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lunes, 5 de noviembre de 2018

Cine: EL ÁRBOL DE LA SANGRE


Julio Medem es un director, productor y guionista, ganador del Premio Goya al mejor director novel en 1993 por Vacas, película a la que siguieron títulos como La ardilla roja, Tierra, Los amantes del Círculo Polar... en las que mostraba un lenguaje y forma narrativa propios. Sus películas posteriores se movieron más por caminos de experimentación que, al menos en mi caso, dieron lugar a que no las viera o lo hiciera en TV, aunque Ma ma (2015) fue comentada en este blog por Ángel. Ahora nos llega su última película, una compleja historia de investigación e intriga donde me ha resultado más interesante el como cuenta la historia que la historia en si misma.



Rebeca y Marc son una joven pareja que viaja hasta un antiguo caserío que perteneció a la familia de Marc para escribir su historia en común. Durante esos días tratarán de recomponer un gran árbol genealógico con 25 años de relaciones de amor, desamor, sexo, locura, celos e infidelidades, que oculta el profundo misterio que marcó sus vidas y cuyo descubrimiento pondrá en peligro su propia historia de amor.

Una historia coral de dos familias (o mejor tres) y sus historias cruzadas, llena de giros, en que sus protagonistas nos hablan de temas universales como el amor, las mentiras, los secretos y los celos y también, y esta es la parte menos atractiva, de la presencia y actividad de mafias en nuestro pais. 

Narrada con constantes flashbacks que nos van descubriendo los secretos y las verdades ocultas tiene en la forma en que se sucede el pasado y el presente, su mayor atractivo. 

Parece que el melodrama ha tomado las pantallas en las últimas semanas, al menos en los que al cine español se refiere. Petra, Quien te cantará y ahora ésta son melodramas intensos, excesivos, narrados desde ópticas diferentes y siempre interesantes.

Una película de estas características necesita unos intérpretes que transmitan a sus personajes. En mi opinión, que contrasta con la del propio director, no lo consigue. Los dos principales , Ürsula Corbaró, popular por la serie de TV La casa de papel, y Alvaro Cervantes, a quien hemos visto también  en TV Carlos emperador y cine Los últimos de Filipinas, no dan la talla. Como, a mi parecer, tampoco la dan Daniel Grao y Joaquin Furriel, otros dos de los principales intérpretes. Y en el caso de Daniel Grao, tengo que recordar que me ha gustado en las dos ocasiones en que le he visto en teatro, y sin embargo en TV y cine, no tanto. El resto del reparto, con personajes más episódicos y con nombres de categoría como Ángela Molina, Emilio Gutiérrez Caba y José María Pou, junto a otros con menos renombre, cumple con mayor o menor fortuna con su cometido.

Película que interesa a ratos, con unas notables fotografía y música, pero que se resiente de sus excesivas vueltas narrativas, duración algo excesiva también y algunos interpretes por debajo de sus personajes.


lunes, 7 de mayo de 2018

Teatro: ILUSIONES



El Teatro Pavón Kamikaze acoge estos dias  la obra 'Ilusiones' de Iván Viriapev. Se trata del último montaje dirigido por Miguel del Arco, un drama protagonizado por los actores Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda.

Miguel del Arco hace su propia adaptación de la obra escrita por el dramaturgo Iván Viriapev, realizada expresamente por encargo de un teatro alemán. La traducción del texto ha corrido a cargo de Helena Sánchez Kriukova, y ha sido moldeada por Del Arco para ponerla en escena.




Ilusiones nos cuenta la historia de dos matrimonios. El de Dani y Sandra y el de Margarita y Alberto. Este último y Dani fueron amigos desde muy jóvenes, por tanto las dos parejas han mantenido una estrecha relación a lo largo de toda la vida. A través de las historias entrelazadas de las dos parejas, la obra presenta las paradojas de la pasión y la muerte, la lealtad y la traición, la verdad y la ficción. Una oscura y cómica disección del verdadero amor. Un recorrido por la relación entre dos matrimonios que intentan encontrar su lugar en el mundo. Comienza con la muerte de uno de los personajes, Dani y acaba con la de los otros tres personajes. Todos mueren habiendo superado los ochenta. 

Pero no son ellos quienes nos cuentan su historia sino que lo hacen cuatro narradores de los que solo sabemos que son jóvenes. Un juego en el que sus relatos son dirigidos al público a veces en tercera persona, otras en primera, sin que parezcan implicarse personalmente en el relato. Es como si el dolor, las inseguridades de estos dos matrimonios no les afectaran. "Exponen fragmentos de sus existencias tan profesionalmente como lo haría un aséptico equipo forense, pero no con el mandato de mostrar un cadáver sino de crear la ilusión de la vida", dice el director y adaptador, Miguel del Arco. 

Una estructura dramática muy relativamente novedosa, donde cada narrador es un  personaje u otro sin que exista una identificación, presentándonos una serie de situaciones un tanto irregulares en importancia y desarrollo, más propio todo ello de un texto escrito que representado. 

