jueves, 12 de enero de 2017

CINE- DESIERTO- JONÁS CUARÓN


                 Película franco-mexicana dirigida por Jonás Cuarón, hijo del director Alfonso Cuarón ( Y mi mamá también ), ya prácticamente inmerso en el cine norteamericano donde consiguió el Oscar al mejor director por su película Gravity, de la que Jonás era coguionista.
                  La película aborda el tema de la entrada ilegal de emigrantes latinos a través de la frontera mexicana con EEUU, el tema tan de actualidad, podría haberse convertido en una denuncia social de este fenómeno, sin embargo solo se esboza porque lo que interesa al director es hacer un film de género y acción que mantiene al espectador con el corazón en un puño.
            Una furgoneta cargada de emigrantes latinos se estropea , lo que obliga a sus ocupantes a entrar a pie en territorio norteamericano a través de las alambradas en una zona desértica, allí les espera el horror, un civil blanco que considera que las autoridades no hacen nada por detener el flujo de emigrantes a lo que el considera su inviolable país, el se convierte en vigilante de la frontera, para ello cuenta con su odio ,su rifle de mira telescópica y su perro "Tracker" adiestrado para la caza de furtivos y tan homicida como su dueño.
            La película no da respiro al espectador, la violencia de las imágenes, que recuerda a Sam Peckinpah, la dureza del paisaje de rocas, desierto,cactus y serpientes y sobre todo la música efectista pero sin duda eficaz con ese exceso de percusión en los momentos de mayor tensión.
             Buenas interpretaciones de los dos protagonistas principales el mexicano Gael  García Bernal y el norteamericano Jeffrey Dean Morgan, el perro es esencial en el desarrollo de la trama , en el cine hay antecedentes de perros asesinos como el de la película "El perro" del español Antonio Isasi Isasmendi, pionero en colocar el cine español en el mercado internacional y basado en la novela del mismo título de Vázquez Figueroa. Otro antecedente es la magnífica película de Sam Fuller "Perro Blanco" sobre un perro adiestrado por un blanco americano para atacar a los negros.
             También existe un antecedente literario de este tipo de perros, está en un magnífico relato de Alejo Carpentier llamado "Los fugitivos" :
                 Al fin Cimarrón dió un paso, adelantando una mano blanda hacia su cabeza. Perro lanzó un extraño grito, mezcla de un ladrido sordo y de aullido y saltó al cuello del negro.
                  Había recordado, de súbito , una vieja consigna dada por el mayoral del ingenio el día que un esclavo huía al monte". 

lunes, 9 de enero de 2017

Cine: SILENCIO

Parece innecesario presentar a Martin Scorsese, uno de los grandes directores de cine actuales y que a pesar de que ya tiene 74 años, sigue buscando nuevas historias y formas de contarlas en su cine. Un cine en el que se pueden encontar numerosas muestras de su obsesión religiosa. Como él mismo dice, "Me crie en el seno de una familia muy católica en la que se le daba mucha importancia a la religión. Uno de los pilares de mi vida sigue siendo la espiritualidad católica romana que tan importante fue para mí de niño, y esa espiritualidad estaba relacionada con la fe"."Llegado a este punto de mi vida pienso constantemente en la fe y la duda, la debilidad y la condición humana".

Silencio está basada en una novela de Shusaku Endo. La obra fue recibida con muy buenas críticas cuando se publicó en Japón en 1966 y generó grandes debates y análisis exhaustivos y rigurosos. La traducción al inglés llegó unos años más tarde y con ella creció aún más la reputación de la novela como una profunda investigación y reflexión sobre la religión.
Nada más empezar la lectura, Martin Scorsese se sintió cautivado por la novela, hasta el punto de sentir que Silencio le hablaba personalmente. "La temática que Endo plantea en el libro ha formado parte de mi vida desde que era muy, muy joven", comenta.




Segunda mitad del siglo XVII. Sebastián Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garupe (Adam Driver) son dos sacerdotes jesuitas portugueses que se ven obligados a emprender un viaje hasta Japón para encontrar a su mentor, Cristóbal Ferreira (Liam Nesson) del quien han llegado noticias de que ha renunciado a su fe de forma pública, tras haber sido perseguido y torturado. 

En el Japón del siglo XVII, el poder estaba en manos de los señores feudales y los samurái, decididos a eliminar cualquier influencia occidental en el país. Las persecuciones y las torturas estaban a la orden del día y los cristianos se enfrentaban a la dura decisión de elegir entre la apostasía o una muerte lenta y dolorosa. En su busca del P. Ferreira, los dos misioneros serán testigos del suplicio y la violencia con que los japoneses tratan a los cristianos y tendrán que ejercer clandestinamente el ministerio entre los aldeanos de la zona.

