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martes, 22 de noviembre de 2016

Teatro: INVENCIBLE

Invencible es una comedia que se mueve entre el enredo y la sátira social. El autor es el británico Torben Betts, con una larga carrera como dramaturgo. Casi 20 obras estrenadas desde 1999 de las que no me consta que se haya estrenado ninguna en Madrid. La versión española de la obra es de Jordi Galcerán.
El autor vendió en 2003 su apartamento londinense y se trasladó con su familia a una casa en una localidad en el límite entre Inglaterra y Escocia, aprovechando unos precios más asequibles que los de Londres. El urbanita de clase media se topó con otro estilo de vida; en su calle, ha relatado, vivía mucha gente trabajadora y esa confrontación entre estratos social y culturamente distintos fue el caldo de cultivo de esta obra.




En este trailer está Natalia Verbeke que ha sido sustituida por Pilar Castro.


Una pareja con un estatus social y cultural de clase media alta (él un funcionario y ella una izquierdista de manual) se ve obligada, por la crisis económica, a trasladarse a un barrio más humilde de la periferia. Deciden entonces relacionarse con unos vecinos (un cartero y una recepcionista de clínica) para adaptarse a su nuevo entorno. Lo que en un principio parece una declaración de buenas intenciones acaba convirtiéndose en una pesadilla para las dos partes, 
mostrando la crudeza de las relaciones entre personas de diferente estatus social y cultural, así como el daño que se pueden hacer entre ellas.

Con un principio que me recordó a Los vecinos de arriba y un desarrollo que, en algunos momentos se acerca a Un dios salvaje, Invencible nos muestra el enfrentamiento entre dos parejas con una concepción totalmente distinta de la vida. Emilia (Maribel Verdú) es una izquierdista de manual, tópica, llena de lugares comunes, mientras Julio, su marido (Jorge Bosch) le sigue la corriente sin el menor convencimiento. Estoy seguro de que existen parejas así, pero no consigo creerme su relación. Laura (Pilar Castro) y Pablo (Jorge Calvo) componen la otra pareja. Son personas bastante vulgares no solo desde el punto de vista de los anfitriones. Ella, ceñida y provocativa  y él, un hincha futbolístico de barriga cervecera e imitador de Chiquito de la Calzada. ¿Por qué invitan a esta pareja, con la que no tienen nada en común? Porque en caso contrario, no habría obra. 

El autor opone la condescendencia pedante de los primeros a la simplicidad hortera de sus invitados, dueños de un gato, el invencible del título, que juega un papel clave en el desarrollo de la obra. Esa oposición acabará mostrando las verdaderas personalidades de todos.

Todo esto está en la obra, pero tengo que decir que no me llegó. Los personajes son o tópicos (Emilia y Pablo) o falsos (Julio). Y el desarrollo de la acción con demasiados guiños en busca de la risa fácil. Está muy bien construida la escena del equívoco en la confesión de Julio, pero sin embargo el desenlace me pareció mal construido y desarrollado.

La dirección es de Daniel Veronese del cual he hablado en otras ocasiones. Tanto él como los intérpretes tienen que lidiar con un texto inferior a sus posibilidades.  Y se han decantado en exceso por una línea de comedia  que no me convence.



martes, 8 de septiembre de 2015

Teatro: BAJO TERAPIA


Estrenada en enero de este mismo año en Buenos Aires y escrita por el autor argentino Matías del Federico,  se representa, con notable éxito de público (la sesión a la que yo asistí estaba al completo), en los Teatros del Canal, en Madrid. La obra ganó en su país  el certamen Contar 1,  que busca estimular las obras de dramaturgia local en la cartelera comercial y también de eliminar prejuicios de algunos autores que descartan escribir para este circuito. La adaptación la ha realizado David Serrano, que ha dirigido en teatro La venus de las pieles, Lluvia constante y Buena gente, entre otras, y es autor de guiones y director de algunas películas y cortos. El responsable de la puesta en escena es el también argentino Daniel Veronese  que se presentó en España hace unos años con Mujeres soñaron caballos, de la que también es autor, y ha dirigido  Los hijos se han dormido, una adaptación de la Gaviota de Chejov, y ¿Quien teme a Virginia Wolf?, entre otras.



En una noche de viernes tres parejas participan en una sesión muy particular. Antonia, la psicoanalista que comparten en privado por parejas, les ha citado en un salon impersonal y minimalista.  En el salón no hay nadie, nadie les espera, y las tres parejas no saben muy qué hacer. Es la primera vez que se ven. Todo se aclara cuando alguien descubre en una mesa una nota de la psicóloga. “No os habéis equivocado”, leen atónitos. “Es una sesión que vais a dirigir vosotros mismos en una terapia de grupo. Hay ocho sobres que tendréis que ir abriendo numéricamente y haciendo lo que allí leáis”. Menudo marrón, piensan todos, pero se animan a ello con más o menos entusiasmo.  Los seis personajes se sentirán impulsados a expresar el lado oculto de su vida en pareja descubriendo años de mentiras y verdades, de amor y desamor, de iras y cariños desvelando con humor las frustraciones, desencuentros íntimos, engaños y conductas violentas de cada cual. En resumen, el enredo de la vida en común de la pareja.

La obra se mueve claramente dentro de la línea del teatro de Jordi Galcerán. Un teatro bien construido, con diálogos ágiles, mucho ritmo, continuas sorpresas que rompen el discurso y un desenlace que rompe con todo lo anterior. Concretamente la sombra de El método Gronholm está continuamente presente tanto en el desarrollo de la trama como en el desenlace.

Teatro comercial, bien construido, pero, como en el caso de Galcerán, falto de una mayor profundidad y con un desenlace donde prima la sorpresa sobre la lógica, pero tan sobrecogedor y amargo, que el público se queda petrificado y sin aliento. Como se decía hace años en La Codorniz, tiemble después de haber reído.

La puesta en escena y la interpretación son tan eficaces como la obra. Manuela Velasco (Todos eran mis hijos, Feelgood y la serie de películas REC), Melani Olivares (Aida) y Carmen Ruiz (Mujeres, Las dos bandoleras) son las actrices. Gorka Otxoa (Pagafantas), Fele Martinez (Tesis, Continuidad de los parques, El gran teatro del mundo) y Juan Carlos Vellido (al que no recuerdo haber visto antes) los actores. Todos ellos cumplen su cometido aunque de destacar a alguien, sería Carmen Ruiz para bien  y Gorka Otxoa para menos bien. Pero están muy condicionados por sus personajes.

Teatro comercial un tanto alejado de lo que se espera de Veronese pero digno y eficaz.

Por cierto que dentro del panorama teatral para el último trimestre destaca la programación de los teatros del Canal. Una versión de El Principe de Maquiavelo con Fernando Cayo, Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman con Ricardo Darín, La clausura del amor con Barbara Lennie e Israel Elejalde y La viuda alegre con Natalia Millán son el poker de ases de la temporada.