Hace un par de años la película El desconocido nos descubrió a Dani de la Torre, un director que se mostraba con una notable capacidad para el cine de acción. Se ha estrenado ahora su segunda película, La sombra de la ley. Una película de gangsters ambientada en la Barcelona de 1921 que lo primero que ha traído a mi cabeza ha sido la serie El Continental, de TVE, que está pasando con más pena que gloria por la primera cadena. Influye en ello, sin duda, un alto número de coincidencias, desde la presencia de una misma protagonista femenina, Michelle Jenner, hasta un esforzado y a veces brillante trabajo de ambientación, un buen envoltorio para un producto que no da la talla.
Año 1921. España vive un momento de violentos enfrentamientos callejeros entre matones y anarquistas. El gansterismo y los negocios ilegales están instalados en la sociedad. Aníbal Uriarte (Luis Tosar) llega a Barcelona para colaborar con la comisaría local de policía en la detención de los culpables del robo de armas a un tren militar. Aníbal entrará en contacto no sólo con los bajos fondos de la sociedad barcelonesa sino también con el mundo anarquista más radical, dispuesto a todo para conseguir sus objetivos. Allí conocerá a Sara (Michelle Jenner), una joven luchadora y temperamental. Una película de gangsters con un tratamiento que recuerda al cine americano de este género. .Una aproximación a una época convulsa en la historia de España. La Barcelona a la que llega Aníbal Uriarte es una Barcelona con una patronal preocupada por el auge de la CNT, que utiliza una banda de pistoleros manejada por el “Barón” y tolerada por un cuerpo de policía corrupto y torturador enfrentado con otra parte del Cuerpo, legal y ética. Y dentro de la CNT, dos tendencias: la pacífica representada por Salvador, el padre de Sara, y la partidaria de la acción violenta representada por los grupos de acción. Todo esto está claro que tiene una base histórica, aderezada con la situación política nacional, con un Estado preocupado por la situación en Marruecos, el desastre de Annual y el asesinato de Eduardo Dato. Una serie de personajes que pueden identificarse con personajes reales como el Barón Köenning y Antonio Soler, el "mallorquin", el dirigente sindical Salvador Seguí, el jefe de policia Miguel Arlegui,. además del Gobernador militar de Barcelona y posterior Ministro de Gobernación en la Dictadura de Primo de Rivera, Martinez Anido, principalmente conocido por su papel en la dura represión policial del anarquismo en Barcelona a comienzos de la década de 1920 y otros totalmente de ficción. .Una mezcla que no consigue casar adecuadamente dando lugar a una aceptable película de acción que pierde credibilidad cuando se interna en la situación política y, sobre todo, el desarrollo de su trama . No obstante, no hay que pedir fidelidad histórica a una película sino que la trama y los personajes sean creíbles y verosímiles. Y aquí es donde, en mi opinión, falla claramente la película. Nos encontramos con un personaje central demasiado indefinido. Tiene un pasado que no se nos aclara y un presente demasiado ambiguo en sus relaciones con los distintos estamentos. Una heroína anarquista y feminista que se mueve entre las dos tendencias de la CNT. Y un resto de personajes y situaciones que dan la sensación de haber sido vistas en infinidad de ocasiones. Empresarios sin escrúpulos, pistoleros a sueldo, anarquistas enfrentados (los que abogan por el diálogo y los que no ven más opción que la violencia), policía corrupta y violenta, artistas de Music hall, autoridades... Todo ello narrado con superficialidad, con situaciones faltas de lógica, un guión disperso, diálogos que buscan la frase brillante mas que la credibilidad. Muy por encima de la trama queda el aspecto artístico y técnico. Y un amplio y, en general, correcto reparto en el que destacan Manolo Solo y Ernesto Alterio.