Scorsese nos narra la historia con su habitual calidad. La narración se centra en el P. Rodrigues y las innumerables pruebas a que se ve sometido para que renuncie públicamente a su fe y a sus convicciones, planteándose hasta que punto tiene sentido, no solo su sacrificio sino el de aquellos que siguen sus enseñanzas en los que se ceban los japoneses para conseguir la apostasía del cura. Porque los japoneses convertidos al catolicismo se ven convertidos en mártires a causa de su fe ante la mirada del P.Rodrigues mientras todos ellos buscan el auxilio de un Dios que permanece en silencio. Y hace que nos planteemos junto con el protagonista si todo eso tiene sentido.

Fundamental en el relato el encuentro entre Rodrigues y Ferreira (excelente Liam Nesson), una breve secuencia donde se enfrentan las dos formas de entender la realidad de lo que ocurre. Una búsqueda y encuentro que nos remite al de Kurtz en Apocalipsis Now.

La película me pareció muy buena, pero excesivamente larga (el gran defecto habitual de Scorsese) lo que da lugar a que sintiera cierto aburrimiento, sobre todo en su primera mitad. Muy profunda en sus planteamientos, resulta difícil para quien no tiene convicciones religiosas entender la postura de los cristianos sometidos a martirio y comprender sin embargo la renuncia, aparente o real, a su fe.

Curiosamente vi esta película al dia siguiente de Hasta el último hombre. Ambas protagonizadas por Andrew Garfield en personajes que, con la distancia que supone la época y circunstancias en que se desarrollan, mantienen la similitud de su posición de defensa de sus convicciones. Y, aunque separados por tres siglos, los japoneses de ambas películas haciendo gala de una crueldad enorme. Adam Driver, el otro jesuita, me pareció irrelevante, mientras algunos de los personajes japoneses consiguen destacar, especialmente el inquisidor Shin’ya Tsukamoto.

Muy notable película que, sin embargo, no consiguió engancharme y se me hace difícil recomendar.

domingo, 8 de enero de 2017

Cine: HASTA EL ULTIMO HOMBRE


Mel Gibson es un discutido actor, director y productor norteamericano,de origen australiano. Con notables interpretaciones a lo largo de su carrera, el éxito le llegó como director en 1995 con Braveheart con la que ganó el Oscar a mejor película y mejor director. Otras dos películas suyas posteriores llamaron la atención por el realismo de sus escenas de violencia, La pasión de Cristo (2004) y Apocalypto (2006). Es de destacar también que ha estado envuelto en una serie de incidentes y acusaciones de homofobia, antisemitismo y problemas con el alcohol.
Hasta el último hombre está basada en un personaje real Desmond Doss, un objetor de conciencia que se alistó voluntario para combatir a los japoneses en la II guerra mundial.



Desmond Doss (Andrew Garfield), un hombre contrario a la violencia, se alista en el ejército de EEUU para servir como médico de guerra en plena II Guerra Mundial. Tras enfrentarse al estamento militar y someterse a un juicio de guerra por su negativa a coger un rifle, consigue su objetivo y es enviado a servir como médico al frente japonés. A pesar de ser recibido con recelo por todo
el batallón, durante la salvaje toma de Okinawa, Desmond demuestra su valor salvando a 75 hombres heridos consiguiendo el respeto de  sus compañeros. Un panegírico del hombre que no renuncia a sus convicciones. 

El tema de la objeción de conciencia me recuerda dos películas antiguas, El sargento York (1941, Howard Hawks) y La gran prueba (1956, William Wyler). En esta ocasión Mel Gibson se basa en un personaje real cuya historia dramatiza. El primer tercio de la película lo dedica a presentarnos a un personaje que tras un incidente violento, de niño, con su hermano, asume la no violencia mientras es acosado por un padre, ex combatiente de la I guerra, que se ha convertido en un personaje violento y alcohólico. Hasta que tras el ataque a Pearl Harbour, se enamora de una enfermera y decide alistarse voluntario como médico de guerra. Una historia con poco interés, convencional, vista en numerosas ocasiones y propia de telefilm. Asistimos después al proceso de entrenamiento y su batalla contra los estamentos para poder incorporarse al ejército. Nada reseñable, salvo la buena imagen de unos mandos relativamente comprensivos que contrastan con los que hemos podido ver en películas como La chaqueta metálica, El sargento de hierro u Oficial y caballero. Eso sí, con el único momento de dignidad del padre en una escena que, por otra parte,  suena totalmente falsa. Y llegamos a la verdadera espina de la película. La batalla en Okinawa. Unas escenas de salvaje acción que recuerdan en su pretendido realismo las de Salvar al soldado Ryan. Impresionantes. Para llegar al proceso heroico del protagonista que sin tocar un arma consigue salvar hasta a 75 compañeros heridos y convertirse en una especie de símbolo o amuleto para ellos. 

