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lunes, 17 de febrero de 2020

Cine: JO JO RABBIT


El director neozelandés Taika Waititi se suma a la línea paródica sobre Hitler y el nazismo que inició Chaplin con El gran dictador, al versionar la novela de Christine Leunens El cielo enjaulado, donde un niño ve su fe ciega en Hitler cuestionada cuando descubre que su familia oculta a una chica judía tras una falsa pared en el desván.  “El libro es un drama, aunque tiene sus momentos cómicos. Pero pensé que, si iba a abordar este asunto, tendría que hacerlo con mi personalidad y estilo. Esto entrañaba más elementos fantásticos y evidentemente más humor, creando una especie de baile entre el drama y la sátira”, dice el director de esta película que obtuvo seis nominaciones a los Oscar y a los BAFTA y ganó el de mejor guion adaptado en ambos. Decisión que no comparto estando nominadas El irlandés y Mujercitas. 


Jojo "Rabbit" Betzler (Roman Griffin Davis) es un solitario niño alemán perteneciente a las Juventudes Hitlerianas que ve su mundo puesto patas arriba cuando descubre que su joven madre Rosie (Scarlett Johansson) esconde en su ático a una niña judía (Thomasin McKenzie). Con la única ayuda de su mejor amigo imaginario, el mismísimo Adolf Hitler (Taika Waititi), Jojo deberá afrontar las contradicciones de su ciego nacionalismo. 

Waititi nos presenta a Jojo participando en un campamento para niños en el que reciben un peculiar entrenamiento con el objetivo de ir preparándose para cuando tengan que entrar en combate. Allí le acompaña su amigo imaginario, el propio Hitler, que le trata de ayudar a superar sus muchas limitaciones en el rito de iniciación. Es la mejor y más paródica parte de la película, donde se ridiculiza la actitud nazi. Cuando, tras un accidente, Jojo abandona el campamento, se produce un cambio de registro y la película toma un camino mucho más dramático e incluso trágico, hasta casi desaparecer la comedia que, cuando se mantiene, parece un tanto forzada. Hasta llegar, eso sí a un final esperanzador.

Todo está contado con ingenio, con una utilización anacrónica de la música y la buena interpretación de Jojo y la niña judia. También destaca Sam Rockwell como un divertido y colaborador instructor y otro niño, un gordito simpatiquísimo especialista en provocar accidentes.

En la presentación de la película en Toronto el pasado mes de septiembre, Waititi habló de "cómo las ideologías fascistas se van infiltrando como parásitos en nuestra sociedad, convirtiendo en normal lo que no lo era, generando odio donde antes había convivencia", de forma que su película es una llamada a no subestimar el poder de las ideologías extremistas. "Es fácil burlarse de ellos, porque sus creencias y sus actos de patriotismo son absurdos, pero cuando ataquen nos daremos cuenta del inmenso poder que han acumulado". 


De eso habla la película y muestra a su manera cómo estos movimientos ideológicos pueden radicalizar desde edades muy tempranas, en las que los afectados aún no entienden realmente lo que están haciendo. "Eres un niño de 10 años al que le gusta vestirse con un uniforme elegante y quiere formar parte de un club", le dice Elsa, la niña judía, a Jojo. Elsa (Thomasin McKenzie) explica así lo que hay detrás de la obsesión del protagonista con Hitler. 

Una película razonablemente simpática y esperanzadora dentro del drama que presenta, a la que creo que es un error compararla con La vida es bella (Roberto Benigni, 1997), algo que están haciendo algunos de sus detractores.

miércoles, 15 de enero de 2020

Cine: RICHARD JEWELL


Desde que en 2003 dirigió Mystic River, Clint Eastwood ha seguido dirigiendo películas a un ritmo de casi una por año. Entre ellas ha habido de todo, mejores y peores, pero no se puede negar su habilidad para contar historias, en muchos casos centradas en personajes un tanto aislados del resto de la sociedad, héroes anónimos que quizá vienen a representar una frase de uno de sus personajes, J.Edgar (2011): El individuo es la base de la democracia.

