Una trama perfectamente identificable con la realidad, no solo en Italia sino también aquí. Pero con un desarrollo previsible, sin interés ni gracia, lleno de chistes fáciles y un humor insufrible. Como insufrible es uno de sus personajes interpretado por Salvatore Ficarra, un prodigio del humor histriónico y gritón que convierte a los clásicos actores italianos en modelos de contención.
Una película lamentable, que destroza el tema de la corrupción, llevándolo por los peores caminos posibles y que hace que comedias españolas como Villaviciosa de abajo o Señor, dame paciencia, parezcan monumentos al buen gusto y el ingenio.