Quitando las espectaculares escenas de la batalla, el resto me pareció forzado y convencional. Y dificilmente puede ser considerada antibelicista. Una historia hecha a la mayor gloria de los buenos (USA)en lucha justiciera contra los malos, los crueles y poco avispados japoneses que no evitan que un solo hombre les birle hasta 75 hombres heridos. Aunque eso si, poniendo de manifiesto en toda su crudeza la crueldad y violencia de las acciones bélicas.

Una interpretación ajustada en general, en la que destacan Andrew Garfield que me recuerda a Anthony Perkins y Hugo Weaving como el padre. 


Cine: FRANTZ


François Ozon es un director francés del que pudimos ver en 2012 En la casa una interesante adaptación de la obra de teatro de Juan Mayorga, El chico de la última fila, que ganó la Concha de oro en San Sebastián. En los últimos años ha dirigido películas apreciables, como la mencionada o Una nueva amiga y alguna insufrible como Potiche: mujeres al poder, pero casi siempre tocando temas arriesgados y originales.

Frantz es la adaptación de una novela de Maurice Rostand que él mismo convirtió en obra de teatro y que Ernst Lubitsch había llevado al cine en 1932 con el titulo de Broken lullaby y que en España se llamó Arrepentimiento. No conozco ni la novela ni la película.




La acción se sitúa en la posguerra de la I guerra mundial. En una pequeña ciudad alemana viven el Dr. Hoffmeister, su mujer y Anna la novia de Frantz, su hijo,  que murió en la guerra. En la ciudad se respira odio contra los franceses a los que juzgan responsables de la muerte de muchos de sus hijos. Cuando un dia Anna (Paula Beer) va al cementerio a poner flores en la tumba de Frantz, encuentra ante la tumba a Adrien (Pierre Niney), un joven francés, quien al visitar a los padres de Frantz, se ve obligado a hacerse pasar por un amigo muy cercano. Su presencia en un país que acaba de perder la guerra encenderá pasiones encontradas. 
Con un claro aliento pacifista, Frantz nos transmite el mensaje de que no son los soldados los responsables de la muerte de miles de inocentes en las guerras. Así lo entienden los padres de Frantz, que sin embargo ignoran la verdad de lo ocurrido. Y así lo entenderá también Anna a pesar de la confesión de Adrien.

La película está claramente dividida en dos partes. La primera nos narra la visita de Adrien a Alemania y la relación que establece con los padres, la novia y los compatriotas de Frantz. Y está muy bien narrada. La segunda parte, en la que Anna viaja a París para tratar de reencontrar a Adrien tiene un desarrollo mucho menos afortunado. Es una historia en la que la mentira bienintencionada constituye el motor de todo lo que ocurre. Pero llega un momento en que esa mentira desborda la realidad, pierde su sentido y todo parece muy forzado, tanto en el desarrollo de la acción como de los sentimientos. Aunque, como he dicho, no conozco la historia original, da la sensación de que esta segunda parte es un añadido de la misma. Al menos, por lo que he leído, no estaba en la película de Lutbisch. Y creo que estropea la historia.

Fotografiada en blanco y negro, Ozon nos ofrece insertos en color en los pocos momentos en los que existe una sensación de posible felicidad. Es un recurso tan válido como cualquier otro. La protagonista femenina, Paula Beer, fue premiada en Venecia como actriz promesa. A Pierre Niney se le ha visto en Yves St. Laurent y El hombre perfecto, una floja película comentada el verano pasado.


miércoles, 4 de enero de 2017

CINE- COMANCHERÍA-./ HELL OR HIGH WATER /.


David Mackenzie es un cineasta británico con una filmografía ,ya, bastante extensa de la que yo solo recuerdo haber visto "Convicto" un drama de ambiente carcelario bastante logrado. Con "Comanchería" se mete de lleno en el universo del cine norteamericano, con una película que va del thriller al western con sus dosis de denuncia social y que cuenta con un magnífico guión de Taylor Sheridan, actor pasado a la escritura y que también es el guionista de "Sicario" de Denis Villeneuve.