 En los últimos títulos hemos visto a un octogenario solitario, tres soldados impidiendo un atentado, un piloto que evita un accidente, un francotirador, uno de los hombres más temidos de los EEUU, un lider surafricano que utilizo el rugby para tratar de acabar con el apartheid, un veterano individualista y, en muchos casos, una crítica al sistema que coarta la libertad individual. En este caso vemos como la actuación más que correcta de un guardia de seguridad que evita que un atentado cause cientos de víctimas, le acabe convirtiendo en sospechoso solo porque se trata de una persona un tanto peculiar, un bicho raro.

A partir de un amplio artículo publicado en Vanity Fair por Marie Brenner, el guionista Billy Ray ha construido un guion inteligente y eficaz, aunque cargue demasiado las tintas en los personajes negativos. 


Richard Jewell era un guardia de seguridad en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. En la noche del 27 de julio descubrió una mochila con explosivos en su interior y evitó un número mayor de víctimas al ayudar a evacuar el área poco antes de que se produjera el estallido. En un principio se le presentó como un héroe cuya intervención salvó vidas, pero a los pocos dias, Jewell pasó a ser considerado el sospechoso número uno y fue investigado como presunto culpable. Tuvieron que pasar muchos años para que se limpiara su nombre al descubrir al verdadero culpable.

La historia está bien contada, Pese a que sabemos que Jewell es inocente, seguimos con interés la situación de acoso mediático y la manipulación del FBI. El para mi desconocido Paul Walter Hauser interpreta a Richard Jewell con el que tiene un indudable parecido, y lo hace muy bien. Como también Sam Rockwell un gran secundario al que hemos visto en El vicio del poder, como George Bush y en Tres anuncios en las afueras, título por el que ganó un merecido Oscar como secundario. Y la veterana y siempre eficaz Kathie Bates como la madre de Jewell, papel por el que ha sido nominada para los Globos y los Oscar. Jon Hamm y Olivia Wilde aportan credibilidad a sus personajes, claramente los malos de la película.

En resumen, una buena película, sin alardes.



lunes, 14 de enero de 2019

Cine: EL VICIO DEL PODER


Dick Cheney ha sido uno de los hombres con más poder en la política de los Estados Unidos hasta la llegada de Obama a la presidencia. Ocupó la vicepresidencia con George Bush hijo y antes había sido secretario de Defensa, congresista y jefe de gabinete de la Casa Blanca. Hoy en dia sigue siendo una figura respetada en el partido republicano. 

Adam McKay, que se había aproximado a la crisis económica de 2008 en La gran apuesta, nos presenta ahora la carrera de este político remontándose incluso a su época anterior a su incorporación, en 1969, al gobierno de Nixon. 

La película ha sido nominada a seis Globos de oro, de los que ganó el de mejor actor de comedia, y a seis Bafta, y se espera cuente con varias nominaciones para los Oscar. 



La película explora la historia real sobre cómo Dick Cheney, un callado burócrata de Washington, acabó convirtiéndose en el hombre más poderoso del mundo como vicepresidente de los Estados Unidos durante el mandato de George W. Bush, con consecuencias en su país y el resto del mundo que aún se dejan sentir hoy en día.

Con un guion muy trabajado, la película se desarrolla por caminos muy poco habituales en el genero. Es un biopic narrado en tercera persona por un narrador del que sabremos su identidad solo al final y en todo momento muy crítico con la persona retratada pero aun más con un entorno al que el calificativo de corrupto se le queda corto. Para Mc Kay, Cheney ha sido un claro representante, si no el ideólogo del neoconservadurismo y la doctrina Bush, la idea de que Estados Unidos puede imponer la democracia, si es necesario unilateralmente, ignorando a las Naciones Unidas y modificando la interpretación de las Leyes. 