El 21 de julio de 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en poner el pie en la Luna. Desde que en 1962 se había incorporado a la NASA Armstrong había participado directa o indirectamente en todos los programas llevados a cabo con el fin de conseguirlo. En ese proceso vio como algunos programas fracasaban, algunos compañeros fallecían en el intento y tuvo que superar graves peligros en los vuelos de prueba. Muchos años después James Hansen se puso en contacto con él para que le autorizara a contar su historia. "Tardé unos dos años en convencerle", recuerda. "La familia de Neil estaba totalmente de acuerdo en que se escribiera una biografía". Autorizado finalmente, vio la luz First Man: The Life of Neil A. Armstrong, en el que se basa la película que comento. Está dirigida por Damien Chazelle, director de Whiplash y de La, la land.
Cuenta la historia del programa espacial de la NASA en la carrera con Rusia por conseguir llevar al primer hombre a la Luna, centrada en Neil Armstrong (Ryan Gosling) y el periodo comprendido entre los años 1961 y 1969, el que va desde la pérdida de su hija por un tumor cerebral a la llegada a la Luna. Un relato que explora los riesgos que corrieron los astronautas y el costo que supuso para ellos y sus familias. Aunque no lo consigue del todo, la película parece huir de la épica y centrarse más en el aspecto personal de Armstrong, sacrificando la emoción y el espectáculo. Asistimos a los fracasos de algunas de las misiones, a los peligros resueltos por la habilidad del piloto que incluso ve cuestionada su actuación en el primer acoplamiento espacial. Las dudas de su familia (atractiva la figura de su esposa - Claire Foy, la reina Isabel de The crown, que es capaz de enfrentarse a a la agencia y a su marido). Todo está contado con la calidad que cabe esperar de una producción de este tipo. Pero yo eché en falta un poco de emoción. La narración no consiguió transmitirme el peligro de estas misiones. Sin duda influye el hecho de que todos sabemos lo que ocurrió, hemos podido ver el momento real del desembarco en nuestro satélite y sabemos que la misión fue un éxito, pero cabía pedirle a la narración una mayor sensación de peligro. Por lo demás la película es interesante aunque quizá demasiado impersonal por parte de un director que en sus películas anteriores si dejó huella de su personalidad..
Se trata de la cuarta versión de este título, que a su vez ya fue nueva versión de Hollywood al desnudo, película dirigida por George Cukor en 1932, a partir de un cuento de Adela Rogers cuyo guión fue candidato al Oscar en la categoría de guion original. William A. Wellman en 1937 (7 candidaturas al Oscar y ganadora como mejor guion original), el propio George Cukor en 1954 ( 6 candidaturas), Frank Pierson en 1973 (4 candidaturas) fueron los directores de las versiones posteriores. Los personajes principales han ido evolucionando. Así en las dos primeras ella es una aspirante a actriz, mientras que en el resto de las versiones es cantante. Judy Garland, Barbra Streisand precedieron a Lady Gaga en el papel. Por la parte masculina, era director en la original, actor en las dos siguientes y cantante de rock en las dos últimas. Fredric March, James Mason y Kris Kristofferson precedieron a Bradley Cooper.
Jackson Maine (Bradley Cooper) es una estrella del rock, consagrada pero en decadencia, que descubre y se enamora de Ally (Lady Gaga), una joven cantante que lucha por salir adelante, justo cuando Ally está a punto de abandonar su sueño. Jack decide ayudarla en su carrera hacia la fama. La felicidad de la pareja se ve empañada por el declive de él, su caída en el alcohol y las drogas y el rápido ascenso al estrellato de ella.
Bien dirigida por el propio Bradley Cooper sobre un guión en el que se nota la mano de Eric Roth, ganador de un Oscar por Forrest Gump, es una película de una gran eficacia y solidez. Aunque la historia que nos cuenta es conocida y todo lo que ocurre no puede sorprendernos, lo cierto es que, sobre todo en la primera mitad, nos interesa y consigue nuestra atención. Después pierde algo de interés. La decadencia del protagonista y el ascenso de ella son un tanto tópicos y podrían haberse abreviado hasta llegar al emotivo desenlace. Tanto Lady Gaga como Bradley Cooper están muy convincentes tanto actuando como cantando una banda sonora que incluye una canción a la que difícilmente se le escapará el Oscar. Unos premios en los que, siguiendo la tradición de sus antecesoras, optara en varias categorías. La verdad es que me gustó. un producto clásico de Hollywood, bien realizado. .