Comanchería es el nombre con el que se designaba a una región que abarcaba el oeste de Texas ,el oeste de Nuevo México y partes de Colorado y Kansas, eran las tierras de los comanches, un grupo indígena violento que a la vez funcionaba como una organización económica dedicada al comercio de esclavos y armas aprovechando sus fronteras con México y con los territorios españoles ; el hombre blanco y las enfermedades fueron acabando con ellos, los protagonistas de esta película se consideran herederos de este espíritu comanche, señores de las llanuras y enemigos de todos.
Tanner y Toby Howard son dos hermanos que a punto de perder sus tierras y la casa de sus padres por el reclamo del banco de una hipoteca inversa, que fue necesaria pedir para afrontar la larga enfermedad de la madre, deciden realizar una serie de atracos a diferentes sucursales de ese mismo banco para zanjar la deuda.
Tanner ( Ben Forster) y Toby (Chris Pine) victimas de los malos tratos de un padre autoritario son dos outsiders, el primero lo es vocacional ,su vida transcurre entre entradas y salidas de la cárcel, acude a la llamada del hermano sin ni siquiera preguntar para que quiere el dinero, Toby es un outsider solo ocasional, acuciado por su ex mujer y por el banco solo le mueve asegurar el futuro de sus hijos.
Frente a los dos hermanos están el ranger Marcus Hamilton ( Jeff Bridges ) muy próximo a la jubilación y su mestizo ayudante, ambos encargados de dar caza a los hermanos.
Los diez primeros minutos  de la película son vertiginosos, alternado con los títulos de crédito vemos el atraco a dos sucusales bancarias, en sus desplazamientos vemos el paisaje desolador de negocios en venta, otros abandonados y otros en suspensión de pagos, pintadas denunciando el dinero gastado en Irak todo representativo de la última crisis ,de la que los bancos han sacado rendimiento ,ellos nunca pierden  como decía Steinbeck en "Las uvas de la ira : "El banco , el monstruo,necesita obtener beneficios continuamente. No puede esperar, morirá. No ,la renta debe pagarse. El monstruo muere cuando deja de crecer. No puede dejar de crecer."
 Me ha parecido una magnífica película heredera del cine clásico, me ha recordado a Raoul Walsh (El último refugio, Juntos hasta la muerte ) y por supuesto a los hermanos Cohen, de hecho el personaje de Jeff Bridges es muy similar al de Tommy Lee Jones en "No es país para viejos", policias que cumplen con su deber y ladrones justicieros, ciudadanos armados hasta los dientes, casinos donde es facilísimo blanquear dinero, xenofobia... un mosaico muy acertado de la América de Trump.
Buenas interpretaciones ,Jeff Bridges a por su segundo Oscar.

Cine: MARIA (Y LOS DEMÁS)


Dirigida por Nely Reguera, una directora catalana con experiencia como guionista y ayudante de dirección así como con dos cortos como directora. Este es su primer largometraje por el que ha sido nominada como directora novel para los Goya. También está nominada para los Goya como actriz su protagonista Bárbara Lennie que ya lo ganó hace unos años por Magical girl. Y también figura como candidata como mejor comedia en los premios Feroz de la crítica.

Desde que murió su madre cuando ella tenía 15 años, María ha cuidado de su padre y de sus hermanos. Responsable y controladora, siempre ha sido el pilar de la familia, y se siente orgullosa de ello. Por eso, cuando su padre se enamora repentinamente de su enfermera y anuncia su inminente compromiso, María siente que su vida se desmorona, pero en vez de intentar cambiar esta situación decide evadirse y excusarse. Los miedos logran apoderarse de ella,y por ello no avanza en su vida y se queda estancada. 

La película es el retrato de María, un personaje femenino bastante frustrado, entregada al cuidado de su padre, escritora que no termina nunca su novela y trabaja en una editorial presentando novelas estúpidas, con un amante separado que no tiene intención de ir más allá y con dos hermanos con los que apenas puede contar. Sola a pesar de los demás. Pero es un personaje totalmente creíble, a lo que contribuye, sobre todo, la interpretación de una Bárbara Lennie que vuelve a demostrar que es una de las mejores actrices actuales. Sus miradas, sus sonrisas, transmiten todos los sentimientos que lleva dentro. Y está muy bien acompañada por el resto del reparto, sobre todo José Ángel Egido y Pablo Derqui.

