una oferta atractiva en unas salas dominadas por Star wars, los Apellidos catalanes y las Palmeras en la nieve.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Teatro: SUEÑOS Y VISIONES DEL REY RICARDO III en el Español


En el Teatro Español se ha estado representando una versión de la obra de Shakespeare, Ricardo III. Se trata de una versión reducida y adaptada de la obra llevada a cabo por José Sanchis Sinisterra y adaptada finalmente por el director Carlos Martín, con el título de Sueños y visiones del Rey Ricardo III.

José Sanchis Sinisterra es uno de los autores (y director) más premiados y representados del teatro español contemporáneo, además de llevar a cabo una labor docente en este campo. Estuvo casado con Magüi Mira y es el padre de la actriz Clara Sanchis. Su obra más popular es Ay Carmela, pero tiene muchas más como La noche de Molly Bloom, dramaturgia del último capítulo del Ulises de Joyce, El cerco de Leningrado, (1994) o El lector por horas (2001).

Carlos Martín  es director artístico de la compañía Teatro del Temple y ha desarrollado parte de su carrera en Italia, donde montó una versión de esta misma  obra. También dirigió una obra de José Sanchis, Ñaque o de piojos y actores y ha colaborado con el autor en otras ocasiones.



Esta versión se situa en la noche anterior a la batalla de Bosworth donde Ricardo III perdió la vida ante el que sería Enrique VII de Inglaterra, en lo que podría considerarse el punto final de la Guerra de las dos rosas, dando paso a la dinastía de los Tudor. Se trata de un período de tiempo un tanto confuso y violento de la historia de Inglaterra al que Shakespeare dedicó cuatro obras. 
A lo largo de esa noche se le aparecerán a Ricardo en sueños y recuerdos los espectros de las personas que ha asesinado a lo largo de su vida para llegar al trono donde se encuentra ahora. En sus recuerdos podremos ver lo que le sucedió a su hermano Clarence, su relación con su madre, cómo surgió su matrimonio, la forma en la que llegó a ser Rey o las relaciones que mantiene con sus aliados. Después de esa noche, al amanecer, ocurrirá la batalla en que será derrotado.

Aunque esta visión altera notablemente el desarrollo temporal de la obra original, conserva, reduciendo su duración, el contenido y sobre todo el extraordinario lenguaje de Shakespeare. La reducción de su duración se agradece, ya que esta es la obra más larga del autor, después de Hamlet. Quizá esta reducción da lugar a una cierta confusión narrativa, sobre todo si falta un conocimiento previo de esa etapa de la historia de Inglaterra, pero no hay que olvidar que es una obra de teatro y no una lección de historia, a la que en cualquier caso, no es especialmente fiel.

Lo que más me gustó es la puesta en escena. Tanto la interpretación como sobre todo la utilización de los recursos escenográficos. Los tules que sugieren la tienda de Ricardo, la iluminación, las proyecciones.
El espacio se distribuye en tres planos: el real, junto al proscenio y
más próximo al público; el de los recuerdos, visiones y sueños, al fondo; y
uno intermedio, entre ambos, para apariciones de espectros y fantasmas.
Se utilizan tres proyectores, uno delante y dos atrás. Hay 47
proyecciones. En la elaboración de las proyecciones trabajaron sobre todo la
iluminación del plató, creando un entorno oscuro para poder tener iluminado
al actor sobre un fondo negro que les permitiera aislar la figura del
“espectro”.
Los tules presentan cortes para dejar que los actores pasen de un espacio a otro a través de estas aberturas. Hay 9 tules de 7 metros de altura por 2 metros de ancho.
El Podio, recuerda a un pedestal de cruz de término medieval, y permite situarse tanto en la Torre de Londres, como en la sala del trono del Palacio real.

Ricardo III es Juan Diego, protagonista absoluto en un papel que ha sido interpretado por actores tan notables como Laurence Olivier, Al Pacino o Kevin Spacey. Juan Diego hace una excelente interpretación, muy bien acompañado por el resto del reparto.

Un gran espectáculo en definitiva.

martes, 18 de febrero de 2014

Teatro: Julio César en el Bellas Artes



Cualquier montaje de esta obra de Shakespeare tiene que superar el reto que supone la película de Joseph L. Mankiewicz, con Marlon Brando, James Mason, Louis Calhern y John Gielgud al frente, producida en 1953. 




La versión que se ofrece actualmente en el Bellas Artes de Madrid,  con versión, escenografía y  dirección de Paco Azorín, no consigue superar ese reto. Evidentemente no es una obra fácil de representar. La version ha reducido sensiblemente la obra. Desaparecen varios personajes, especialmente los  femeninos y simplifica la narración. Ciertamente mantiene los pasajes y textos  fundamentales, pero a mi me pareció que la obra quedaba coja, reducida a su esqueleto.





La interpretación no me gustó. Mario Gas es Julio Cesar. Es un papel no principal y da una buena imagen. Pero Tristán Ulloa, José Luis Alcobendas y Sergio Peris-Mencheta en los papeles de Bruto, Casio y Marco Antonio, no me llegaron. Son actores de cierto prestigio, populares por el cine, el teatro y la televisión. Quizá estaba demasiado influido por el recuerdo de la película. Gritan excesivamente y aunque permiten entender bien el texto, lo cierto es que no me convencieron. Me resultó especialmente decepcionante Sergio Peris-Mencheta, ya que me han hablado muy bien de él, pero su Marco Antonio, ese magnífico y demagógico discurso tras la muerte de Cesar, me dejó frío.
Tampoco la puesta en escena ayuda. Una escenografía austera, con una docena de sillas y un monumento que se descompone en tres piezas en los dos últimos actos. Demasiado austera. Y un vestuario que nos remite a los uniformes de cualquier gobierno totalitarista, cuando el totalitarista de la obra es solamente Julio Cesar.
  
En resumen, para mí,  un texto muy superior a la puesta en escena.
¿La habéis visto, cual es vuestra opinión?