Una comedia negra bastante insulsa. Está dirigida por Gracia Querejeta, la directora de películas casi siempre interesantes entre las que destaco Héctor y, sobre todo, Siete mesas de billar francés. Su película más reciente era Felices 140 que comenté en su momento. Ya en ésta parecía decantarse por la comedia negra como género, no obstante Ola de crímenes, va mucho más allá. Se nota la mano del guionista, Luis Marías, autor del guión de las dos primeras películas de Enrique Urbizu, Tu novia está loca y Todo por la pasta. El recuerdo que tengo de esta última podría enlazar con la que comento.
Leyre (MAribel Verdú) es un ama de casa divorciada, que vive de forma acomodada con su hijo. Cuando éste, en un arrebato, mata a su padre, ella trata de ocultarlo lo que desata una caótica ola de crímenes en la ciudad de Bilbao, en la que acaban involucradas la nueva pareja del difunto (Paula Echevarría), su abogada ( Juana Acosta), dos policias autonómicos, una empresa de mudanzas y un taxista.
Una trama que pretende ser ingeniosa pero que por culpa del guion y una realización ineficaces se queda en una torpe parodia. Con un reparto de figuras desaprovechado, con unas situaciones poco afortunadas y, algunos diálogos sin chispa y nada ocurrentes. Un juego de convertir algunos personajes masculinos tópicos en femeninos, pero sin éxito, en un, quizá, guiño feminista. Como curiosidad, en la película debuta como actor Miguel Bernardeau, hijo de Belén Rueda. Sinceramente, una gran decepción viniendo de una directora como Gracia Querejeta.
El capitán es una multicoproducción europea que se basa en un hecho real sucedido en la 2ª guerra mundial. Está dirigida por Robert Schwentke sobre su propio guion. Se trata de un director alemán, que ha desarrollado su carrera también en USA, con bastantes películas poco distinguidas en las que destacan algunas de la serie Divergente, que desconozco. El capitán, en blanco y negro, consiguió el premio a la mejor fotografía en el festival de San Sebastián en 2017
En los últimos momentos de la II Guerra Mundial, un joven soldado desertor, perseguido y hambriento, encuentra casualmente el uniforme de un capitán nazi. Haciéndose pasar por oficial, reúne a un grupo de desertores y comienza a matar y saquear a su paso, sembrando el horror entre la población, asumiendo la monstruosa identidad de aquellos de los que trata de escapar. Una nueva aproximación al horror nazi, ahora a través de la transformación que experimenta un joven desertor cuando se puede hacer pasar por oficial. Lo que podría suponer la salvación se transforma en una actuación tanto o más cruel que la de aquellos de los que huye. Su llegada a un campo de prisioneros desencadena una sucesión de violentas ejecuciones de otros desertores como él. Su nueva personalidad le permite actuar con impunidad en un proceso de degradación moral que se dirige contra los inocentes, no contra los responsables de la barbarie. Lo peor es que se trata de un caso real y que acabó con ciento setenta vidas. Y lo que vemos es como un psicópata puede en un momento determinado, si se dan las circunstancias favorables, manifestarse en toda su plenitud. Y lo sencillo que le resulta encontrar cómplices. Una historia brutal e incómoda que resulta demasiado desagradable, pese a que el blanco y negro nos ahorra la visión de la orgía de sangre en que desembocan sus acciones. Pero que por otra parte nos muestra lo sencillo que resulta para el ser humano cometer los actos más terribles... y justificarlos.
El reverendo está dirigida por Paul Schrader quien fue conocido por ser el autor del guion de Taxi driver (Martin Scorsese, 1975), lo que le abrió las puertas a la dirección. Entre otros guiones, destaca su colaboración con el propio Scorsese en Toro salvaje y La última tentación de Cristo. Su trabajo como director ha tenido menos repercusión y en su carrera destacan sus primeros títulos, Blue collar, Hardcore, American gigolo y El beso de la pantera. La religión, las difíciles relaciones familiares y sentimentales, una sociedad manipulada y sin esperanza, los personajes autodestructivos y de complicada psicologia, apasionados e intensos, son algunos de los temas recurrentes en su filmografía.
