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martes, 26 de noviembre de 2019

Cine: INTEMPERIE


Intemperie, la novela de Jesús Carrasco publicada en 2013, fue elegida como la mejor novela por los lectores de El Pais y Libro del año por los libreros españoles. Un gran éxito que formó parte de nuestras lecturas en el curso 2013-14. Ahora nos llega la versión cinematográfica dirigida por Benito Zambrano, director de pocas pero destacadas películas como Solas (1999), ganadora de cinco Goyas y La voz dormida (2011), sobre la novela de Dulce Chacón. Inauguró la Seminci en Valladolid.

Recuerdo con agrado la novela de Jesús Carrasco y he encontrado en la película las situaciones que más quedaron en mi memoria. Esta adaptación, hecha por el propio Zambrano y Pablo y Daniel Remón, dos prestigiosos guionistas y dramaturgos, ha renunciado al planteamiento de la novela que no situaba la acción ni temporal ni localmente, aunque muchos lectores pensamos que ocurría en la España rural alrededor de la Guerra civil, y la han situado en Andalucia, 1946.  Cuenta Zambrano que el guion le llegó con lo difícil ya hecho: los hermanos Remón ya habían sabido extraer la película que había dentro de la novela. Lo que él hizo fue llevarla a su terreno, concentrar el drama sin perder la acción, desarrollando personajes, aportando otros nuevos, cambiando la edad del personaje de Luis Tosar, y el papel del villano: de alguacil administrativo a capataz de latifundio, subrayando así la denuncia social y la política y haciendo desaparecer el componente religioso de la novela. 





Un niño escapa de su pueblo dispuesto a alejarse lo más posible de la vida que lleva allí de pobreza y de sumisión, casi esclavitud, junto a sus padres y a su hermana. Lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente del infierno del que huye. Ante el acecho de sus perseguidores al servicio del capataz del pueblo, sus pasos se cruzarán con los de un solitario cabrero pastor que le ofrece protección. 

Una notable película, dura y cruel como el escenario en que se desarrolla. Zambrano y los hermanos Remón han convertido la historia en un western emparentado con historias tan españolas como Los santos inocentes. Una historia donde la huida y la persecución se dan la mano con la amistad y la compasión. Todo ello narrado con tensión e intriga, con un ritmo bastante pausado y con una estética que nos lleva a las películas del oeste. Porque estamos hablando de un western situado en tierras de Andalucía. Como dice el director, este es el gran género rural del cine y aquí estamos en el campo árido, con polvo y caballos. El paisaje, muy bien utilizado por Zambrano,  es un elemento fundamental, el secarral en el que se desarrolla la narración es un personaje más de la historia, impregnando a esta la sensación de soledad y abandono de los protagonistas.

Se apoya, además, en las interpretaciones, especialmente las de Luis Tosar (otro actor que siempre está bien) y el niño Jaime López, al que vimos en Techo y comida (2015) junto a Natalia de Molina. Y una niña, Elisa López Pinilla, la hermana del personaje, en sus breves intervenciones, llenas de emoción. Luis Callejo, Vicente Romero y Manolo Caro destacan también.

Es una lástima que se hayan cargado tanto las tintas en la maldad de los personajes perseguidores. Son demasiado "malos", sin el menor rastro de humanidad, un tanto esquemáticos, lo que les convierte casi en caricaturas. Y la resolución de la historia, demasiado cercana al clásico duelo final de las películas del oeste. Muy bien rodada, con tensión, pero más propia de un western de Sergio Leone que de un drama rural.

Pese a estas pegas, me pareció una película muy recomendable, uno más de los buenos títulos del cine español este año, y que me sorprendería que no estuviera en varios apartados como finalista de los Goya. 

sábado, 1 de octubre de 2016

Cine:EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS


Dirigida por Alberto Rodriguez, uno de los más interesantes directores españoles, del que comenté el año pasado La isla mínima, probablemente la mejor película española del año.



En los años noventa al gobierno socialista le sobresaltó el llamado caso Roldán. Luis Roldán había llegado a ser Director General de la Guardia Civil puesto del que había sido cesado por sospechas de corrupción. Paralelamente, Francisco Paesa, ex agente secreto del gobierno español y responsable de la operación contra ETA más importante de la historia, se vio envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y hubo de huir del país. 

Cuando regresa al cabo de los años está arruinado y su vida personal atraviesa su peor momento. En estas circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán y de su mujer Nieves Fernández Puerto. Ambos le ofrecen un millón de dólares a cambio de ayudarles a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de mejorar su situación económica, y de paso, vengarse del gobierno español para lo que pone en marcha una  operación de espionaje con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes. 
El ex agente tendrá un papel determinante en la fuga y posterior entrega de Luis Roldán. Tras un duro y largo trabajo, Paesa pudo entregar a las autoridades a Roldán, siendo posteriormente juzgado y enviado a prisión por los delitos de malversación de fondos públicos, cohecho, fraude fiscal y estafa. 

A partir de estos hechos y basándose en una novela de Manuel Cerdán, periodista de investigación que ha trabajado en diferentes medios de comunicación, Alberto Rodriguez y Rafael Cobos han construido una historia de acción donde las trampas, las mentiras y los pactos son las señas de identidad de los personajes. Unos personajes reales donde algunos hechos son verdaderos y otros podrían serlo. O no. 


La película tiene una puesta en imágenes irreprochable, con algunas interpretaciones y una caracterización excelentes. Lo que no gustó tanto es la forma narrativa escogida: un narrador que es personaje (creo que no responde a ninguno real). No es una fórmula nueva ni mucho menos y, probablemente, es adecuada para contarnos una historia como esta. Por lo que he leido es una decisión muy meditada y realmente resulta difícil saber cual podría haber sido una manera más eficaz, pero no me acabó de convencer.

Dejando esto al margen, tengo que decir que salvo una caída de ritmo y tensión en la segunda mitad, la película me gustó mucho. Es sorprendente que una historia más o menos conocida por todos y de la que sabemos muchos detalles consiga mantener de tal forma el interés. A ello contribuye especialmente la excelente interpretación de Eduard Fernández como Paesa. Hace unos días al comentar Lejos del mar, decía que este actor siempre me gusta. Aquí está que se sale. Premiado merecidamente en San Sebastián. Le acompañan Carlos Santos, muy bien caracterizado como Luis Roldán, José Coronado como su amigo y narrador Jesús Camoes, y una serie de actores en personajes más episódicos como Marta Etura como la mujer de Roldán, Pedro Casablanc y Luis Callejo (al que acabo de ver en Tarde para la ira), con una caracterización muy notable del entonces ministro de justicia e interior, Juan Alberto Belloch.

Muy recomendable, en mi opinión