La historia de Dick Cheney nos es narrada como si de un documental se tratara, pero utilizando elementos de comedia, roturas narrativas, imágenes de archivo, muy en la línea de su anterior película, con la que mantiene además una clara continuidad en dos de los principales intérpretes, Christian Bale y Steve Carrell y la producción de Brad Pitt. Se puede ver como un reportaje de investigación y de denuncia, en la línea de Michael Moore, que repasa la parte oculta del poder público y sus  conexiones con el sector privado, pero también como una comedia sobre un personaje político capaz de superar sus limitaciones, su juventud poco productiva, su incorporación sin brillantez al equipo republicano en Washington hasta saber aprovechar sus oportunidades y ascender hasta la vicepresidencia. Siempre con el apoyo de su mujer, Lynne, quien nos aparece como la auténtica cabeza pensante de la pareja. 


No conozco tanto a los personajes como para opinar sobre si las diferentes interpretaciones se asemejan en su forma de hablar a los auténticos como ha señalado la mayor parte de la crítica. Pero la transformación física de Bale, un especialista en este aspecto como nos demostró en El maquinista (2004) así como la caracterización de Sam Rockwell en Bush hijo son mas que notables. Me gustó mucho Amy Adams como Lynne Cheney.

Una película atractiva, con algunos altibajos, que nos analiza con cierto humor y mucha crítica lo que ha sido la política de los Estados Unidos antes de la llegada de Obama a la Presidencia y como ha desembocado en la situación actual. Todo con una cierta ambigüedad no en su enfoque pero si en el tono, que se pone ya de manifiesto en al título original, "Vice", con el doble significado de vicio y vicepresidente.

 

miércoles, 31 de enero de 2018

Cine: TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS


Dirigida por Martin McDonagh, un autor teatral y director (Escondidos en Brujas, 2008) del que vimos en 2014 la obra El cojo de Inishmaan. Tiene 7 nominaciones para los Oscar (Mejor película, actriz principal, 2 actores de reparto, guión original, banda sonora y montaje), 9 para los BAFTA, fue Globo de oro al mejor drama, actriz, actor de reparto y guión, y premios en Venecia, Toronto y San Sebastián. Un palmarés envidiable.



En una pequeña ciudad de Missouri, en la América profunda, en una carretera por la que no pasa apenas nadie desde que abrieron la autovía, Mildred (Frances McDormand), una mujer reivindicativa, implacable y vengativa, hace colocar tres anuncios sobre la muerte de su hija, violada y asesinada, como protesta contra la inoperancia de la policía local que no hace nada, según ella, para detener al culpable.
Esta historia está desarrollada con un guión excelente en toda su primera parte, con la presentación de los principales personajes. Mildred la madre justiciera que, según su propia intérprete, se inspira en John Wayne; el jefe de policía (Woody Harrelson), un buen profesional, afable y enfermo terminal; su segundo (excelente Sam Rockwell), un bravucón racista pegado a las faldas de su madre;  y también ésta,  el responsable de la agencia de publicidad, el hijo de Mildred... Todos ellos buenos personajes, bien construidos. Una serie de escenas que ponen de manifiesto la ira, el miedo, el deseo de venganza, momentos de gran crueldad que, sin embargo, gracias al tratamiento del director y guionista, ofrecen también una visión casi amable, de comedia. Esto da una sensación de irrealidad, de fábula sobre la necesidad de la reconciliación. Probablemente sea esta la razón de que, en su ultima parte, no me terminara de convencer una película muy recomendable.   

Excelente, como siempre,  Frances Mc Dormand, en un personaje que es a la vez heroína y antiheroína, una versión femenina de los justicieros del cine  y una madre destrozada por la muerte de una hija con la que no fue capaz de entenderse. 

Una buena película que puede conseguir varios premios en la Ceremonia de los Oscar.