El reverendo Ernst Toller (Ethan Hawke) es un párroco solitario de una pequeña iglesia en el estado de Nueva York que está a punto de celebrar su 250 aniversario, convertida casi en una atracción turística, ya que está un tanto eclipsada por su iglesia matriz cercana y sus instalaciones de vanguardia. Cuando una feligresa embarazada le pide al reverendo que aconseje a su marido, un ecologista radical, Toller se sumerge en su atormentado pasado y se encuentra a sí mismo cuestionando su futuro y el paradero de la redención. Con claras referencias a clásicos de Robert Bresson, Ingmar Bergman y Carl T. Dreyer y con un formato de 4:3, poco habitual, Schrader nos cuenta una historia dura sobre la opresión a la que se ve sometido su personaje, un pastor marcado por la muerte de su hijo en Irak, al que el encuentro con un activista radical y su esposa le atormenta con una visión de un mundo en el que no hay síntomas de cambio ni refugio para la esperanza. Algo bastante habitual en el cine de este director. La trama mezcla temas generales como el futuro del planeta, el terrorismo, la mercantilización de la religión, con la desesperación y la soledad espiritual. Todo ello rodado de forma pausada, fría, sin música ni, apenas, efectos. Solo un personaje que ha perdido a su hijo, su fe y sus convicciones.
Destaca la presencia continua de Ethan Hawke, convincente en su angustiado personaje, y la de Amanda Seyfried, que rodó estando embarazada. Película interesante, cargada de ideología nihilista, pero que puede resultar abrumadora
Dirigida por Rodrigo Sorogoyen, de quien hemos visto Stockholm y Que Dios nos perdone (para mi la mejor película española de 2016), además de un excelente corto, Madre, que parece va a desarrollar en su próximo proyecto. El reino es una coproducción con Francia y desarrolla una trama de intriga y corrupción en un partido político español, que no identifica. Presentada en el Festival de San Sebastián con notable éxito y críticas favorables, ha quedado, sin embargo, fuera del palmarés del festival.
Manuel (Antonio de la Torre), un alto cargo autonómico de un partido político, ve como sus aspiraciones, su vida y su familia se desmoronan cuando se descubre una trama de corrupción en la que está implicado. El partido se desentiende del escándalo, pero Manuel no se resigna a ser el único que cae.
La corrupción en la política española (y mundial) está, desgraciadamente, de actualidad. Basándose en algunos de los diferentes casos abiertos aquí, Sorogoyen y su habitual colaboradora en los guiones, Isabel Peña, han urdido una trama con claras referencias pero que no cita a ningún partido concreto. En ella nos muestra la trastienda de un partido político, las relaciones entre sus miembros, sus odios y afinidades. Para ello se centra en un personaje que, cuando sale a la luz un caso de corrupción que salpica a un amigo y compañero de partido, desobedece las directrices del partido y trata de encubrirlo, pero entonces es él en que se ve implicado como la cabeza de la red de corrupción y ve como la cúpula del partido y sus compañeros le abandonan a su suerte. Pero realmente él sólo es un corrupto más, y al verse abandonado por el partido decide tirar de la manta. La historia está bien narrada, con muy buen ritmo. Puede parecer algo confusa en los primeros momentos, con la presentación de los diferentes personajes. La introducción de la periodista (Barbara Lennie), personaje clave en el desenlace de la narración, me pareció un tanto forzada. Hay un momento de la historia, cuando se empieza a desarrollar la intriga que podríamos denominar criminal, donde el protagonista, acorralado y traicionado actúa de forma que me pareció un tanto fuera de foco dentro de la narración, pero sin embargo da lugar a los mejores momentos cinematográficos, con un notable plano secuencia. La escena final, clave, abre un campo de esperanza. Quizá todavía se puede confiar en la honestidad de algunas personas, como la periodista. Antonio de la Torre es un excelente protagonista, bien acompañado por el resto del reparto. Claro candidato, una vez más a los Goya. Una película tan interesante como notable, que trata de un tema actual y candente y que consigue atrapar al espectador. Me gustó más la realización que el guion, pese a lo trabajado y bien asesorado que se muestra.