Llegamos al final de otro curso. Un curso lleno de lecturas
variadas, con diversidad de temas y personajes y también de aceptación y
valoración por nuestra parte. A lo largo de más de treinta clases hemos leído,
analizado, disfrutado o sufrido un total de catorce títulos. Creo que ha sido
el curso donde más libros hemos leído, al menos desde que yo me incorporé hace
ya siete. Quizá han sido demasiados, sobre todo si tenemos en cuenta que,
además, nos hemos acercado al Decamerón
de Bocaccio, El Príncipe de Maquiavelo
y a la figura de Julio Cortázar.
Es cierto que,
después de tantos años, no parece necesario insistir sobre muchos de los
aspectos literarios que abarcan las obras que leemos, aunque siempre hay que
contar con que se incorporan alumnos nuevos, pero en mi opinión una media de
tres semanas por obra, sería una cifra razonable. Este curso hemos resuelto
varios títulos en dos días.
Empezamos en octubre con un fracaso político y personal. El
de Luis Bernardo Valença como gobernador y como enamorado que nos narra Miguel
Sousa Tavares en El Gobernador. Una
novela muy irregular, con momentos bien documentados y otros, las escenas
amorosas del protagonista, penosos. Con esta novela cerrábamos el ciclo
dedicado a la literatura portuguesa, iniciado el año anterior como preparación
del viaje a Lisboa.
A continuación nos fuimos a la literatura italiana de la
mano de Dino Buzzatti y su novela, llena de símbolos, El desierto de los tártaros. Como decía Ángel en su comentario, todo en ella es pesimista, agobiante, deprimente, es una cruel mirada a
la fugacidad del tiempo que a veces consumimos monótonamente esperando metas a
veces imposibles o inalcanzables. En el fondo es la historia de otro fracaso,
el del oficial Giovanni Drogo que ve que cuando se hace realidad la amenaza que
ha estado esperando todo el tiempo de estancia en la Fortaleza, enfermo, se ve
obligado a abandonarla.
En cambio La larga
vida de Marianna Ucría, de Dacia Maraini, es la historia de un triunfo. El
de Marianna sobre la sociedad siciliana
del siglo XVIII en el que sabe afrontar la vida con valentía y pasión en un mundo
en el que imperan la sordidez y la mezquindad. Dos novelas muy apreciables.
No fue tan apreciada la escrita por Vasco Pratolini, Las muchachas de San Frediano, una
novela que se considera incluida en el neorrealismo pero que está a años luz de
las obras maestras que el cine italiano neorrealista nos deparó. La historia de
la venganza de las muchachas del barrio de Florencia sobre el donjuán del
barrio no nos entusiasmó especialmente.
Mientras tanto nos acercamos a dos títulos clásicos de la
literatura italiana. El Decamerón de
Bocaccio, del que leímos unos pocos cuentos y El Principe de Maquiavelo sobre los que Marisa nos ilustró con su
habitual maestría.
Hicimos un alto en el camino italiano para acercarnos al
Premio Nobel. En efecto, en el mes de octubre se concedía el Nobel de
literatura a la canadiense Alice Munro, lo que se convirtió en un excelente
pretexto para leer una de sus obras más conocidas, Demasiada felicidad. Un conjunto muy interesante de relatos que
además dio pie a que también algunos de nosotros desarrolláramos nuestra vena
de escritores.
Ya en el nuevo año, nos acercamos al juego de identidades
que nos propone Pirandello en El difunto Matías
Pascal. Un estudio psicológico en forma de farsa sobre la soledad y la
imposibilidad de partir de cero. La novela nos sirvió para adentrarnos en el
mundo del autor de Así es si así os
parece y Seis personajes en busca de
autor.
Nicolo Ammaniti nos introdujo en el mundo de los
adolescentes de la mano de Lorenzo, un chaval de catorce años, diferente a
todos los demás, con dificultades para relacionarse, que finge un viaje
escolar para esconderse en el sótano abandonado de su casa donde espera durante
toda una semana poder evitar todos los conflictos y las presiones para que se
comporte como un adolescente "normal", viviendo totalmente
aislado con su música y sus libros preferidos. Pero la llegada inesperada de su
hermanastra Olivia, mayor que él y con experiencia (mala) en la vida lo
cambia todo.
Y tras este libro, Vidas
minúsculas, del francés Pierre Michon. Primer libro de un autor que empezó
a publicar cuando estaba a punto de cumplir los cuarenta años. A través de ocho
relatos, ocho biografías de antepasados y compañeros, el narrador traza su
propia biografía. Con un gran dominio del lenguaje, una cultura profunda, una
prosa extraordinaria, pero tan espesa que en muchas ocasiones era necesario
volver atrás para releer el texto y tratar de captar su contenido. Aunque
difícil, uno de los textos que justifican el curso.