Lo mejor es la puesta en escena, con una escenografía de Eduardo Moreno que ha diseñado una especie de desván antiguo lleno de recuerdos e iluminación de Juanjo LLorens.  Y los intérpretes. Una vez más destacan especialmente ellas. Marta Etura y, sobre todo Verónica Ronda, a la que no recuerdo haber visto antes. Los narradores masculinos tienen personajes menos logrados, aunque Daniel Grau vuelve a mostrarse como el buen actor que es en su personaje de "gracioso" de la obra, y Alejandro Jato completa el grupo adecuadamente. 



Un texto que empieza muy bien y se debilita en su parte central, una buena puesta en escena e interpretación. Interesante


martes, 4 de octubre de 2016

Teatro: LA PIEDRA OSCURA


Estrenada en 2014 en Montevideo, su estreno en España, en la sala pequeña del María Guerrero en enero de 2015, convirtió a La piedra oscura en una de las revelaciones de la temporada, siendo objeto de diferentes reposiciones en Madrid y de numerosas representaciones por toda España, incluyendo una en el Teatro Mira, aquí en Pozuelo. 
Por diferentes razones no había tenido oportunidad de verla hasta ahora en que en una nueva reposición, se presenta en el Teatro Galileo de Madrid.

La obra está inspirada libremente en la figura de Rafael Rodríguez Rapún, un
estudiante de minas, secretario del teatro universitario La Barraca y
compañero de Federico García Lorca en los últimos años de sus vidas. Rapún
murió el 18 de agosto de 1937 –justo un año después de Federico– en un
Hospital Militar de Santander. Le habían herido antes en el transcurso de un
ataque aéreo cerca de Bárcena de Pie de Concha, un municipio de Cantabria situado a 60 Kms de Santander. Por lo tanto el encuentro del que se ocupa la obra es ficción. Sin embargo el resto de informaciones, datos, nombres, sucesos, etc. son el resultado de la investigación que desarrolló él autor durante años. El autor es Alberto Conejero, nacido en 1978, licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Otras obras suyas son La extraña muerte de una cupletista contada por su perro  Cliff  (acantilado),  estrenada en Buenos Aires en 2012 y en Madrid en 2014; Ushuaia,  y Húngaros. Tiene pendiente de estreno en Madrid (enero 2017) Todas las noches de un dia, con Blanca Portillo y José Luis Garcia-Pérez. No conozco ninguna de ellas. 

Ha ganado varios premios y la obra que comento se hizo con cinco Premios Max en la última edición.




Una habitación de un hospital militar cerca de Santander; dos hombres que no se conocen y que están obligados a compartir las horas  de una cuenta atrás que quizá termine con la muerte de uno de ellos al amanecer. Un secreto envuelto en remordimientos y un nombre que resuena en las paredes de la habitación: Federico. Queda tan sólo la custodia de unos documentos y manuscritos como último gesto de amor. 


Tal como reconoce el autor, Rafael realmente murió desangrado en un hospital republicano de Santander pero él construye la  ficción de que pasara su última noche custodiado por un joven del ejército sublevado lo que le permite generar no sólo tensión dramática sino explorar los mecanismos del encuentro y la redención, que son temas fundamentales de la obra. Es una obra sobre el encuentro decisivo de dos hombres en el que un lenguaje automatizado, lleno de prejuicios y miedos, se va resquebrajando para dar lugar a una especie de intimidad entre ellos. Como dice el director de la puesta en escena, lo que vemos es lo que ocurre cuando dos seres humanos están uno frente al otro  en una situación extrema. Qué pasa con sus certezas, con su criterio moral, con lo que creen que está bien o está mal. Contar qué pasa con dos personas que en principio parecen muy lejanas y que acaban no solo encontrándose, sino necesitándose.

El texto tiene  tensión dramática y pulso poético. La puesta en escena es correcta y sencilla como también la interpretación. El director es Pablo Messiez, también autor en ocasiones, que ha realizado, al parecer, varios montajes interesantes en los últimos años (Las criadas, Ojos, La distancia...) aunque no he tenido ocasión de verlos. Los intérpretes son Daniel Grao y Nacho Sánchez. Al primero lo hemos visto últimamente en bastantes ocasiones. En TVE está en La sonata del silencio y va a protagonizar La catedral del mar en Antena 3. En cine le acabamos de ver en Julieta. Nacho he leido que ha debutado profesionalmente con esta obra, aunque despues de casi dos años interpretándola ya no cabe hablar de él como debutante. Los dos están muy bien.

Una obra que vale la pena ver.

martes, 26 de abril de 2016

Cine: JULIETA


Creo que a estas alturas nadie puede dudar de la importancia de Pedro Almodóvar en el panorama del cine español. Ganador de dos Oscar (mejor guión -Hable con ella- y mejor película en lengua no inglesa -Todo sobre mi madre-) y con otras dos candidaturas, ganador de dos Globos de oro, con otras cinco candidaturas, cinco premios Bafta (academia británica) y seis candidaturas, seis Goya sobre más de veinte candidaturas, premios de las academias francesa e italiana, Premio nacional de cinematografía y Premio Príncipe de Asturias, entre otros avalan su carrera. Es además un director que tiene un estilo propio que hace que la mayor parte de sus películas sean tanto argumental como formal y visualmente reconocibles. Todo lo cual no impide que la mayor parte de sus películas no me satisfaga. 

