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lunes, 24 de octubre de 2016

Teatro: EL PADRE


Con ocasión de la propuesta de Maite para ir a ver esta obra, publiqué el texto de José Carlos Plaza, responsable de la puesta en escena, así como un breve apunte sobre su autor. No voy por tanto a repetirme.



El padre se centra en el tema de la vejez, la decadencia lenta y la demencia senil a través de la enfermedad (Alzheimer) del protagonista. Presenta a Andrés, interpretado por Héctor Alterio, que hace que el espectador experimente el humor mediante situaciones ambiguas y contradictorias. Los personajes están duplicados, son cambiantes y plantean en todo momento la duda de qué sucede realmente. 
Es un juego de irrealidad, de enredos, de verdades y mentiras, que coloca al espectador en una sensación de desconcierto similar a la del protagonista.  Trata un tema tan espinoso como la perdida de la realidad debida a la vejez. Nos coloca en la perspectiva de una mente confusa o, quizá, confundida  por los intereses de los que le rodean. Algo que muchos de los que hemos tenido padres mayores hemos vivido en mayor o menor grado.

Todo este juego es el que se propone el autor, sumergiéndonos en la mente de Andrés. Que no sepamos qué es real y qué es lo existe solo en su mente.  Lo consigue, en mi opinión, solo parcialmente. Pero es que saber lo que es real y lo que no, es lo menos interesante. No sabemos, y a mi por lo menos me da igual, si Ana, la hija, se va realmente a Londres o, simplemente, junto con su pareja, consideran que es imposible seguir teniendo a Andrés en su casa. Lo que sin duda es cierto es la confusión en que vive Andrés y que acaba en una residencia. Y la presentación de situaciones muy diferentes para ilustrar ese desconcierto no me parece especialmente afortunada. Como tampoco la inclusión de un sueño de Ana. ¿Es realmente su sueño o es lo que Andrés cree que sueña su hija?

Creo que la gran virtud de la representación es Hector Alterio. Está espléndido. Parece mentira que a los 87 años se mantenga en el escenario durante hora y media, con una sinceridad, una ternura y un buen hacer extraordinarios. Bien acompañado por Ana Labordeta, a la que recuerdo el año pasado en Pluto y algo más lejano en Noviembre de David Mamet. El resto del reparto tiene una presencia muy secundaria.

Me gustó el decorado, con una evolución en el que van desapareciendo elementos hasta quedar en una fría sala de residencia. 

Pero sobre todo, muy por encima del resto, Hector Alterio. Por él vale la pena ir a ver la obra.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Teatro: MEDEA


He visto Medea en el Teatro Español. Se trata de una versión escrita por Vicente Molina Foix a partir de las tragedias de Eurípides y Séneca, pero también de la novela en verso de Apolonio de Rodas sobre Los Argonautas y relatos de Ovidio en Heroidas y Metamorfosis. Fue presentada en el Festival de Mérida en julio y ahora llega a los escenarios de Madrid, con una brillante y espectacular puesta en escena de José Carlos Plaza y con Ana Belén en el papel de Medea.



Todos conocemos el mito de Medea, la mujer que al sentirse traicionada  por su marido Jasón, culminó la más cruel de las venganzas matando a sus propios hijos, rompiendo con lo que se considera lo más sagrado para la mujer, la maternidad. Un argumento que tiene que emocionar al espectador y que, al menos en mi caso, no lo consiguió. 

¿La razón? No la sé. Porque el montaje está muy bien. Ana Belén y el conjunto de actores está más que correctos, con la excepción, para mí, del personaje de Jasón, Adolfo Fernández, que no me gustó. Y, en cambio, destacar a Consuelo Trujillo, a quien había visto últimamente en Cuando deje de llover y La novia, como la Nodriza, un personaje que en esta versión tiene un papel fundamental, mucho más brillante y extenso que en Eurípides. Quizá sea la versión de Molina Foix, a la que parece que le cuesta entrar en situación, demasiado explicativa, o que la interpretación de Ana Belén no llega a transmitirme esa desesperación que le lleva al límite.

No obstante, y al margen de mis reparos, creo que es un espectáculo muy recomendable.