Película rumana, dirigida por Cristi Puiu, un director que destacó cuando en 2005 presentó en una seccion paralela del Festival de Cannes, La muerte del señor Lazarescu, comedia dramática con una fuerte crítica social, que no he visto. Posteriormente dirigió Aurora, un asesino muy común. Lo que parece que tiene claro este director es que sus películas rondan siempre las tres horas de duración. Sieranevada, extraño título para el que no existe explicación, se presentó en la sección oficial de Cannes el año pasado, siendo, en general, muy bien acogida por la crítica.
En los últimos diez o doce años, el cine rumano se ha hecho imprescindible en los festivales. La única película que recuerdo haber visto es Cuatro meses, tres semanas y dos días, de Cristian Mungiu (2007), que gano la Palma de oro en Cannes. Un impresionante retrato de la pesadilla que vive una joven que quiere abortar en el clima de opresión que se vivía mientras el comunismo llegaba a su fin en Rumanía.
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Un matrimonio va a pasar el sábado con su numerosa familia que se reúne en memoria del padre de él, muerto cuarenta dias atrás. Un encuentro en el que el retraso del cura ortodoxo que tiene que oficiar la ceremonia, propicia que surjan las rencillas y los secretos familiares.
Sieranevada es una comedia coral con un trasfondo dramático. Una reunión familiar donde no faltan todo tipo de personajes un tanto tópicos, propios de las cenas de familia donde los hermanos y los cuñados compiten en imponer sus opiniones. Hasta 16 personajes entre hermanos, primos, tios, cuñados, madre... Y temas como las teorías conspirativas de los atentados islamistas, las nuevas generaciones, la nostalgia del antiguo régimen, las infidelidades, la religión, el antisemitismo, las tradiciones religiosas... todo lo que podemos encontrar en cualquier reunión familiar de este tipo en casi cualquier entorno. Su originalidad reside en una cámara estática o con leves panorámicas que da lugar a larguísimos planos, con muy poca acción. Largos diálogos donde se ve a los interlocutores de espaldas, o en escorzo. Dice su director que esa cámara representa una tradición ortodoxa según la cual el alma abandona el cuerpo y se pasea durante cuarenta dias antes de irse definitivamente. Así es como si la cámara representara al muerto observando a las personas a las que deja atrás. Bueno. El caso es que a la película, que se desarrolla durante casi tres horas, casi en tiempo real, le sobra, en mi opinión, mas de una hora, con lo que convierte lo que podría haber sido una interesante reflexión sobre un entorno familiar y sus secretos ocultos en una interminable sucesión de escenas llenas de tópicos.
Aunque no me pareció despreciable, no la considero una obra maestra, lo que gran parte de la crítica, con notables excepciones, ha hecho. Ni mucho menos. Película de festival, sin concesiones a la comercialidad. Algo que el director dice tener muy claro
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