La lectura de Pirandello nos condujo a otro estudio de personalidad,
el que nos presenta Italo Svevo sobre Zeno Cosini, un fumador empedernido y
mujeriego que pone por escrito episodios de su vida por consejo del
psicoanalista que le trata para curar su adicción. La conciencia de Zeno nos
relata su amor por Ada, su matrimonio con Augusta, su hermana, su relación con
Guido, su cuñado y Carla, su amante, su situación de próspero comerciante en la
ciudad de Trieste. Nos queda la duda de si lo que Zeno nos cuenta son las cosas
tal como sucedieron o como el cree que fueron. De la narración se puede inferir
que, para Zeno, el pensamiento es más
importante que la acción en sí. Como él mismo expresa: «[...] pienso que el
remordimiento no nace de la incomodidad que una culpa ya cometida produce, sino
de la contemplación de la propia culpable disposición a cometerla.» Aunque
interesante lo cierto es que por su dificultad no consiguió el éxito entre
nosotros que probablemente merecía.
Siguiendo con los autores italianos, le tocó el turno a
Italo Calvino y sus Ciudades invisibles.
Escrito siguiendo la pauta del Libro de
las maravillas de Marco Polo, es una colección de descripciones de ciudades
fantásticas que son contadas por el viajero Marco Polo al rey de los tártaros
Kublai Kan. Las descripciones son similares a pequeños poemas o cuentos con
temáticas como el deseo, la muerte o los símbolos, entre otros. A lo largo de
la obra se encuentran diferentes categorías de ciudades, correspondiendo a cada
una de ellas una temática diferente en su descripción: Al principio y fin de
cada capítulo dialogan Marco Polo y Kublai Kan exponiendo sus ideas e inquietudes
con respecto a los viajes y la naturaleza de las ciudades que el último solo
conoce por relatos. Italo Calvino señaló que los diálogos entre los dos
interlocutores surgieron como reflexiones a su propio trabajo al escribir sobre
las diversas ciudades.
Los peces no cierran
los ojos, novela escrita por Erri de Luca, sirvió para cerrar el ciclo de
literatura italiana. Nacer y crecer en
Nápoles agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote,
mitad lastre, mitad salvoconducto nos dice, cincuenta años después, el
narrador, un niño de ciudad que acababa de dejar la infancia cuando su edad ya
tiene dos cifras, y que pasaba el verano
en la isla, entre la pesca y los libros, los paseos en solitario (otra vez la
soledad) y los encuentros con los otros muchachos, hasta que descubre a una
niña sin nombre. Con sus párrafos cortos, fácil de leer, De Luca nos cuenta qué
es crecer. Fue despachada en apenas una clase. Creo que merecía mayor atención.
Niños en el tiempo
nos sirvió para conocer a un autor español, Ricardo Menéndez Salmón, si bien se
trata de su décima novela. Estructurada en tres relatos, aparentemente sin
conexión entre sí, aunque la numeración de los capítulos del primero y el
tercero nos da la clave de que esa conexión existe, nos presenta la crisis de
una pareja tras la muerte de su hijo, una arriesgada historia de la infancia de
Jesucristo y el encuentro entre el hombre del primer relato y una mujer
embarazada en una isla del Mediterráneo. Se ha comparado a este autor con
Pierre Michon. No lo creo. La forma de narrar es diferente, aunque en ambos se
pueda hablar de un lenguaje quizá áspero, pero también poético, rico y culto. Pero
Menéndez Salmón escribe de forma sencilla, inteligible, mediante capítulos, casi sería mejor decir escenas,
cortos, fáciles de leer. En ellos nos presenta, como escribía Angel Belio, el dolor
por la pérdida, el intento de cicatrización a través de la creación artística y
por último la esperanza de una nueva vida.
Vamos llegando al final de nuestro recorrido literario. Casi
para terminar, y como homenaje al fallecido García Márquez, premio Nobel en
1982, la obra maestra del curso, Crónica
de una muerte anunciada. Para mí, probablemente, su mejor libro. La crónica
de un suceso real ocurrido al parecer en 1951, del que el autor tomó la acción
central (el crimen), los protagonistas, el escenario y las circunstancias,
alterándolo narrativamente, involucrándose como personaje, pero sin descuidar
nunca los datos y las precisiones obligadas en toda crónica.
La obra, pese a su brevedad, presenta variedad de temas lo
que, junto a la maestría con que está narrada, le confiere su gran calidad.
El choque entre la casualidad y el
destino. La muerte anunciada que casi nadie creyó y que los pocos que la
tomaron como cierta no pudieron detener. La puerta que se cierra segundos antes
de que Santiago Nasar pueda entrar ese día en que, rompiendo la costumbre,
decide salir por la puerta principal en vez de por la de la cocina…
La violencia, no sólo en lo que se refiere en la ejecución
del crimen sino también la violencia presente en la vida cotidiana: el
machismo, el sentimiento irreprimible de venganza obligado por un cruel código
de honor. Un honor al que hay que acudir
para restaurar el orden de la moral colectiva; no admite vacilación ni demora
para ser restaurado y es obligación inexcusable; además, el honor legitima y
sublima cualquier conducta (los Vicario han probado su hombría, recuperando su
dignidad y el honor de su familia).
La religión y las creencias de los individuos se presentan
como una mezcla de fetichismo, superstición, milagrería, credulidad y
simplismo; se incluye aquí, también, el tema de la figura del obispo y su
visita frustrada, tratado desde un punto de vista crítico e irónico.
