Hace treinta años, José Luis Cuerda dirigió Amanece que no es poco, una comedia coral, con un humor absurdo, que pese a no ser un éxito cuando se estrenó se ha ido convirtiendo en una "película de culto", con un numeroso grupo de aficionados que la admiran y, casi, veneran.
Cuerda había realizado unos años antes Total, para TV, e hizo unos años después Así en el cielo como en la Tierra, menos afortunado. Podría decirse que estas tres película forman una trilogía de historias corales y un tanto absurdas que muestran un universo un tanto personal. Tiempo después parece que viniera a cerrar ese ciclo. Escrita a finales de los 90, tras haber pasado bastante tiempo como proyecto difícil de llevar a la pantalla fue publicada como novela hace pocos años. Ahora ha encontrado financiación y se ha convertido en película, aquello para lo había sido concebida.
A mi me interesa más el Cuerda de El bosque animado (1987) y La lengua de las mariposas (1999) e incluso el de Los girasoles ciegos (2008), aunque no me convenció su adaptación de la obra de Alberto Mendez.
El mundo de 9177 se ha visto reducido a un solo Edificio Representativo y a unas afueras cochambrosas habitadas por todos los parados y hambrientos del cosmos. Entre todos estos hay uno que cree que salvando ciertas dificultades, y mediante la venta en el Edificio Representativo de su riquísima limonada, otro mundo es posible.
Una película muy irregular, mucho mas interesante por las situaciones y algunos personajes que por la sucesión de chistes y bromas que la componen. Nos presenta un mundo absurdo, sin sentido, lleno de personajes nada realistas en el que, sin embargo, encontramos un espejo deformado de nuestra realidad. Una "sátira alegórica" llena de tópicos sobre los ricos y los pobres en donde encontramos corrupción y desencanto, dando la vuelta a todo ello y jugando con el lenguaje de los diferentes grupos, siempre en el polo opuesto de lo que se supone debería ser, como por ejemplo, un grupo de jóvenes hablando Schopenhauer y Nietsche o un peluquero que llena su establecimiento recitando a Lorca a su clientela.
En un reparto, lleno de figuras populares y cameos, yo destacaría a Miguel Rellán, punto de conexión con el reparto de Amanece que no es poco. Algunos dan la sensación de estar fuera de contexto, pero sí parece que todos ellos se lo pasaron bien.
En resumen, una película disparatada, que puede disfrutarse en la medida en que se conecte con su contenido. Yo conecté solo a medias.
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