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domingo, 24 de noviembre de 2013

Cine: Blue Jasmine. Un Woody Allen con poco humor



En su cita anual, Woody Allen nos trae un excepcional retrato femenino. El personaje de Jasmine enlaza con otros personajes de mujeres de películas de Allen, como los de La rosa púrpura del Cairo (1985), Hanna y sus hermanas (1986), Otra mujer (1988), Alice (1990), o Maridos y mujeres (1992).
En esta ocasión nos presenta a una insoportable neurótica, que por una parte nos hace disfrutar de la excelente interpretación de Cate Blanchett y por otra nos hace imposible conmovernos o identificarnos con su historia.

Jasmine es una mujer rica y elegante de la alta sociedad neoyorquina que tras la condena y posterior suicidio de su marido, un adinerado hombre de negocios responsable de una gran estafa, se encuentra sin dinero y sin casa. Decide entonces mudarse a San Francisco a vivir con su hermana Ginger, que trabaja como cajera de un supermercado que vive con su novio y dos poco soportables hijos, en un pequeño apartamento.  La película nos contará su imposible adaptación a su nueva vida, a la vez que mediante "flash backs" nos presenta detalles de su vida en Nueva York, su confianza y habilidad para mirar para otro lado en relación con las actividades de su marido.

Allen se inspira en la historia de Bernard (Bernie) Madoff,   el presidente de una firma de inversión que llegó a ser una de las más importantes en Wall Street. En diciembre de 2008 el banquero fue detenido por el FBI  y acusado de un fraude que alcanzó los 50.000 millones de dólares. En 2009 fue sentenciado a 150 años de prisión. 

Creo que esta película es  el negativo de Match Point (2005). Si la recordáis, allí nos presentaba la historia de un "trepa" que no dudaba en llegar al asesinato de su amante con tal de medrar. 


Pero de acuerdo con el punto de partida de Allen, tenía suerte (la pelota que tocaba la red, caía en el otro lado) y no era descubierto. En esta ocasión, la pelota cae en el propio lado de Jasmine, a la que vemos en el último plano de la película en una situación muy poco esperanzadora.

 Una serie de personajes secundarios bien construidos e interpretados acompañan la historia.

En resumen, Woody Allen se rehace tras el enorme patinazo de A Roma con amor (2012) y nos entrega una película que, sin ser redonda, le sitúa en su buena línea habitual. Eso sí, con poco humor esta vez.