Y por último, otro premio, el Cervantes 2013 entregado a la
escritora mexicana, nacida en París, Elena Poniatowska. Leonora es una
biografía novelada de la pintora y escritora surrealista Leonora Carrington. Un libro que recorre el mundo del surrealismo
y sus figuras de una manera plana y superficial, con escaso valor literario. Presenta tal desfile de personajes del mundo
del arte y de la cultura que sería aconsejable acompañarse de una enciclopedia
o echar mano de Google mientras se lee, o quizá un índice de personajes a la
manera de las novelas de Agatha Christie o clásicos como El Doctor Zivago.
Quiero dedicar también unas líneas al teatro, al fin y al cabo, otro género literario. Gracias a la gestión, nunca suficientemente alabada, de Maite, hemos tenido oportunidad de asistir a varias representaciones. En concreto, Tirano Banderas, de Valle Inclán en el Español, El crédito, de Jordi Galcerán en el Maravillas, Bodas de sangre de Lorca en la sala Tribueñe, El cojo de Inishmaan en el Infanta Isabel y Aventura de Alfredo Sanzol en los teatros del Canal. Creo que todas ellas bien escogidas y que respondieron en mayor o menor medida a lo que se esperaba. De todas formas, en mi opinión, los títulos de la temporada han sido dos, la reposición de Un trozo invisible de este mundo, de Juan Diego Botto, triunfadora en los premios Max correspondientes al año pasado y Misántropo, excelente y respetuosa actualización de la obra de Molière llevada a cabo por Miguel del Arco y el grupo Kamikaze. A propósito de este grupo y la presencia entre nosotros de Carlos Aladro, miembro del equipo artístico del Teatro de la Abadía, recordar que este teatro fue el escenario de los dos primeros éxitos del grupo, La función por hacer y Veraneantes. Y también señalar la aportación de La abadía al panorama teatral de Madrid con una programación siempre interesante. De esta temporada recuerdo Maridos y mujeres, La punta del iceberg y La violación de Lucrecia.
Por otra parte, el Teatro Mira nos ha permitido ver una
serie de obras interesantes, algunas de ellas en forma de reposiciones, en gira
posterior a su presentación en salas de Madrid, lo que en ocasiones me ha
permitido recuperarlas, y otras, incluso, con anterioridad a su estreno en la
capital. Entre las primeras, Maribel y la
extraña familia, Maridos y mujeres, Hécuba, En un lugar del Quijote, Hermanas,
Fisterra, Conversaciones con Mamá o
Atlas de geografía humana, y entre las primicias, En el estanque dorado y Otelo.
Además del Certamen de teatro aficionado que se celebra cada año desde hace
varios. Creo que es justo alabar la gestión que se está llevando a cabo en este
campo y desear que se mantenga.
En cuanto al cine, señalar que la literatura ha estado, como
es habitual, detrás de muchos de los títulos más destacados de la temporada.
Empezando por los Oscar, cuya triunfadora, Doce
años de esclavitud, es la adaptación del libro escrito por su protagonista,
o las nominadas El lobo de Wall Street y Philomena. También ha habido adaptaciones
de autores destacados, como Enemy,
basada en El hombre duplicado de
Saramago, ¿Qué hacemos con Maisie? a partir de una obra de Henry James y Agosto
adaptación de la obra teatral de Tracy Letts. Y aproximaciones a figuras
como Hanna Arendt en la película del mismo título o Charles Dickens en The invisible woman. El cine español, en
cambio, ha apostado más por historias originales, al menos en sus títulos más
destacados del año. De las cinco candidatas a mejor película, tan solo uno, Canibal, partía de una novela. Destacar, por último, la adaptación al cine de
dos de las novelas que hemos leído últimamente, Tu y yo, que dirigida por Bernardo Bertolucci, se estrenó el pasado
verano y Tren nocturno a Lisboa, de
Pascal Mercier, uno de los últimos títulos del curso pasado.
Me vais a permitir que para terminar incluya una referencia personal. Este curso me animé a crear un blog dirigido a todos los alumnos de estos cursos. Mi intención era (y es) que entre todos ampliemos el contenido de las clases, que nos sirva para conversar sobre los libros que leemos, las películas que vemos o las obras de teatro a las que asistimos. La verdad es que no he encontrado el eco que esperaba. No obstante, como me consta que algunos lo seguís aunque no participéis, pienso continuar en el empeño incluso durante el verano. Eso sí, quiero pedir vuestra colaboración, si no en forma de entradas, al menos mediante vuestros comentarios. No puedo creer que entre todos los que asististeis al teatro para ver El cojo de Inishmaan o Aventura, ninguno se haya sentido animado a comentar mi comentario, valga la redundancia.
Por eso quiero agradecer a todos los que poco o mucho me han
hecho llegar mensajes o han colaborado con sus escritos esa colaboración.
Especialmente a Cristina, María José, Ángel y Emilio así como a Marisa que
siempre me anima en este propósito y que sabe que puede contar con el blog y
conmigo como tribuna para comunicarse con todos nosotros.
Pozuelo, junio de 2014
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