Una de las mejores películas españolas del año. Un año que nos ha dejado unas cuantas y variadas muestras de buen cine español.

lunes, 2 de enero de 2017

Teatro: LA COCINA


Terminé mi actividad teatral del año en el Valle Inclán con la obra de Arnold Wesker La cocina. Arnold Wesker está considerado uno de los mejores dramaturgos del siglo XX. Nació en Londres en 1932 y falleció en el mes de abril de este año, 2016.  Es autor de 42 obras de teatro. También escribió ensayos, novelas, poesías y guiones para televisión. Fue director de escena de algunos de sus textos.
Perteneció al movimiento literario llamado Jóvenes airados (Angry Young Men) Este grupo de escritores y dramaturgos británicos desarrolló su actividad en los años 50 y manifestó su descontento social y su rechazo a la hipocresía de las clases medias y altas de su país. Tenían en común provenir de familias obreras de pocos recursos y, salvo alguna excepción, no llegaron a tener estudios universitarios. El nombre nació a partir de la obra Mirando hacia atrás con ira (1956) de John Osborne, de la que existe una versión cinematográfica de 1957, dirigida por Tony Richardson, con Richard Burton como protagonista. Otros miembros del grupo fueron John Wain, Kingsley Amis, Alan Sillitoe, Bill Hopkins y Harold Pinter. El grupo se disolvió en la década de los 60, aunque todos ellos siguieron escribiendo.

La cocina está inspirada en el tiempo que Arnold Wesker trabajó como cocinero en un hotel y se basó en sus experiencias personales. “El mundo pudo haber sido un escenario para Shakespeare; para mí es una cocina: donde los hombres van y vienen y no pueden quedarse el tiempo suficiente para comprenderse, y donde las amistades, amores y enemistades se olvidan tan pronto como se realizan.” (A. Wesker).




Londres en 1953, todavía en  posguerra, es el marco elegido por Wesker para crear una metáfora del mundo, mezclando nacionalidades, razas y culturas diversas, y obligándoles a colaborar y a convivir en torno a la cocina de un restaurante de 1 000 comensales diarios, donde trabajan y se deshumanizan día a día. Pero donde todavía se sienten el latido, los sueños y los anhelos que habitan en los personajes. 

La obra se desarrolla a lo largo de un día de trabajo, mientras el personal atiende los servicios de comida y cena. No hay una trama, no existe una historia que se desarrolle en el sentido convencional. A lo largo del día conocemos las vidas de los personajes. La plantilla del restaurante la componen trabajadores de distintos países:  un alemán, dos chipriotas, dos griegos, un italiano, tres franceses, un polaco y un irlandés, además de los ingleses.

No destacan personajes principales aunque se atiende un poco más a la relación
de Peter y Monique (Xabier Murua y Silvia Abascal). La obra, escrita en 1953, tiene cercano el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial y eso enturbia las relaciones entre algunos de los trabajadores. El autor pretende mostrar el mundo del trabajo alienante, el trabajo por dinero sin esperanza. El mundo del proletariado. Como él mismo afirmó, es una cocina, pero podría ser una fábrica o una oficina.

La primera parte se extiende desde que a las siete de la mañana los trabajadores van llegando a su puesto de trabajo hasta que los clientes empiezan a llegar y las comandas se agolpan en la cocina. Con un ritmo frenético que llega a hacerse incómodo al espectador, se alcanza el final de esa primera parte. 

La segunda parte se inicia cuando ha acabado el servicio de comidas y todos pueden relajarse.  Cuando comienza el turno de tarde, el ritmo vuelve a subir. Se repite la locura del servicio, las prisas, los nervios, las comandas, los ingredientes que faltan… hasta llegar al climax final.

Aunque la obra no me pareció especialmente interesante, la puesta en escena es espectacular. 26 actores que van y vienen de una manera casi coreografiada. Una maquinaria que llega a ser desbordante al final de la primera parte. Un esfuerzo de los actores, que en muchos casos adoptan acentos de otras nacionalidades y que muestran como están cocinando un menú concreto con sus recetas exactas pero sin comida. Están todos los cacharros y las cacerolas, pero no la comida. No vemos comida, pero si una gesticulación muy cuidada, de manera que casi se puede ver cómo limpian el pescado o cómo cortan la carne.


El responsable de la puesta en escena es Sergio Peris-Mencheta, al que hemos visto como actor en cine, televisión y teatro. Dirigió Un trozo invisible de este mundo con Juan Diego Botto, por la que fue nominado para los premios Max.
Parte muy importante es el trabajo del escenógrafo, Curt Allen Wilmer que ha creado un espacio escénico rodeado por el público, lleno de tubos y elementos culinarios. Muy importante también la iluminación de Valentín Álvarez.

Y entre los interpretes, en general muy adecuados y más que correctos, destacar a Xabier Murúa y Javivi Gil. Y la sorpresa de Ricardo Gómez al que conocía de Cuéntame y que ya me había gustado en Los últimos de Filipinas.  

Aunque la recomendación llega tarde, la obra estuvo en cartel hasta el 30 de diciembre, tengo que decir que es muy recomendable.
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