Llega ahora la que creo que es su vigésima película, Julieta. Las tres que dirigió después de Volver, su mejor película en mi opinión, no las fui a ver al cine y aunque tuve oportunidad de verlas en TV, lo cierto es que no las ví enteras. En el caso de la última, Los amantes pasajeros, la quité al cabo de unos minutos por que me hacía sentir vergüenza ajena.



Julieta nos cuenta el drama de treinta años de la vida de una mujer, centrándose en algunos momentos.  Su enamoramiento de Xoan, un pescador con el que tiene una hija, Antía. La muerte de Xoan en el mar. La huida de la hija cuando alcanza la mayoría de edad. La búsqueda, el intento de comprender la razón de ese abandono y la posibilidad de un reencuentro. Todo ello basado en tres relatos de Alice Munro, incluidos en su libro Escapada: Destino, Pronto y Silencio. No los conozco. Voy a ver si los consigo.

No me convenció la estructura narrativa de la película. A partir de la decisión de Julieta de abandonar Madrid con su nueva pareja para instalarse en Portugal y su posterior encuentro con una antigua amiga de su hija quien le informa que se la encontró en algún lugar de Italia, Julieta  cambia de opinión y se queda en Madrid. Y empieza a escribir una carta a su hija, una analepsis que abarca gran parte de la película. Aparte de que no me gusta el recurso de una carta de cuyo destinatario no se conoce el paradero, el relato se va desarrollando con una acumulación de elementos dramáticos que  me parecieron, en muchos casos, sin más justificación que llevar el relato a donde el autor quiere, sin una motivación lógica en los acontecimientos que nos narra. Todo para conducirnos por el permanente sentimiento de culpa con el que carga la protagonista. Y una galería de secundarios recargada de dramatismo. El que luego será su marido, tiene una esposa enferma terminal. La madre de la protagonista está también muy enferma  y su padre se lía con la chica que la cuida. Su hija establece una repentina y gran amistad con otra chica, Bea, en un campamento de verano, lo que dará lugar a una serie de circunstancias un tanto forzadas para que avance la historia por el camino que le interesa al autor.  

Me gustó el personaje de Rossi de Palma, una especie de señora Danvers (Rebeca), una sirvienta arisca, que se constituye en motor dramático de la historia, pero, en cambio, personajes como la madre de Bea (Pilar Castro), su nueva pareja (Darío Grandinetti) o la amiga ¿fiel o infiel? (Inma Cuesta) me parecen ficticios. Están ahí como postes de dirección para guiarnos en el drama por donde Almodóvar quiere. 

No obstante lo expuesto, la película mantiene el interés. Nos habla del destino, del complejo de culpa y de ese sentimiento que puede hacer abandonar a las personas a las que se ama, haciéndolas desaparecer de la vida como si nunca hubieran significado nada. Del dolor que provoca el abandono de un ser querido. Y lo hace, con un lenguaje visual lleno de símbolos y referencias, en muchos casos, a sus propias películas anteriores. Dice Almodóvar que las películas hay que verlas más de una vez para poder apreciarlas. Creo que, en muchos casos, esta afirmación es cierta. Es posible que Julieta gane en una segunda visión. Pero me temo que seguiré encontrando los mismos defectos narrativos.


Un detalle interesante de la película es la utilización de dos actrices diferentes para el personaje principal. Como la película se desarrolla a lo largo de treinta años, el utilizar a una misma actriz hubiera supuesto un trabajo de caracterización que hubiera restado credibilidad. Es cierto que, por ejemplo, en Isabel, la serie de TV, la misma actriz representa a la reina a lo largo de más de treinta años, pero en cualquier caso no me parece una mala decisión, aunque existe poco parecido entre las dos actrices. Estas son Adriana Ugarte y Emma Suarez, 31 y 51 años de edad en la realidad. Me gustó más Emma, con un papel que se presta más al lucimiento dramático.

El resto de los intérpretes figura en personajes secundarios  cuando no esporádicos, aunque el elenco es espectacular. Xoan es Daniel Grao, popular por varias series de TV, ha brillado en La piedra oscura que ganó ayer el Premio Max a la mejor obra teatral, premios en los que era finalista como mejor actor y anteriormente en La avería, por la que fue ganador de mejor secundario. Antía es Blanca Parés, popular por El secreto de Puente viejo. Rossi de Palma es Marián, la sirvienta gallega que desencadenará el drama. Y en papeles más secundarios  Inma Cuesta, Susi Sanchez,  Michelle Jenner, Joaquin Notario, Nathalie Poza, Darío Grandinetti, Pilar Castro...

En resumen, aunque no me gustó, creo que es una película tan interesante como discutible, muy en la línea del cine de Almodóvar, que cuenta, además, con un notable diseño visual.